Todos los grandes periódicos españoles, al menos los que se editan en Madrid, tienen un futuro más que negro, con deudas en algunos casos asfixiantes, como es el caso de “El País”. Su grupo, Prisa, que integra además a la SER, Sogecable, Santillana, etc-, sobrevive merced a créditos bancarios que ascienden ya a unos 3.000 millones de euros, y como no los puede amortizar se ve obligado a renovarlos periódicamente cada vez a plazo más corto con el coste que ello representa. Otro recurso del que está echado mano es la reducción de personal de los distintos medios que forman el grupo, aunque ello supone, sin duda, el empobrecimiento de su propio capital humano. Otra solución dolorosa es la venta de activos, como ya hicieron antes con el canal de TV La Sexta, y ahora negocian con Telefónica, pero a la baja, la enajenación de Sogecable, la televisión de pago, con sus derechos de retrasmisión del fútbol. A este paso algún día le llegará el turno a la editorial Santillana de libros de texto, la joya de la corona y, finalmente, a la liquidación definitiva del imperio Polanco.

Pero no sólo Prisa está pasando por momentos difíciles. Los demás periódicos generalistas, El Mundo, Abc, la Razón y La Gaceta, unos más, otros menos, todos tienen dificultades para equilibrar sus cuentas. No digo ya para obtener beneficios. La reducción de la publicidad debido a la crisis general que estamos sufriendo, se nota mucho en la merma de sus ingresos. Tampoco las ventas suben, a pesar de los escándalos que se motan algunos, encaramados al carro del más descarado amarillismo.

Ninguna de las recetas que ponen en práctica los gestores de la prensa de papel logra paliar su crisis, por una razón muy simple, porque no hay forma de poner puertas al campo. Así como en su día, la revolución industrial, o sea, el mecanicismo, acabó con la mayoría de los talleres artesanos, ahora la electrónica-informática está marginando a la civilización de papel, aquella que puso el saber y la cultura al alcance general. Y uno de los segmentos donde más se nota este cambio de época, es en el de la información. La prensa digital está sustituyendo progresivamente a la impresa y, con el tiempo, acabará suplantándola del todo. Es el signo de los nuevos tiempos, las consecuencias de una profunda revolución que está pasando ante nuestras narices sin apenas notarla, pero originando grandes cambios de paradigma. Cambios en general para bien, porque la información no será ya un privilegio de minorías más o menos ilustradas, sino que llegará a todo el mundo, con el beneficio ilimitado que ello representa, aunque haya individuos que pueden emplear ese bien para hacer mal. Es el inevitable peaje que debe pagarse la condición humana.

El sector que todavía resistirá durante bastante tiempo será el del libro. Las tabletas o como se llamen reproductoras de textos, aún no pueden suplir a la magia de las estanterías llenas de volúmenes y la comodidad del libro de papel. Además, si la bibliografía impresa es infinita, aún estamos muy lejos de acceder a todos estos libros a través de los medios electrónicos.

De todos modos, los que quieran sobrevivir a esta gran revolución tecnológica que nos invade tendrán que ir preparando el futuro, incluidas las editoriales del libro religioso, adoptando los cambios que imponen los nuevos tiempos. Eso es lo que están haciendo los jesuitas con dos de sus editoriales históricas: El Mensajero, con sede en Bilbao, y Sal Térrea, de Santander, dos sellos centenarios de literatura religiosa, en pleno proceso de fusión que después de más de dos años de preparativos, culminará el próximo mes de septiembre.

La nueva entidad editorial se llamará Grupo de comunicación Loyola, y estará radicada en Bilbao (calle Sancho de Azpeitia, 2, bajo, código postal 48014, tno. 94.447.03.58), aunque en Santander establecerán los servicios administrativos generales y la publicación de algunas revistas. Además de continuar la labor editorial de sus dos matrices históricas, con sus colecciones y revistas habituales, “Loyola” integrará el espacio en internet sjdigital, con sede en Valladolid, que publica las páginas digitales rezandovoy.org y pastoralsj.org. También pretende ofrecer a sus clientes la creación de aplicaciones para móviles y servicios de composición, edición y maquetación de contenidos digitales. En fin, que ya lo dice el adagio: renovarse o morir.