Aunque sobre las apariciones de Fátima se sabe casi todo, el inmenso caudal de información que sigue constituyendo la larga vida de Sor Lucía (murió en 2005, a tres años de ser centenaria) permite aún el descubrimiento de algunas novedades, o su difusión cuando sólo eran conocidas en círculos restringidos, como es el caso de la carta a la que consagró un reciente artículo el portal mariano Cari Filii:

Este 2017 que está ya a las puertas se cumplen 100 años de las apariciones de la Virgen María a los pastorcitos Lucía, Francisco y Jacinta en Fátima. Para conmemorar esta fecha tan importante el Papa Francisco visitará este santuario mariano tan querido por sus antecesores.

Desde el convento, sor Lucía escribió dos obras: Memorias y Llamamientos del mensaje de Fátima. Pero además escribió numerosas cartas, muchas de las cuales no son conocidas.

Y en la víspera del centenario se ha conocido una de estas cartas hasta ahora prácticamente desconocida hasta la fecha de sor Lucía, la única de los tres videntes que murió anciana pues sus primos murieron siendo niños.

En 1917 se cumplen cien años de la aparición de la Virgen a tres niños, Lucia, Jacinta y Francisco.

El gran deseo de sor Lucía
Es el caso de la que está fechada el 16 de septiembre de 1970 y que dirige a la Madre Martins, tal y como recoge Daniel Blackman en National Catholic Register. En dicha carta, sor Lucía habla elocuentemente sobre la oración del Rosario.

En todo momento la religiosa portuguesa habla del origen divino del Rosario y llega a definirlo como una “oración trinitaria y eucarística”.

Sin embargo, lo más llamativo de esta carta era el gran deseo que tenía:

“Tengo grandes esperanzas de que, en un futuro no muy lejano, la oración del Santo Rosario será proclamado una oración litúrgica porque todas sus partes comparten la sagrada liturgia de la Eucaristía”.

La Virgen de Fátima y el Rosario
En Fátima, la Virgen María habló a los tres pastorcitos sobre la importancia de esta oración y les pidió: “Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”. En otra aparición les dijo: “Cuando recéis el Rosario, decid después de cada misterio, ‘Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas”.

Ha pasado casi medio siglo desde que sor Lucia expresara este deseo en la carta y hasta la fecha no se ha proclamado aún el Rosario como una oración litúrgica. Eso sí, la Iglesia ha proclamado una y otra vez la eficacia e importancia de este rezo mariano.

En este lugar donde se erige la basílica fue en el que la Virgen se apareció.

En el Catecismo de la Iglesia Católica se han cuatro menciones al Rosario. Por ejemplo, en el punto 971 se dice que esta oración es la “síntesis de todo el Evangelio”. También en el punto 2678 destaca que “la piedad medieval en Occidente desarrolló la oración del Rosario como un sustituto popular para la Liturgia de las Horas".