Myanmar, con 53 millones de habitantes, se encuentra en una complicada encrucijada cultural. Ha logrado mantenerse durante siglos relativamente aislada de las influencias coloniales y de las potencias y culturas extranjeras, y mira con suspicacia la globalización.

Por otro lado, tiene una enorme diversidad étnica, pero trata de mantener una unidad basada en cierta hegemonía de la etnia birmana, que son un 70% de la población

Hay fuentes que señalan que Myanmar, con sus zonas montañosas y selváticas, cuenta con 135 etnias, de las que el gobierno reconoce (al menos hasta hace pocos años) sólo a 67. Hay grupos shan (relacionados con los tai de tailandia y los lao de Laos), hay grupos karen y mont (relacionados con los jemeres de Camboya), y multitud de grupos pequeños, la mayoría con su lengua y costumbres propios. También en la religión hay diversidad: un 80% de budistas, y el resto se dividen en minorías cristianas, musulmanas, hindúes y religiones tribales y animistas, así como el culto a los nats, una serie de espíritus de origen pre-budista. 

En esta encrucijada entre pluralidad y unidad, diversidad de micro-minorías con mayorías contundentes (birmanos budistas) el Papa ha tenido que predicar, con mucho cuidado, el valor de la unidad en la diversidad, para que Birmania acepte su diversidad interna, pero a la vez no se deje colonizar culturalmente por las potencias extranjeras, y especialmente por su materialismo, consumismo y relativismo moral. En esa línea habló con mucho cuidado el Papa Francisco en su encuentro con los distintos líderes religiosos del país.   


«¡Construyan la paz. No se dejen igualar por la colonización de culturas. La verdadera armonía divina se hace a través de las diferencias. Las diferencias son una riqueza para la Paz!», explicó el Papa en su encuentro en el arzobispado de Rangún con 17 líderes religiosos de Myanmar, budistas, islámicos, hindúes, judíos, católicos y cristianos. El encuentro duró cerca de cuarenta minutos. Después de las intervenciones de algunos exponentes, el Papa pronunció su discurso, que en realidad era una serie de exhortaciones que iba improvisando en lengua española.

El Papa empezó citando al Libro de los Salmos: «“Qué hermoso es ver a los hermanos unidos”. Unidos no quiere decir iguales».

Insistió en que «la unidad no es uniformidad, aun dentro de la misma confesión. Cada uno tiene sus valores, sus riquezas, y también sus deficiencias». Señaló que «somos todos diferentes y cada confesión tiene sus riquezas, sus tradiciones, sus riquezas para dar, para compartir. Y esto solamente puede ser si se vive en paz».

El Papa Francisco reiteró que «la paz se construye en el coro de las diferencias. La unidad siempre se da con las diferencias» Y «la paz es armonía».


En este contexto, añadió que «nosotros, en este tiempo que nos toca vivir, experimentamos una tendencia mundial hacia la uniformidad, a hacer todo igual. Eso es matar la humanidad. Eso es una colonización cultural. Debemos entender la riqueza de nuestras diferencias (étnicas, religiosas, populares) y desde esas diferencias se da el diálogo. Y desde esas diferencias uno aprende del otro, como hermanos… que, como hermanos, se van ayudando a construir este país, que incluso geográficamente tiene tantas riquezas y diferencias».

«La naturaleza en Myanmar ha sido muy rica en las diferencias. No tengamos miedo a las diferencias», exhortó también el Papa, recordando luego que «uno es nuestro padre. Nosotros somos hermanos. Querámonos como hermanos. Y si discutimos entre nosotros, que sea como hermanos. Que enseguida se reconcilian. Siempre vuelven a ser hermanos. Yo pienso que solo así se construye la paz».

He aquí una propuesta, de gestión de la unidad en la diversidad, que podría aplicarse muy bien no solo a Myanmar, sino a España, a Europa y a muchos otros lugares. 


El encuentro duró unos 40 minutos y cada asistente pudo pronunciar un breve saludo antes de la alocución papal, tras la introducción a cargo del obispo John Hsane Hgyi, que pastorea a los católicos de Patjein (unos 80.000 en una región de casi 6 millones de habitantes). 

Tras el encuentro, el Papa mantuvo un diálogo en privado con el líder budista Sitagu Sayadaw, de 80 años, fundador de muchas escuelas de meditación y budismo en el país y muy premiado por las autoridades locales. También tiene inquietudes sociales y ha impulsado iniciativas de socorro en catástrofes y participa en encuentros interreligiosos del Instituto Elijah (elijah-interfaith.org).


  Sitagu Saydaw en su sermón de octubre a las Fuerzas Armadas de Myanmar sobre el uso de la violencia en defensa de la virtud, la patria y el budismo

En octubre este líder predicó un sermón polémico, o quizá sólo confuso, a las fuerzas armadas del país, sobre el derecho de los ejércitos a usar la violencia al defender la patria y la vida virtuosa, usando un texto budista del siglo V, el Mahavamsa. En ese texto se declara que los hombres que no practican las 5 virtudes básicas del laico budista (es decir, los que matan, roban, mienten, fornican y se drogan o emborrachan) viven sin virtud, "como animales, son medio hombres".

Este texto se usa a veces desde el nacionalismo budista de algunos países y facciones que insisten en que el budismo está "bajo ataque" para justificar la respuesta violenta frente a "los atacantes" (que pueden ser las minorías musulmanas, o los extranjeros en general, o cualquiera que señale el régimen), presentando al enemigo como "no humanos". Pero choca con una religión, como la budista, que insiste también con frecuencia en evitar la violencia y explica las consecuencias para el karma (y la reencarnación) de recurrir a ella.