María Pedrón, italiana, lleva ya cuarenta años como misionera y enfermera en Mozambique. Pero cuando entró en la congregación con 18 años, en Padua, casi la rechazaron diciéndole que “no tenía salud para ser misionera”.  Con o sin salud, María ha sido misionera cuatro décadas y ha ayudado a mejorar la salud de miles de personas, cuidando enfermos como Jesús y cumpliendo el mandato de Cristo: "Cuando a uno de estos cuidabais, a mí me cuidabais".

Explica a la revista  Mundo Negro que ella, como tantos otros, se sintió llamada a esta vocación cuando un misionero pasó por su escuela contando sus testimonios evangelizadores.  “Llegó un padre comboniano, no recuerdo su nombre. Aquello se me quedó para siempre adentro, tanto, que comencé a experimentar una mayor sensibilidad con los demás”.


Cuando ingresó en las Misioneras Combonianas [LINK] casi la dejan fuera en su primer año. Creían que tenía un tumor cerebral, que luego se quedó en una estenosis de la válvula mitral. “Las combonianas me dijeron que no tenía salud para ser misionera”.

Dejó Magisterio y estudió Enfermería. Repitió el curso de noviciado con las combonianas y la enviaron a Mozambique, donde necesitaban enfermeras rápidamente.


Una joven María Pedrón sostiene a un bebé mozambiqueño


Entró en el país durante la dictadura marxista que oprimió al país desde el año 1975 hasta 1986. Tuvo que ocultar su condición de religiosa poder comenzar su trabajo en Muería, en el distrito de Nacala Velha, también en el norte. Allí sólo estuvo un año debido a un proceso político que le abrieron a ella y a un sacerdote, Cristóforo Tissot, por defender a un cristiano al que estaban pegando.

Era una época dura contra la Iglesia. Se cerraban templos, se perseguía a los cristianos, la práctica religiosa se veía severamente comprometida, y ella tuvo que salir de allí. Un cargo político de la zona le dijo "Hermana, salga lo más rápido que pueda y vaya a un sitio donde no la podamos controlar".

Estuvo en Anchilo, en el norte del país, durante 18 años. Después, en Busi y ahora está en Marrere, “donde pienso que voy a acabar”, con los enfermos.


Hace cuatro años que la hermana María vive con cáncer. Ha pasado unos meses de recuperación en Italia.

De nuevo en África cuenta emocionada que “poco después de volver me encontré a una mujer musulmana que me dijo: ‘Hermana, recé por ti, porque volvieras. Damos gracias a Dios y rezamos para que tengas salud’. Estas cosas son las que me dan paciencia para continuar, siempre con la ayuda de Dios, porque sola hubiera hecho muy poco”.


Hubo una época que la acusaron de “activismo”. Pero lo cierto es que los enfermos eran una multitud y su atención era prioritaria. A veces, en su consultorio hacían cola no menos de 500. Algunos dejaban una mazorca de maíz o una piedra para guardar el turno. Filas de personas, piedras y maíz.


Algunas mujeres esperando su turno para ser atendidas por la hermana María Pedrón

¿Qué tenía esa hermana para hacer que la gente no quisiera ser atendida en Nampula y sí en Marrere, a diez kilómetros de la primera? Llegó la televisión para contar aquello.

“Fui criticada incluso por la madre general y por algunas de mis hermanas que me decían que no rezaba y que era más activista que nadie. "Ven conmigo", le dije a la general, "tú que también eres enfermera le dices a la gente que a mediodía debo ir a casa a comer y a rezar". Y ella me dijo: ‘vuelve María con ellos, y que Dios te ayude’".


Con enfermos todos los días del año en los diferentes centros sanitarios en los que ha trabajado, María Pedrón habla del dolor con conocimiento de causa. “Mi enfermedad me ayuda a entender a estas personas, que deben ser tratadas como tal. Aquí, en África, el dolor físico es doble. Es cierto que es para todos, pero con la pobreza que hay se sufre más. Con la falta de cultura que tienen, se sufre más. Por eso siento que debo darles más. Prefiero trabajar aquí como una mula a ser médico en Italia. Prefiero trabajar con los más empobrecidos”. Y ahí, en esos escenarios, están las mujeres y los niños.

A cambio de su arduo trabajo María solo pide una cosa, "rece un Ave María por mí, pero sin distracciones", remarca.