Este viernes se presentó en la Sala de Prensa de la Santa Sede un documento del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida "sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana", titulado Dar lo mejor de uno mismo y redactado originalmente en español.

Se trata, y así lo quiso destacar en su intervención el cardenal Kevin Farrell, prefecto del dicasterio, del primer documento oficial de la Santa Sede sobre el deporte, pues aunque existían numerosos discursos y mensajes de los Papas desde principios del siglo XX, y el Vaticano ha organizado numerosos encuentros y congresos en torno a esta actividad, "no existía aún un documento que recogiese el pensamiento y los deseos de la Iglesia católica sobre la práctica del deporte, tanto a nivel profesional como aficionado". El que hoy se dio a conocer "no pretende responder a todas las cuestiones y desafíos que plantea hoy el mundo del deporte" pero sí explicar "la relación entre el deporte y la experiencia de fe y ofrecer una visión cristiana de la práctica del deporte". No es un texto, subrayó, para estudiosos o investigadores, sino una "reflexión" de corte "divulgativo y pastoral".

El título recoge una expresión muy común el Papa Francisco, señaló el purpurado, donde lo que es en el deporte el esfuerzo por alcanzar una determinada meta física o éxito colectivo, es "en el ámbito de la fe" la llamada "a dar lo mejor de nosotros mismos para llegar a la santidad".

Junto al texto del documento, el cardenal Farrell dio a conocer el mensaje que le ha dirigido el Papa con motivo de la publicación de este documento. Francisco destaca que el deporte "puede ser un instrumento de encuentro, de formación, de misión y santificación".

Respecto a estos dos últimos apartados, el Papa recuerda que "la Iglesia está llamada a ser un signo de Jesús en medio del mundo, también a través del deporte en los 'oratorios', en las parroquias y en las escuelas, en las asociaciones, etc."

Por un lado, "el deporte puede abrir el camino a Cristo en aquellos lugares o ambientes donde por diferentes motivos no es posible anunciarlo de manera directa. Y las personas con su testimonio de alegría, con la práctica deportiva en comunidad, pueden ser mensajeras de la Buena Noticia".

Pero, además, "dar lo mejor de uno mismo en el deporte es también una llamada a aspirar a la santidad": "El deporte es una riquísima fuente de valores y virtudes que nos ayudan a mejorar como personas", y por eso, "para el deportista cristiano, la santidad será entonces vivir el deporte como un medio de encuentro, de formación de la personalidad, de testimonio y de anuncio de la alegría de ser cristiano con los que le rodean".

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