El Papa Francisco quiso encontrarse en la tarde de este martes con los jóvenes católicos eslovacos y lo hizo en Kosice, la segunda ciudad más grande de Eslovaquia, donde respondió a preguntas e inquietudes de esta generación.

El amor en la pareja es una de las grandes preocupaciones de los jóvenes y el Papa recordó a los miles que estaban allí presentes: “no banalicemos el amor, porque el amor no es sólo emoción y sentimiento, esto en todo caso es al inicio. El amor no es tenerlo todo y rápido, no responde a la lógica del usar y tirar. El amor es fidelidad, don, responsabilidad”.

Por ello, Francisco recalcó que “la verdadera originalidad hoy, la verdadera revolución es rebelarse contra la cultura de lo provisorio, es ir más allá del instinto y del instante, es amar para toda la vida y con todo nuestro ser. No estamos aquí para ir tirando, sino para hacer de la vida una acción heroica”.

Así, el Pontífice dijo que para hacer grande la vida se necesita “amor y heroísmo”: “miremos a Jesús, miremos al Crucificado, están los dos: un amor sin límites y la valentía de dar la vida hasta el extremo, sin medias tintas”.

De este modo, el Papa les animó a que se crean que “cada uno es un don y puede hacer de la vida un don. Los otros, la sociedad, los pobres los esperan. Sueñen con una belleza que vaya más allá de la apariencia, más allá de las tendencias de la moda. Sueñen sin miedo de formar una familia, de procrear y educar unos hijos, de pasar una vida compartiendo todo con otra persona, sin avergonzarse de las propias fragilidades, porque está él, o ella, que los acoge y los ama, que te ama así como eres. Y eso es el amor: amar al otro como es, y eso es bello. Los sueños que tenemos nos hablan de la vida que anhelamos. Los grandes sueños no son el coche potente, la ropa de moda o el viaje transgresor”.

Hemos sido creados para una alegría más grande, cada uno de nosotros es único y está en el mundo para sentirse amado en su singularidad y para amar a los demás como ninguna otra persona podría hacer en su lugar”, añadió.

Por otro lado, el Papa les exhortó a los jóvenes a que no olviden sus raíces, es decir, a sus padres y sus abuelos. “Llenos de mensajes virtuales, corremos el riesgo de perder las raíces reales. Desconectarnos de la vida, fantasear en el vacío no hace bien, es una tentación del maligno. Dios nos quiere bien plantados en la tierra, conectados a la vida, nunca cerrados sino siempre abiertos a todos. Enraizados y abiertos. ¿Habéis comprendido? Enraizados y abiertos”, les dijo el Papa.

El decaimiento y el camino de la misericordia fue otra de las preguntas que se formuló a Francisco, que dio como respuesta el sacramento de la confesión. “Si yo les pregunto: ‘¿En qué piensan cuando van a confesarse?’, no, no lo digáis en voz alta. ‘¿En qué piensan cuando van a confesarse?’ Estoy casi seguro de la respuesta: ‘En los pecados”’ Pero —les pregunto—, ¿los pecados son verdaderamente el centro de la confesión? ¿Dios quiere que te acerques a Él pensando en ti, en tus pecados, o pensando en Él? ¿Qué es lo que quiere Dios? ¡En Él! ¿Cuál es el centro, los pecados o el Padre que perdona todo? ¡El Padre! No vamos a confesarnos como unos castigados que deben humillarse, sino como hijos que corren a recibir el abrazo del Padre. Y el Padre nos levanta en cada situación, nos perdona cada pecado”, afirmó el Santo Padre.

Por ello, les dijo con firmeza: “Escuchad bien esto: ¡Dios perdona siempre! ¿Habéis comprendido? ¡Dios perdona siempre!”. Y les dio un consejo, que después de cada confesión se queden un momento recordando el perdón que han recibido.

Por último, el Papa respondió sobre cómo animar a los jóvenes para que no tengan miedo de abrazar la cruz. El Pontífice destacó este verbo y dijo que “abrazar ayuda a vencer el miedo” porque “cuando somos abrazados recuperamos la confianza en nosotros mismos y en la vida. Entonces dejémonos abrazar por Jesús”.

“La cruz no se puede abrazar sola, el dolor no salva a nadie. Es el amor el que transforma el dolor. Por eso, la cruz se abraza con Jesús, ¡nunca solos! Si se abraza a Jesús renace la alegría. Y la alegría de Jesús, en el dolor, se transforma en paz”, especificó.