La visita pastoral de Francisco este domingo a Cesena y Bolonia ha concluido con una misa celebrada ante cuarenta mil personas en el estadio boloñés Renato Dall'Ara.

Comentando el Evangelio del día, del padre con dos hijos de los cuales uno decía que cumpliría su voluntad pero no lo hacía, y el otro justo lo contrario (Mt 21, 28-32), el Papa señaló que la palabra clave de la parábola es el arrepentimiento que muestra el segundo: "Es el arrepentimiento el que permite no endurecerse, transformar el ‘no’ a Dios en ‘sí’, y el ‘sí’ al pecado en ‘no’ por amor al Señor”.
 
“La voluntad del Padre, que cada día delicadamente habla a nuestra conciencia, se cumple solo en forma de arrepentimiento y de conversión continua”, continuó el Papa, así que “en la vida de cada uno hay dos caminos: ser pecadores arrepentidos o pecadores hipócritas”.

Ante Dios no cuentan "los razonamiento que justifican o intentan salvar las apariencias, sino un corazón que avanza con el Señor, lucha cada día, se arrepiente y vuelve a Él. Porque el Señor busca puros de corazón, no puros ‘por fuera’”, añadió Francisco.


La lluvia no impidió que el estadio se abarrotase para escuchar al Papa.

Por tanto, “no existe una vida cristiana hecha, científicamente construida, donde basta con cumplir algunos preceptos para tranquilizar la conciencia. La vida cristiana es un camino humilde de conciencia nunca rígida, sino en relación con Dios, que sabe arrepentirse y confiarse a Él en su pobreza, sin presumir nunca de bastarse a sí mismo”.


El Papa aprovechó la ocasión para censurar, como hace con frecuencia pero ha estado muy presente en tres de sus discursos en este día, el clericalismo, el "mal antiguo denunciado por Jesús en la parábola: la hipocresía, la doble vida, el clericalismo que se acompaña del legalismo, el desapego de la gente”.


 
Aquellos jefes del templo "eran inflexibles custodios de las tradiciones humanas, incapaces de comprender que la vida hacia Dios es en camino y pide la humildad de abrirse, arrepentirse y recomenzar... Lo sabían y lo explicaban todo, de modo formalmente intachable, eran verdaderos intelectuales de la religión. Pero no tenían la humildad de escuchar, la valentía de interrogarse, la fuerza de arrepentirse”.


Finalmente, según recoge Aciprensa, Francisco propuso "tres P" como plan de vida y mensaje de conclusión de su visita pastoral: Palabra, pan y pobres.
 
La Palabra es “la brújula para caminar con humildad, para no perder el camino de Dios y caer en la mundanidad”.

El Pan es el Pan eucarístico, porque "todo comienza a partir de la Eucaristía. Es en la Eucaristía donde se encuentra la Iglesia, en el Cuerpo de Cristo compartido entre los pecadores y los necesitados”.

Los Pobres, por ultimo, no son solo aquellos a quienes "falta lo necesario": "Hay también tantos pobres de afecto, personas solas y pobres de Dios... En todos ellos encontramos a Jesús, porque Jesús en el mundo ha seguido la vida de la pobreza”.