El pasado miércoles 27 de julio, durante su viaje apostólico a Polonia para la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Francisco mantuvo un encuentro con los obispos polacos en la catedral de San Estanislao y San Wenceslao de Cracovia.

El diálogo, cuyo contenido fue facilitado este martes por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, fue precedido por sendas oraciones por el arzobispo Zygmunt Zimowski, presidente del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, fallecido días antes, y por el cardenal Franciszek Macharski, entonces ya agonizante y que murió hoy mismo.

Francisco respondió a las preguntas de cuatro obispos: Marek Jedraszewski, arzobispo de Lodz, quien le preguntó por la cultura contemporánea ateo-liberal; Slawoj Leszek Glodz, arzobispo de Danzig/Gdansk, quien le preguntó por la misericordia; Leszek Leszkiewicz, obispo auxiliar de Tarnow, quien le preguntó por la evangelización parroquial; y Krzysztof Zadarko, obispo auxiliar de Koszalin-Kolobrzeg, quien le preguntó por los refugiados.

El Papa abordó por extenso todas estas cuestiones y otros asuntos colaterales a ellas (pincha aquí para ver las respuestas íntegras) entre los que destacamos los siguientes (traducción de ReL).


"Es verdad, la descristianización, la secularización del mundo moderno, es fuerte. Es muy fuerte. Hay quien dice: sí, es fuerte, pero se ven fenómenos de religiosidad, como despertase el sentimiento religioso. Y esto también puede ser un peligro. Creo que en este mundo tan secularizado tenemos también otro peligro, el de la espiritualización gnóstica. Esta secularización nos da la posibilidad de hacer crecer una vida espiritual un poco gnóstica. Recordemos que fue la primera herejía en la Iglesia: el apóstol San Juan fustiga a los gnósticos (¡y con qué energía!), donde existe una espiritualidad subjetiva, sin Cristo. En mi opinión, el problema más grave de esta secularización es la descristianización: apartar a Cristo, apartar al Hijo. Yo rezo, yo siento… y nada más. Esto es gnosticismo. (…)

»Encontrar a Dios sin Cristo: un Dios sin Cristo, un pueblo sin Iglesia. ¿Por qué? Porque la Iglesia es la madre, la que te da la vida, y Cristo es el hermano mayor, el Hijo del Padre,  que te remite al Padre, que te revela el nombre del Padre. Una Iglesia huérfana: el gnosticismo actual, justo porque es una descristianización, sin Cristo, nos lleva a una Iglesia, o mejor dicho, a unos cristianos, a un pueblo huérfano".


"¿Qué aconsejaría yo? Me viene a la mente –pero creo que es la práctica del Evangelio, donde se encuentra la enseñanza del Señor- la cercanía. Hoy nosotros, los servidores del Señor (obispos, sacerdotes, consagrados, laicos convencidos) debemos estar cercanos al pueblo de Dios. Sin cercanía sólo hay palabra sin carne.

»Pensemos –me gusta pensar en ello- en los dos pilares del Evangelio. ¿Cuáles son los dos pilares del Evangelio? Las Bienaventuranzas y Mateo 25, el ‘protocolo’ con el que todos seremos juzgados. Concreción. Cercanía. Tocar. Las obras de misericordia, tanto materiales como espirituales. (…) Cercanía. Tocar. Ésa es la vida de Jesús… (…)

»La gloria de la Iglesia son, ciertamente, los mártires, pero lo son también tantos hombres y mujeres que lo dejaron todo y pasaron su vida en los hospitales, en las escuelas, con los niños, con los enfermos… (…) Si vamos a estos países de misión, en la Amazonia, en América Latina, en los cementerios encontramos las tumbas de tantos religiosos hombres y mujeres que murieron jóvenes porque no tenían los anticuerpos para las enfermedades de aquella tierra. Las obras de misericordia: tocar, enseñar, consolar, ‘perder el tiempo’. Perder el tiempo…"


"Hablando a los obispos de cercanía, creo que debo hablar de la cercanía más importante: con los sacerdotes. El obispo debe estar disponible para sus sacerdotes. (…) [Si] el sacerdote se siente huérfano, sin padre, sin la cercanía… comienza a dar vueltas… (…) Que el sacerdote sienta que tiene un padre.

»Si quitamos a los sacerdotes la paternidad, no podemos pedirles que sean padres. Y así el sentido de la paternidad de Dios se aleja. La obra del Hijo es tocar las miserias humanas: espirituales y corporales. La cercanía. La obra del Padre [es] ser Padre, obispo-padre".


"Luego, los jóvenes… porque se debe hablar de jóvenes en estos días. ¡Los jóvenes son ‘aburridos’! Porque vienen siempre a decir las mismas cosas, o bien ‘yo pienso así’, o bien ‘la Iglesia debería’… y hace falta paciencia con los jóvenes. (…)

»Pensad en San Juan Pablo II, ¿qué hacía con los universitarios? Sí, hacía escuela, ¡pero luego se iba con ellos a la montaña! Cercanía. Les escuchaba. Estaba con los jóvenes…"


"Una última cosa querría subrayar, porque creo que el Señor me lo pide: los abuelos. Vosotros, que habéis sufrido el comunismo, el ateísmo, lo sabéis: fueron los abuelos, fueron las abuelas quienes salvaron y transmitieron la fe. Los abuelos tienen la memoria de un pueblo, tienen la memoria de la fe, la memoria de la Iglesia.

»¡No excluyáis a los abuelos! En esta cultura del descarte, tan descristianizada, se descarta lo que no sirve, lo que no funciona. ¡No! Los abuelos son la memoria del pueblo, son la memoria de la fe".


"¿Cuál es la ideología actual, que está justo en el centro y que es la madre de las corrupciones, de las guerras? La idolatría del dinero. El hombre y la mujer ya no están en la cima de la Creación, su puesto lo ha ocupado el ídolo del dinero, y todo se compra y se vende por dinero. En el centro, el dinero. Se explota a la gente. (…) Porque es una economía líquida, que favorece la corrupción".


"Se busca la salvación en la superstición, en el analfabetismo religioso, ese relativismo que confunde una cosa con otra. Y ahí hace falta la catequesis, una catequesis de vida. La catequesis no es sólo enseñar los conceptos, sino acompañar en el camino. ¡Acompañar es una de las tareas más importantes! Acompañar en el crecimiento de la fe. (…)

»El analfabetismo religioso actual debemos afrontarlo con los tres lenguajes: el lenguaje de la mente, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. Los tres, armónicamente".


"Quisiera subrayar una cosa: ¡la parroquia sigue siendo válida! La parroquia debe continuar: es una estructura que no debemos tirar por la ventana. La parroquia es precisamente la casa del Pueblo de Dios, en la que vive. ¡El problema es cómo hacer que la parroquia funcione! ¡Hay parroquias con secretarías parroquiales que parecen ‘discípulas de Satanás’, que espantan a la gente! Parroquias con las puertas cerradas. Pero hay también parroquias con las puertas abiertas, parroquias donde, cuando alguien viene a preguntar, se dice: ‘Sí, sí, acomódese. ¿Cuál es el problema?’ Y se escucha con paciencia… ¡porque ocuparse del Pueblo de Dios es fatigoso, es fatigoso! (…)

»Hoy ser párroco es fatigoso: llevar adelante una parroquia es fatigoso en este mundo con tantos problemas. Y el Señor nos ha llamado para que nos cansemos un poquito, para trabajar y no para descansar. La parroquia es agotadora cuando funciona bien. La renovación de la parroquia es una de las cosas que los obispos deben tener siempre presentes: ¿cómo va esta parroquia? ¿Qué haces? ¿Cómo va la catequesis? ¿Cómo la enseñas? ¿Está abierta? Tantas cosas… (…)

»¿Hay siempre alguien en el confesionario? En las parroquias –no en las que están en los barrios pequeños, pero sí en las parroquias que están en el centro, en las calles principales-, si hay un confesionario con la luz encendida, la gente siempre va. ¡Siempre! (…)

»Hay quien dice que la parroquia ya no sirve, porque ahora es la hora de los movimientos. ¡Esto no es verdad! Los movimientos ayudan, pero los movimientos no deben ser una alternativa a la parroquia: deben ayudar en la parroquia, sacar adelante la parroquia. (…)

»Si no vas a buscar a la gente, si no haces un acercamiento, la gente no viene. Y esto es el discípulo misionero, la parroquia en salida. Salir a buscar, como hizo Dios, que envió a su Hijo a buscarnos".


"¿Cómo hacer [con los refugiados]? Creo que cada país debe ver cómo y cuándo: no todos los países son iguales; no todos los países tienen las mismas posibilidades. ¡Sí, pero tienen la posibilidad de ser generosos! Generosos como cristianos. (…)

»Es toda una reforma lo que hay que hacer, a nivel mundial, sobre este compromiso de acogida. Pero es en cualquier caso un aspecto relativo. Lo absoluto es el corazón abierto y acogedor. ¡Esto es lo absoluto! Con la oración, con la intercesión, hacer lo que yo pueda. Relativo es el modo en el que puedo hacerlo: no todos pueden hacerlo de la misma manera. ¡Pero el problema es mundial! La explotación de la creación y la explotación de las personas. Estamos viviendo un momento de aniquilación del hombre como imagen de Dios".


"En Europa, en América, en América Latina, en África, en algunos países de Asia, hay auténticas colonizaciones ideológicas. ¡Y una de ellas –lo digo claramente con ‘nombre y apellidos’- es la ideología de género! Hoy a los niños (¡a los niños!) se les enseña esto en el colegio: que cada uno puede escoger su sexo. ¿Y por qué enseñan esto? Porque los libros son de las personas e instituciones que te dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, sostenidas también por países muy influyentes. Y esto es terrible.

»Hablando con el Papa Benedicto, que está bien y tiene un pensamiento claro, me decía: ‘Santidad, ¡ésta es la época del pecado contra Dios Creador!’ ¡Qué inteligente es! Dios ha creado el hombre y la mujer. Dios ha creado el mundo así, y así , y así… y nosotros estamos haciendo lo contrario".

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"Perdonad si he hablado demasiado", bromeó el Papa al concluir: "¡La sangre italiana me traiciona!". Y tras rezar la Salve, dejó unas últimas palabras para recalcar uno de los puntos tratados: "No olvidéis a los abuelos, que son la memoria de un pueblo".