Aldo Trento ha recibido numerosos galardones en Paraguay por su labor humanitaria. También en su Italia natal, pero estos los devolvió en protesta por la decisión del Gobierno de retirar la alimentación a la joven Eluana Englaro. "La chica fue víctima del ataque de una cultura materialista", explica.


"Recién ordenado sacerdote, en los años 70, viví una época confusa, en mi vida y en la de la Iglesia", recuerda. "Yo era cura, pero no me veía capaz de dar respuesta a nada. Me volqué en una ideología de extrema izquierda, marxista. En aquella época yo incluso creía que la lucha armada era una opción lícita para avanzar en la lucha de clases. Yo era del Che, de Mao, de la Guerra de Vietnam…"

"En mayo de 1974, siendo profesor de secundaria, animé a mis alumnos a venir conmigo a una manifestación contra la visita de Kissinger en Italia. Yo no podía ir a menos que el aula quedara vacía, y cuatro alumnos se negaron. ´Usted habla mucho de acción y cambio, pero hay cosas que sólo cambian por Cristo´, me dijeron. Eran unos chicos de Comunión y Liberación (CL). Y empecé a cambiar mi visión de las cosas".

"Entonces me enamoré de una mujer. Sabía que nuestra relación era imposible, y me hundí en la depresión. Decidí luchar por ser fiel a mi vocación religiosa. Llorando, expliqué mi lucha, mi drama, al padre Luigi Giussani, fundador de CL. Él me miró como Jesús, me llevó a su casa, me acompañó. Asumí mi pequeñez y así, pequeño y débil, Giussani me envió de misionero a Paraguay hace 20 años".

"Durante 15 años de lucha contra la depresión, acompañado por otro sacerdote, cobré conciencia de que Dios no me estaba castigando, que Él me amaba. De esa experiencia surgieron mis obras de acogida en Paraguay: la casa de enfermos terminales, de ancianos, la acogida de enfermos de sida, prostitutas, transexuales, homosexuales… a todos les puedo abrazar hoy".


"En nuestra casa de enfermos de San Ricardo Pampuri tengo un niño sin cerebro, pero vive, y veo en él el rostro del Misterio. Si no hay Dios, lo único razonable es la anarquía, el poder del fuerte. Pero si hay un Dios Padre, cada uno de sus hijos es divino, porque Él los ama. Por eso los indios guaraníes llamaban al dios creador ´Tu-Pá´, es decir, ´autor de lo maravilloso´".

"Los españoles tienen que estar orgullosos de su papel en la historia de América", asegura con vehemencia este italiano.

"Si leemos el testamento de la Reina Isabel la Católica y otros documentos, se ve con claridad que la empresa de España en América pretendía sobre todo evangelizar. Carlos V, después de convocar el debate de Sepúlveda y Las Casas en Valladolid, declaró que no le importaba la quiebra económica ´por no perder una sola alma para Cristo´. Como en todo lo humano, la cruz y la espada, la gracia y el pecado, iban de la mano. Lo que yo digo es que los jesuitas eran unos enamorados de Cristo, del hombre y de los guaraníes. Es incorrecto e ideológico hablar de las reducciones jesuitas de los siglos XVII y XVIII como ´utopía´, ´comunismo paraguayo´ o ´república platónica´, porque en sus textos vemos que toda su inspiración era el Evangelio, no los pensadores utópicos".


"Durante dos años los jesuitas sólo predicaban a los indios la belleza de Cristo y de la salvación, nada de moralismo. Solo después les educaban en el matrimonio monógamo y la moral cristiana. Apenas había dos o tres sacerdotes en comunidades de 2.000 o 3.000 indios: no se sostenía por la fuerza de ninguna manera, era una experiencia de libertad. La belleza, no la fuerza, conquistó a los guaraníes".

Recuerda además un hecho insólito que los manuales escolares casi nunca recogen ni en España ni en América. "Durante décadas, los esclavistas portugueses atacaron las misiones. El padre Montoya organizó un éxodo de 12.000 indios hasta la zona que hoy es Argentina. Como los ataques seguían, pidieron permiso al rey para armar a los guaraníes, y el Papa emitió una bula condenando los ataques a las misiones. La milicia guaraní entrenada por jesuitas ex militares venció a un ejército de más de 3.000 esclavistas en la batalla de Mbororé en 1641 y las misiones florecieron un siglo más. Es quizá el hecho militar más importante de la América hispana, pero en Sudamérica apenas se enseña porque a los masones no les interesa".

Aldo Trento hace mucho que abandonó el marxismo de su juventud. Hoy, entre pobres y enfermos, denuncia "un falso cristianismo indigenista, donde parece que Jesús sólo se interese por los indios".


Llegó a Paraguay hace más de 20 años, sumido en una depresión inacabable. Pero de esa vivencia salieron sus obras: un centro para enfermos crónicos y terminales, un asilo, una escuela, una granja para enfermos de sida, un servicio de donantes de sangre y un banco de alimentos. Ha escrito dos libros sobre las misiones de los jesuitas con los indios guaraníes en los siglos XVII y XVIII. Es miembro de la fraternidad San Carlos Borromeo, sacerdotes misioneros de Comunión y Liberación.