Encarni Llamas Fortes entrevista para las páginas de DiocesisMalaga.es a la misionera malagueña Rocío Díaz Bueno, religiosa de la Presentación de la Virgen María. Nacida en plena Guerra Civil española, en 1937, tiene 82 años y ganas de volver a las misiones en Argentina, aunque por el momento se recupera en España de varios infartos. Ha sido religiosa 60 años en España, Venezuela, Argentina, Uruguay y Guinea Ecuatorial. Eso da mucha perspectiva.

- ¿Cuándo sintió su vocación religiosa?

- Mis padres me inscribieron con 3 años en el Colegio de la Presentación de Málaga, en Pedregalejo. En aquella época éramos muy pocas alumnas y teníamos mucha relación con las monjas. La Madre Esperanza Corral, que era de Vélez-Málaga como mi madre, era una monja muy activa y misionera y nos lo inculcó. Ahí surgió el deseo de ser misionera, pero todavía era muy pequeña, tenía unos siete años. Cuando estudiaba 4º de Bachiller, la Madre Esperanza y la Madre Milagros, que nos daba latín, fueron a Venezuela a fundar una casa y ahí se despertó en mí el deseo de ser religiosa, para poder compartir la vida y la fe con aquellos hermanos. En aquella época Venezuela era tierra de misión, ahora es tierra de hambre.

- Tendría unos 14 años, ¿en ese momento tomó la decisión?

- Mi familia me dijo que lo dejara reposar un poco, así que seguí formándome y, al concluir los estudios de Magisterio, en 1957, en la Escuela que había en la Plaza de la Constitución, le dije a mis padres que ya no había más que esperar. La entrega de las religiosas y su deseo de compartir la vida y ayudar a los demás, me dio el empuje necesario, porque yo veía que todo ello partía de una entrega a Dios. Y pensaba yo: si Dios me ama y yo amo a Dios, tengo que amar al hermano. Y el 20 de noviembre, víspera de nuestra patrona, la Virgen Niña, entré en el Noviciado de Granada. Y ya son 60 los que se cumplen este año.

- ¿En qué lugares ha compartido su vida religiosa?

- En Venezuela estuve unos 14 años, después tuve que regresar a España, por motivos familiares, y me enviaron a fundar una casa a un pueblo de Teruel (Cella), pasé de 40 grados en Venezuela a nieve hasta la cintura en Teruel. Tras 12 años en España, cuyos veranos me iba a la misión de Guinea Ecuatorial, me enviaron a Uruguay otros tres años y de nuevo regresé a España, a Málaga, para atender a mi madre hasta que falleció en 2004. En 2005 me enviaron a Argentina y allí he estado hasta hace un par de años que me tuve que venir a operarme después de dos infartos óseos.

- Si volviera a nacer…

- Volvería a ser religiosa de la Presentación. Es más, me he ofrecido para volver a Argentina. Sé que no podría patear como antes por el barrio, pero haría todo lo que pudiera en la parroquia, el comedor social, en las catequesis, enseñando a leer la Palabra de Dios y a rezar... estando con la gente. El papa Francisco, cuando aún era el cardenal Bergoglio, estuvo de misión en nuestro barrio y me decía que yo no debería llamarme Rocío, sino aguacero de granizo, porque el rocío es un agua muy suave (ríe).

- Hoy celebramos la Jornada de la Vida Consagrada, ¿qué supone para usted este día?

- Es el día en que podemos celebrar la entrega de tantas personas. El día en que celebramos esa llamada del Señor a vivir una entrega hacia Dios que se personaliza hacia los demás. Es una forma de alegrarnos, de manifestar y dar a conocer que es posible una entrega a Dios. En realidad, no hacemos nada extraordinario, se trata de sentir la llamada de Dios y responder a ella sabiendo que la fuerza nos la va a dar Dios, que es el primero que te amó y desde Él somos capaces de hacer esas cosas. La fuerza viene de arriba.

- ¿Cuál es su misión ahora en Málaga?

- Al comienzo estuve un tiempo convaleciente, pero en cuanto me pude mover con un bastón busqué qué podía hacer en Cáritas, en Manos Unidas, en la Fundación Arena que acompaña a personas mayores que se encuentran solos y en Madre Coraje, en la portería del Colegio La Presentación, en Infantil, recibiendo a padres y niños, en la comunidad, que somos 7 hermanas, lo que nos toca, y en la parroquia del Corpus, le echo una mano al párroco en lo que necesita.

- Un consejo a los jóvenes que se estén planteando su vocación religiosa.

- Que merece la pena, que oigan la voz de Dios y no la de todo lo que les rodea. Que se es muy feliz haciendo lo que es voluntad de Dios para ti en cada momento, porque Dios cuando te pide algo te da el doble. Que den el paso porque cuentan con el amor de Dios que nunca les va a faltar, y no es un amor pasajero, sino definitivo.