Uno no puede por menos de preguntarse: ¿por qué ese odio a Dios y a la Iglesia Católica? ¿Por qué, en casi todas las épocas y lugares, hay tantas persecuciones contra los cristianos en general y contra los católicos en particular?
 
Sobre el odio a Dios el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “El odio a Dios tiene su origen en el orgullo; se opone al amor de Dios cuya bondad niega” (nº 2094); Satán actúa en el mundo por odio contra Dios y su Reino y su acción causa graves daños de tipo espiritual, pero también de naturaleza física, induciendo al hombre a desobedecer a Dios (cf. nº 394-395). De hecho, el odio a Dios es el pecado más grave, peor aún que el rechazarle. Sucede que, por una misteriosa hostilidad hacia Dios (en la que el creyente puede descubrir la presencia del Adversario), algunos hombres y mujeres cultivan un verdadero odio al Señor, a todo lo que evoca y a todos cuantos lo invocan (catecismo para adultos francés, nº 548), odio contra el Señor del que ya nos advierte Éxodo 20,5, pero que se da, también, contra los otros seres humanos (Lev 19,17; Dt 19,11).
 
En cuanto a la antipatía y el odio hacia la Iglesia Católica, tienen en la actualidad como razón principal que es el principal baluarte contra las ideologías de moda, como pueden ser el marxismo, el relativismo, el laicismo y la ideología de género. La Iglesia se enfrenta a la dictadura del relativismo, con su no distinción entre Verdad y Mentira, entre Bien y Mal y su negación de la Ley Natural, reducida a un vestigio ideológico y a una reliquia del pasado, como proclamó el inefable Rodríguez Zapatero. Estas ideologías defienden además la cultura de la muerte, amparadas por los lobbies multimillonarios de los centros abortivos (siempre me he negado en llamar clínicas a esas imitaciones de Auswichtz y Matthausen), de los hospitales en los que se practica la eutanasia (con frecuencia incluso contra la voluntad del paciente), de los beneficios económicos de las píldoras abortivas, y de la ideología de género, que tiene tras de sí también el enorme poder de los lobbies homosexuales. Lo que molesta especialmente de la Iglesia es su enérgica defensa de la vida, de la familia y de la libertad religiosa.
 
A veces estos ataques contra la Iglesia reflejan un nivel cultural bajísimo, como los famosos eslóganes “La Conferencia episcopal la vamos a quemar”, “La religión es fanatismo” y “Menos curas, más cultura”, odio que no se compagina con la tolerancia, y ni siquiera con el respeto a la cultura y a la democracia.
 
Pero, hay que reconocerlo, los adversarios de la Iglesia han encontrado un punto débil en el que atacar a la Iglesia: la pedofilia. Los criminales casos de pedofilia por parte de algunos sacerdotes y religiosos han escandalizado a los fieles, tanto más cuanto que los laicistas han sabido aprovechar muy bien la situación para hacer campaña contra la Iglesia. Pero ¿es la pedofilia un escándalo exclusivamente católico? ¿Es que no se da en otros ámbitos?

Desgraciadamente la pederastia es una plaga enormemente extendida en nuestra enferma sociedad. Por ejemplo en Alemania las cifras son de 210.000 acusaciones desde 1995 hasta 2010, de ellas 94 curas. En Estados Unidos las cifras son de cien sacerdotes condenados, quinientos pastores protestantes y cinco mil profesores de Educación Física y monitores deportivos también condenados. Es decir, el número de sacerdotes y religiosos implicados en este delito es una muy pequeña minoría frente al conjunto de los delincuentes. Es un problema que afecta a toda la sociedad.
 
Ya con San Juan Pablo II se dieron órdenes de que, frente a la pederastia, tolerancia cero, y se dictaron para el Derecho Canónico una serie de disposiciones mucho más severas en conjunto que las de los Códigos Penales de los Estados. Parece ser que las medidas son acertadas, pues se está dando una gran reducción en el número de nuevos casos. En cambio, estoy profundamente escandalizado de la actitud de los diversos países europeos ante este problema.
 
En efecto, podemos leer lo siguiente en la Proposición de Ley presentada por Podemos y que con casi total seguridad va a ser aprobada por el Parlamento español en fechas próximas: “El 4 de febrero de 2014, el Parlamento Europeo aprobó por amplia mayoría el informe Lunacek, una hoja de ruta para acabar con la discriminación por orientación sexual o identidad de género o sexual. Su aprobación supone un hito importante en la lucha por los derechos LGTBI en Europa y marca las líneas rectoras que deben respetar las legislaciones nacionales”.
 
Ahora bien, ¿quién es Ulrike Lunacek? Europarlamentaria austríaca, vicepresidenta del Parlamento, adscrita al grupo Verde, lesbiana de la izquierda radical austriaca, con los derechos gay y el aborto como banderas. La diputada verde intentó, en 2013, legitimar la pedofilia, proponiendo una enmienda que invocaba la necesidad de una "educación sexual interactiva y libre de tabúes" para los niños mayores de 4 años.
 
Cuando leí estas líneas, me quedé atónito. Nunca hubiese podido imaginar que el Parlamento Europeo primero, y luego el nuestro, pudiesen tener confianza en algo que hace referencia a la sexualidad, a alguien con el currículo de Ulrike Lunacek.
 
Termino con una pregunta: ¿confiarían ustedes las directrices de la educación sexual de sus hijos a una persona con semejante currículo? Recordemos que tanto la Declaración de Derechos Humanos de la ONU como nuestra Constitución reconocen el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones.