"No hemos venido al mundo a vegetar, sino a dejar huella",

exhortó el Papa Francisco a un millón de jóvenes en el Campus de la Misericordia en la vigilia de oración del sábado por la tarde en la JMJ de Cracovia.

"¡La felicidad no es comodidad!", les insistía. La mayoría de ellos había caminado 20 kilómetros ese día, estaban agotados y solo tenían un trozo de suelo para sentarse, aunque participaban en las oraciones de pie. Pero ellos estaban de acuerdo con el anciano Pontífice: poca comodidad, mucho cansancio y sin embargo podían admitir que sentían felicidad.


Vigoroso y expresivo, toda la predicación de Francisco buscaba despertar a los jóvenes y animarlos a ser protagonistas en la vida social, política, caritativa...


Un atardecer hermosísimo acompañaba al Papa Francisco en su exhortación exigente, que no buscaba suavizar nada a los jóvenes, sino activarlos. "No necesitamos jóvenes-sofá, sino jóvenes con las botas puestas, necesitamos protagonistas, necesitamos jugadores, no suplentes", desgranaba. "La sofá-felicidad es probablemente la parálisis silenciosa que más nos puede perjudicar", advirtió.

"Para seguir a Jesús, hay que tener una cuota de valentía, ir por los caminos siguiendo la «locura» de nuestro Dios que nos enseña a encontrarlo en el hambriento".


La fe, expresada en blanco, puede liberar a los adictos a las pantallas, los encerrados en sus mundos individuales


Francisco mencionó a los jóvenes atrapados en los videojuegos, "adormecidos, atontados"... Una de las tres hermosas coreografías de la tarde precisamente representaba a los jóvenes en cubos de cristal absortos en su móvil, su tablet, sus pantallas...

Para despertar a los jóvenes la Vigilia proponía dos modelos e intercesores: Santa Faustina Kowalska y San Juan Pablo II. 

Que Santa Faustina (que murió joven, a los 33 años) sigue intercediendo y tocando corazones lo demostró el testimonio de Natalia Wrzesien, una joven polaca.


Sonrisa de Santa Faustina, intercesora por los jóvenes, cuando éstos son transformados por la fe y ganan "vida en abundancia", en el espectáculo de la vigilia de oración


"El 15 de abril de 2012, era domingo, me desperté en mi departamento en Lodz que es la tercera ciudad de Polonia", explicó Natalia. "En ese tiempo era jefa de redacción de revistas de moda y desde los 20 años ya no tenía nada en común con la Iglesia. Tenía éxito en el trabajo, me encontraba con algunos chicos lindos, iba de una fiesta a otra y ese era el sentido de mi vida. Todo iba bien. Solo que ese día me desperté con una cierta inquietud causada por el pensamiento de que aquello que estaba haciendo con mi vida estaba lejos de ser algo bueno. Comprendí que necesitaba ir a confesarme ese mismo día".

Natalia buscó en Internet la palabra "confesión". Primero leyó la definición, y se puso a llorar: "Dios murió por el amor que me tiene y quería darme una vida plena mientras yo estaba cerrada en mi indiferencia fumando un cigarrillo en la cocina". Fue a la catedral y se confesó. 


Natalia estaba alejada de Dios, pero de manera misteriosa sintió la necesidad de ir a confesarse; aunque se sentía muy indigna y pecadora, en la catedral descubrió, asombrada, que era un día y una hora especial

"Conté todo y comencé a llorar mucho". Y el sacerdote le dijo: "¿Sabes qué día es hoy? Es el Domingo de la Misericordia. ¿Sabes qué hora es? Son poco más de las 15 horas. Esta es la hora de la Misericordia. ¿Sabes dónde estás? En la catedral, en el lugar donde Santa Faustina rezaba cotidianamente, cuando vivía todavía en Lodz. En ese entonces se le apareció el mismo Señor que le dijo que quería perdonar en ese día todos los pecados, sin importar cuáles fuesen. Tus pecados han sido perdonados. Ya no están más, no vuelvas a pensar en ellos, sácatelos de la cabeza’.


Faustina y la Divina Misericordia fueron, así, los conductores de la Vigilia, marcada por los colores azul y rojo, el agua y la sangre del corazón de Cristo, que brotan de su pecho y limpian con su misericordia a los pecadores. Ese era el tema de la vigilia:  “Jesús manantial de misericordia”.


Rand Mittri, joven católica de Aleppo, Siria, expresó la sensación de abandono y olvido que han sentido en su ciudad, desatendidos por el mundo mientras las bombas caen

Otro tema en el que Papa insistió fue en la necesidad de la cercanía y la atención a lo que pasa. Para eso recurrió al testimonio de Rand Mittri, una joven católica de Aleppo, Siria. "Nuestra ciudad es una ciudad olvidada", dijo la joven Rand, que ha vivido la guerra y trabaja con los salesianos en la acogida  a necesitados. Francisco quiso combatir "el olvido" y la sensación de que el mal sucede sólo en los medios de comunicación. Animó a los jóvenes a mirar a su alrededor, a conocer y pensar en los compañeros que vienen de países en guerra y de situaciones muy duras. 

Otro testimonio fue el de Miguel, un joven de Paraguay que pudo salir de la droga apoyado por las comunidades de Fazenda de la Esperança y que ahora es responsable de una de estas comunidades y ayuda a otros jóvenes. Fue un ejemplo de superación que Francisco alabó. 


Miguel, de Paraguay, venció a las drogas gracias a la comunidad Fazenda de Esperança, y ahora él ayuda a otros

La imagen de Juan Pablo II hablando con el terrorista Alí Agca emocionó a muchos y fue una ejemplificación del poder del perdón. 


La vigilia siguió con una adoración al Santísimo Sacramento, acompañado del rezo cantado de la Coronilla de la Divina Misericordia en varios idiomas: "Por tu dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero", se repetía en alemán, en inglés, en polaco, en italiano... El atardecer dio paso a la noche iluminada con un millón de velas y por el Santísimo, que el Papa elevó para la bendición.



El Pontífice después se retiró, mientras se rezaba una oración tradicional a la Virgen Negra de Jasna Gora, y los jóvenes quedaron sobre la explanada, algunos para intentar dormir, otros para seguir rezando, muchos para exprimir al máximo su última noche en Polonia. 

Texto completo del discurso del Papa AQUÍ

La vigilia completa, en Radio Vaticana TV, dos horas y 24 minutos