En la catedral de Cesena, como segundo acto de la visita pastoral que cursa este domingo también a Bolonia, Francisco mantuvo un encuentro con sacerdotes, religiosos y consagrados de la diócesis de Cesena-Sarsina. A su llegada al templo, fue recibido por un grupo de niños y jóvenes. Luego rezó brevemente ante el Santísimo Sacramento y saludó a un grupo de enfermos.

El Papa insistió en la necesidad de curar las llagas de Jesús, “visibles en muchos hombres y mujeres que viven al margen de la sociedad: marcados por el sufrimiento, por el dolor, por el abandono, por la pobreza. Personas heridas por la dura prueba de la vida, que son humilladas, que se encuentran en la cárcel, en el hospital… Mirando con respeto y amor a las personas podemos hacer la revolución de la ternura”.

Se trata de experimentar la gracia "de ser humildes y generosos portadores de la luz y de la fortaleza del Evangelios”, para lo cual “es necesario reservar un adecuado espacio a la oración y a la meditación de la Palabra de Dios: la oración es la fuerza de nuestra misión, como recientemente nos ha mostrado Santa Teresa de Calcuta. El encuentro constante con el Señor en la oración se vuelve indispensable tanto para los sacerdotes como para las personas consagradas, y para los trabajadores pastorales, llamados a salir de su parcela e ir hacia las periferias existenciales”.
 
Además, según recoge Aciprensa, recordó que “la evangelización es más eficaz cuando actúa con unidad de acción y con colaboración sincera entre las diferentes realidades eclesiales y entre los diferentes sujetos pastorales que encuentran en el obispo el punto de referencia y cohesión... Mientras el empuje apostólico nos lleva a salir, sentimos la profunda necesidad de permanecer fuertemente unidos al centro de la fe y de la misión: el corazón de Cristo, lleno de misericordia y de amor”.
 
El Papa habló también de la importancia de la evangelización de los jóvenes, que “tienen necesidad de recibir ayuda para descubrir los dones con los que el Señor los ha dotado, animados a no temer ante los grandes desafíos del momento presente. Por eso os animo a encontrarlos, a escucharlos, a caminar con ellos, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”.
 
El Papa animó a los jóvenes a hablar con los ancianos, con los abuelos: “Los ancianos deben darnos a todos nosotros, especialmente a los jóvenes, la sabiduría de la vida. Ese diálogo hará milagros”.
 
Por otro lado, Francisco animó también a impulsar el trabajo con las familias: “Es un trabajo que el Señor nos pide hacer de forma especial en este tiempo que es un tiempo difícil tanto para la familia como institución y célula base de la sociedad, como para las familias concretas, que soportan buena parte del peso de la crisis socioeconómica sin recibir a cambio un adecuado apoyo”. Dirigiéndose a las familias, el Papa recordó a los padres la necesidad de dedicar tiempo a los hijos, “de perder su tiempo jugando con los hijos. Eso es importante”.
 
Por último, se dirigió de forma específica a los sacerdotes y les recordó que “se os ha confiado el ministerio del encuentro con Cristo. Ello presupone vuestro encuentro cotidiano con Él, vuestro ser con Él. Os deseo que descubráis continuamente, en las diversas etapas del camino personal y ministerial, la alegría de ser sacerdotes, de ser llamados por el Señor a seguirlo para llevar su palabra, su perdón, su amor, su gracia”.
 
Como en anteriores encuentros con el clero, consagrados y laicos, el Papa reconoció que en el caminar juntos del anuncio del Evangelio pueden surgir incomprensiones: "Cuando surjan incomprensiones, hablad entre vosotros, o hablad con el párroco para que os ayude. Pero nunca difundáis rumores. ¡Nunca! Los rumores destruyen una comunidad. Los rumores son un acto terrorista”.
 
Animó a sacerdotes y consagrados a no perder la alegría: "Muchas veces la gente encuentra sacerdotes tristes. Cuando encuentro un sacerdote triste pienso 'Y tú ¿qué has desayunado? ¿Café o vinagre?’”.