Era muy religioso, era muy valiente, era peleón ante las injusticias, y disfrutaba de las cosas como un niño, un niño en el cuerpo de un abogado y trabajador de banca muy aficionado al monopatín.

Ignacio Echeverría, que murió acuchillado por varios terroristas yihadistas en Londres el pasado sábado por la noche cuando intentaba proteger a una chica herida por ellos, era una síntesis de todas esas cosas: fe, valentía, inocencia. 


Sus amigos de juventud en el skate park de Las Rozas (Madrid) explican en El Español que era tenaz y reivindicativo. Un día llegó la Policía y les desmontó las tablas que allí tenían colocadas para sus trucos. “Fuimos todos a darle el coñazo a casa del alcalde para que la Poli nos devolviera las tablas. Y surtió efecto”, recuerdan los amigos. 

"A la vez era justo y valiente. Alguna vez, llegaban cuatro tíos mas fuertes que querían echarnos de la pista y él se ponía en medio. Que os vayáis que vamos a patinar aquí, que os piréis. Y él no cedía, nos obligaba a que no nos fuésemos porque aquel tipo de cosas eran muy injustas. Él no se achantaba nunca”, recuerda otro de sus amigos skaters de los años de la infancia y de los primeros años de universidad. “Estos días lo estamos comentando varios amigos y coincidimos en eso. No era un macarra, pero si había que defender algo, se metía siempre”.




Todos sus amigos sabían que era muy religioso, católico convencido y no faltaba nunca a misa el domingo. “Creía mucho, lo sentía mucho”, asegura otro de sus mejores amigos.

En El Mundo lo describe su hermano Joaquín. "Que era un hombre religioso; todos los domingos iba a misa. Que era recto; trabajó en prevención de delitos económicos y de lavado de dinero y muchas veces se jugó su trabajo para que se hicieran correctamente las cosas o por dejar por escrito su desacuerdo. Que era jovial y le gustaba hacer deporte con gente de todas las edades. Que era capaz de trasnochar para ayudar de país a país a que una sobrina suya pudiera usar la tablet que él le había regalado. Que los bonos de recompensa en el trabajo los gastaba en invitar a amigos, familiares y en regalos para los sobrinos. Que tenía doble titulación en Derecho, por la Complutense y la Sorbona [de París]. Que era muy metódico y constante. Que hablaba cuatro idiomas, español, francés, inglés, alemán, y todos con alto nivel; cuando no estaba con amigos o con familia, estudiaba idiomas. Nos llaman compañeros suyos del colegio, del instituto, de la universidad, del skate...».


Nació en El Ferrol, ya que su padre, Joaquín, ingeniero, estaba destinado entonces en la central térmica de Endesa en A Pontes, donde la familia residió hasta que él cumplió los ocho años. Su madre, Ana, es abogada como él. Tenía cuatro hermanos, todos de espíritu cosmopolita, repartidos en las ciudades de Londres, París, Madrid, Santo Domingo... Los veranos los pasaban juntos en la localidad santanderina de Comillas, cuyas calles son el escenario de algunos de los vídeos que Ignacio colgaba en su canal de YouTube practicando skate o BMX, una modalidad acrobática del ciclismo.

«Era un trabajador infatigable y no dudaba en enfrentarse a los jefes si algo no le gustaba», cuenta su amigo Rafael Duarte, que trabajó con él en el Banco Popular. Duarte lo describe como humilde, íntegro, muy ético, solidario y preocupado por la actualidad internacional debido a su trabajo, poco aficionado a la vida nocturna... 

«Ayudaba a los marginados y era muy religioso. Su tío, Antonio Hornedo, era conocido como el Obispo de los indios, un misionero que además tiene placa en el centro de Comillas», añade.

Antonio Hornedo, misionero jesuita, fue efectivamente obispo de Chachapoyas, Perú, en la vertiente oriental de los Andes, de 1977 a 1991. Murió en 2006, con 90 años. Su ejemplo era importante para la familia. 


    Ignacio Echeverría es recibido en el Cielo por Don Pelayo y el almirante Blas de Lezo


En La Razón uno de sus amigos –le hizo testigo de su boda– explica que en su juventud, un día en la playa cantábrica de San Vicente de la Barquera, en un día con temporal, bandera roja y fuerte galerna, «Ignacio se metió nadando a por su hermano, que no sabía cómo volver a la playa; Ignacio era un nadador excepcional y le sacó, pero después tuvo que reconocer que casi se ahoga durante el rescate». De lo que su hermano está seguro es de que hubiera dado la vida por él.

Pertenecía en Madrid a un grupo de jóvenes católicos con el que se reunía de forma semanal. Precisamente, sus férreas convicciones religiosas, señalan en su círculo más íntimo, le llevaron desde muy pronto a defender en más de una ocasión a quien veía más débil: «Cuando éramos pequeños, si veía que alguien se estaba metiendo con un niño en un bar, salía en su defensa. Era superior a sus fuerzas quedarse quieto».


Nada más conocerse la noticia del fallecimiento de Ignacio Echeverría, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunció en Twitter que ha solicitado que se le conceda la Cruz de Plata de la Orden del Mérito Civil a título póstumo. El Ayuntamiento de Las Rozas, que ha convocado dos días de luto, también le concederá la medalla de honor de la ciudad y bautizará un nuevo parque con pista de 'skate' con su nombre. 

Ignacio Echeverría falleció en «Borough Market», junto al puente de Londres, víctima de un atentado terrorista. Pero para sus amigos fue, es y será siempre, dicen en La Razón, un «niño metido en el cuerpo de un adulto».

Quizá cumplía así el mandato de Quien avisó "si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos".