Quienes estén interesados en justificar el criminal ataque que la marioneta Trump y sus mariachis han lanzado contra Siria y en auxilio del terrorismo islamista no deben perderse las intoxicaciones y mamarrachadas que los analistos neocones escriben, mientras se fuman un puro o esnifan una rayita de farlopa. En cambio, quienes deseen conocer la verdad de lo que en Siria acaba de ocurrir deben informarse a través de los cristianos sirios que sufren una guerra alimentada por Occidente desde hace siete años.
 
Así, por ejemplo, pueden leer las declaraciones de Antoine Audo, obispo caldeo de Alepo: «Destruyeron Irak diciendo que allí había armas químicas. Y lo mismo que hicieron entonces con Irak están haciendo ahora con Siria. (…) Usan el argumento del ataque químico para alimentar la guerra y complacer a Arabia Saudita. (…) Hay un gobierno legítimo que está venciendo a grupos terroristas islamistas en Guta, después de recuperar el control de Alepo y Deir Ezzor. ¡Y justo en ese momento comienzan a hablar de armas químicas, alegando que quieren defender los derechos humanos y la democracia!». También pueden leer las declaraciones de Georges Abou Khazen, vicario apostólico de Alepo: «Washington acusa pero carece de certezas. No ha explicado qué sentido tiene un ataque con armas químicas después de que el ejército sirio haya liberado casi todo el territorio al este de Guta. Me pregunto a quién puede aprovechar todo esto. (…) Parece evidente que buscan un pretexto para destruir nuestro país».
 
Quien esté interesado en conocer la verdad puede asimismo escuchar los lamentos del padre Fadi Aisar, párroco en Damasco: «Las supuestas armas químicas son una calumnia para justificar una guerra injusta. (…) El gobierno sirio propuso a la comunidad internacional que enviase expertos; pero lo rechazaron y nos atacaron, en lugar de venir a averiguar lo ocurrido. (...) Pero estamos tranquilos porque los militares sirios, gracias a Dios, han liberado Guta, donde todas las iglesias cristianas habían sido atacadas. (…) La verdad es que los Estados Unidos no están combatiendo el terrorismo, están combatiendo al lado de los terroristas. Y la verdad acabará sabiéndose». En el mismo sentido se pronuncian los misioneros del Instituto del Verbo Encarnado, en su blog SOS Cristianos Sirios, donde nos recuerdan que el Frente al Nusra, así como otras facciones yihadistas, disponen de armas químicas y en ocasiones anteriores ya las han usado; y donde nos advierten que «en los túneles excavados por los terroristas de Guta se han encontrado materiales para preparar armas químicas».
 
Y, en fin, quien lo desee puede leer los estremecedores tuits del ortodoxo Hannibal Khoury: «Nosotros descubrimos a Jesús mucho antes de que Estados Unidos fuese siquiera un país. Mis antepasados fueron los primeros en recibir el nombre de cristianos, en Antioquía, y los primeros en construir una iglesia, en Dura Europos. Propagamos el cristianismo y morimos por defenderlo; lo entregamos a Occidente y, a cambio, vosotros nos dais muerte». Y añade: «Los cristianos sirios como yo viven en libertad y son protegidos por el actual gobierno laico sirio. Si las acciones de Trump llevan a nuestra desaparición, espero que nos recordéis».
 
Desde que, allá por 2003, el monigote Bush ordenase la demente invasión de Irak hasta que el otro día la marioneta Trump y sus mariachis lanzasen su miserable ataque en auxilio del terrorismo yihadista, las poblaciones cristianas de la región casi han desaparecido. Pero, por supuesto, querido lector, es usted muy libre de creerse las intoxicaciones y mamarrachadas de los analistos neocones.

Publicado en ABC el 16 de abril de 2018.