Los artículos de cualquier periódico, quiéranlo o no, siempre están orientados según el modo de pensar del autor o de la línea editorial. Y sin excluir un “pensamiento de laboratorio”, una creación de ideas, no deja de ser cierto que muchas veces son un reflejo del pensar popular, de lo que la gente dice y cuenta en la calle o en la barra del bar, que en España es casi lo mismo.
 
Me ha llamado la atención un reciente artículo publicado en El Mundo, uno de los grandes periódicos nacionales, titulado Iglesia, S.A. El autor, Quique Peinado, realiza un análisis económico – empresarial de esta sociedad llamada “Iglesia” (Iglesia católica, se supone). El CEO que la comanda, llega a decir, está buscando rejuvenecer el producto y hacerlo atractivo, pues tiene problemas de cara al futuro.
 
Varios retos están en su horizonte: disminuye el número de sus trabajadores (o sea, los sacerdotes). Aumentan las vacantes en la compañía, necesita contratar. Y una de las salidas, a juzgar por el firmante del artículo, es aumentar la “contratación femenina”. También la paridad debe llegar a la Iglesia, S.A. Argumentos empresariales que flotan en el humus de muchos “clientes” o “posibles clientes” o “ex clientes”.
 
El argumento me llama la atención, y me surgen varias reflexiones, desde el razonar empresarial al pensamiento humano y cristiano.
 
El hombre, todo hombre, es poco original. Y casi siempre nuestras ideas ya las tuvieron otras personas antes. Con la propuesta del autor (el sacerdocio de las mujeres), pasa lo mismo. Ya ha habido “empresas” parecidas a la Iglesia católica que han optado por esa vía: buena parte de los anglicanos y numerosos grupos protestantes.  ¿Resultado? “Paridad laboral” pero disminución en los miembros, sacerdotes o no, y en la vivencia de sus ideales. Es más, nuestros hermanos ortodoxos ya tienen algo parecido: los sacerdotes, (pobres hombres, según cierta mentalidad) se pueden casar. Los resultados no son para tirar cohetes. Es más, sus “directivos” son elegidos entre los sacerdotes célibes; en el fondo, les consideran más entregados a su misión, mejores servidores y más capaces.
 
Otro detalle importante, incluso a este nivel “terra terra” llama la atención de esta “sociedad”: Lleva dos mil años, y lo que queda. Ha visto surgir y caer numerosos imperios, desde el imperio romano (que nació un poco antes) hasta los imperios de China o Japón, o los imperios Germano, Español u Otomano. ¿Qué tendrá que sigue durando, básicamente igual, y a pesar de ciertos individuos, de dentro y de fuera? Trece hombres conversaban poco antes de la Gran Pascua Judía del primer siglo, y de ellos 2 morirían en poco tiempo (el cabecilla y un traidor), todos pensarían en olvidar lo sucedido, empezando por el que habían nombrado sucesor. Y sin embargo, empezó, creció y sigue creciendo, tal vez no en Europa occidental pero sí en otras regiones del mundo. Que hay más mundo fuera de las fronteras de esta pequeña Europa.
 
No me paro a repasar los “cafres” que ha habido dentro, luchando contra ella. Me llama la atención, por citar un caso actual, China y su partido comunista. Idearon un mecanismo casi perfecto para acabar con ella: fundar una Iglesia patriótica, controlada por ellos, para que primero robara cristianos a la Iglesia de Roma, y después provocara su paulatino olvido de la religión. Los resultados: fracaso ç fracaso: ni controlan tanto como creen su Iglesia patriótica, ni ha disminuido la vida de la Iglesia en ese inmenso país.
 
Quedarse a este nivel de análisis, sin embargo, es como juzgar a un enfermo de cáncer por uno de los síntomas más evidentes, aunque ya menos frecuente: se le está cayendo el pelo. Cierto, pero hay mucho más. O juzgar la belleza de una película (trama, actores, fotografía...) por los colores llamativos de la funda que contiene su DVD. Puede ser una señal, pero sabe a poco.
 
La Iglesia es algo más que una “compañía”, una empresa, y además propiedad del mayor accionista. La Iglesia es una sociedad humano divina, y sólo entendiéndola desde su razón de ser, son razonables sus actuaciones y decisiones. Es una “empresa” fundada y dirigida por Dios, por su Espíritu. Y forman parte de ella seres humanos, con sus pros y sus contras, sus virtudes y cualidades,   sus vicios y defectos.
 
Un hombre como Benedicto XVI, que “renunció a seguir siendo el CEO de la Iglesia”, según un pensamiento generalizado, se elevaba rápidamente a este punto cuando le preguntaban por la Iglesia. Como Siervo de los siervos de Dios, era consciente de que había recibido una Iglesia, depositaria de la revelación de Dios, y a él le tocaba ser un humilde servidor de la Revelación, de Jesucristo, personificación plena de esa revelación. Y bajo este prisma, aspectos como el celibato sacerdotal se entienden plenamente desde la Revelación y los bienes futuros: así son testigos plenos de los mayores bienes de la Iglesia: el servicio total y sin límites a Jesús de Nazaret.
 
En lugar de Iglesia, S.A., deberíamos hablar, entendiendo bien el término, de Iglesia, S.D.H. Sociedad divino humana, con una D muy grande, inmensa, y una H pequeña, aunque también necesaria y constitutiva de La Iglesia.