El 1 de mayo se cumple un año de la beatificación de Juan Pablo II, días históricos en los que Roma se llenó de peregrinos que vinieron desde todas las partes del mundo para este evento único.

El Vaticano trabajó contrarreloj para que todo estuviera listo. Una gigantografía colgaba del colonnato de la plaza de San Pedro, junto a fotos con los eventos más importantes del pontificado de Juan Pablo II.

También se colocó durante unas horas una estatua en Via della Conciliazione, la calle que lleva hacia el Vaticano.

Horas antes de la beatificación, el Circo Máximo de Roma se llenó de velas durante una vigilia de oración a la que asistieron cientos de miles de personas que consideraban ya a Juan Pablo II un verdadero santo.

“Para mí ya es un santo. Estuve en todos los momentos importantes aquí en la plaza: Cuando lo eligieron, cuando anunciaron su muerte, durante los funerales y por supuesto no podía faltar hoy. Estuve en todos esos momentos históricos y por eso he venido también esta noche, porque este Papa verdaderamente fue un santo”.



“Ha sido una cosa muy especial. Llegué un poquito tarde pero pude sentir la vibración, la alegría y el júbilo que tiene la gente para poder llevar esto hasta mañana y completar el día”.

La vigilia reunió a peregrinos de todo el mundo, de todas las edades y con historias muy distintas. Pero todos compartían el mismo sentimiento al rendir homenaje a Juan Pablo II que fue Papa durante la mayoría de sus vidas.

“Juan Pablo II me dio serenidad, me acompañó durante muchísimos años. Tengo 40 años, así que he vivido durante la mayor parte de su pontificado. Recuerdo cuando fue elegido, yo era muy pequeña”.

A primera hora de la mañana del 1 de mayo, el Vaticano abrió las puertas de la plaza y una marea de peregrinos corrieron para ocupar las primeras filas.

Poro después de las 10 de la mañana, unos dos millones de personas escucharon en un emocionado silencio la fórmula que pronunció el Papa y por la que Juan Pablo II fue nombrado oficialmente beato.

En ese momento se desveló un tapiz de Juan Pablo II sonriente, que parecía saludar a los peregrinos. Desde ese momento está a sólo un paso de ser declarado santo.