La cuenta atrás se acelera. Tan  y los preparativos se suceden, Las diócesis de acogida echan cuentas de los pregrinos que recibirán en los días previos, las inscripciones se multiplican en la sede de la organización y los voluntarios, ya liberados de la Selectividad, ultiman su formación. 

Las manos para sacar adelante este multitudinario encuentro con el Papa del 16 al 21 de agosto se suceden. Ayer la Universidad CEU San Pablo de Madrid acogió «La Jornada Mundial de la Juventud, esperanza para España», un acto que presidió el presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela. Durante el encuentro, el cardenal arzobispo de Madrid se remontó a la JMJ de 1989 en Santiago de Compostela para recordar que entonces «sólo se comprometieron con la JMJ unas 25 delegaciones de Juventud. Ahora no sólo están implicadas todas las diócesis españolas, sino que no hay diócesis del mundo que no participe de alguna manera».

Para Rouco, además tendrá un efecto «enorme» para la vivencia y el testimonio de la paz, así como «para la recuperación social y económica» de España.

«A la vista está que es un acto de la Iglesia que quiere ofrecer a los jóvenes la posibilidad de encontrarse con Cristo de una forma viva y activa, no sólo en un acto de amistad y compañerismo, sino de comunión eclesial y humana», señaló el cardenal Rouco en un foro en el que se encontraban, entre otros, el presidente de LA RAZÓN, Mauricio Casals, el ex Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Pedro Núñez Morgades; el vicepresidente de la Asociación Católica de Propagandistas, Emilio Navarro; el presidente de Red Madre, Antonio Torres, así como el presidente del Foro de la Familia, Benigno Blanco.

Como anfitrión del acto, Carlos Romero, presidente de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, destacó la preocupación de Benedicto XVI por la formación de las nuevas generaciones. «Lo que viviremos en agosto tiene que ser motivo de alegría y de compromiso para los cientos de miles de jóvenes que participan. Y todos tenemos el deber de conseguirlo», apuntó. Es por ello que la entidad acogerá discapacitados de Italia y Polonia en el Campus de Montepríncipe, así como a jóvenes de residencias y colegios de toda España del CEU.

«Madrid se convertirá en la capital joven del mundo en el evento más internacional y multitudinario de la Iglesia católica. Además será una oportunidad histórica para España, la atención del mundo se volverá con nuestro país, un evento para la esperanza donde los jóvenes van a transmitir que es posible construir un mundo mejor», comentó Marieta Jaureguízar, directora de la oficina de Prensa de la JMJ, que hizo especial hincapié en los 20.000 voluntarios –«cuya ayuda es vital»– que sacarán adelante este encuentro en tareas de acogida en el aeropuerto, en la logística de los eventos, coordinación de grupos, atención a discapacitados...

Con un ejemplar sobre la mesa de la JMJ de Santiago, Marta Lago, vice encargada de la edición en lengua española de «L’Osservatore Romano», subrayó que España se convierte en el primer país que acoge dos veces una JMJ. «El Papa no viene como protagonista», sentenció, para subrayar a renglón seguido que la JMJ no es la muestra de una Iglesia triunfalista y poderosa, sino peregrina. Tampoco es un acto proxelitista ni de adoctrinamiento de los jóvenes, se trata de una celebración de fe, esperanza y caridad junto al Sucesor de Pedro y cuyo centro es Cristo».

También quiso abordar las acusaciones que se lanzan sobre la financiación y el despliegue del encuentro. «¿Es un lujo material? En un momento de crisis económica y de falta de práctica religiosa de los jóvenes, la JMJ no es un lujo, sino una necesidad», apostilló. El director de LA RAZÓN, Francisco Marhuenda, reflexionó sobre «los valores que transmitimos a los jóvenes, en medio de esta zozobra y dificultad que vive España y el mundo».

«Estamos viviendo cómo España está perdiendo las raíces cristianas, algo especialmente lacerante en la ofensiva laicista, que es más inquietante de lo que ahora se ve, expulsando el hecho religioso de la vida pública y dejándolo en lo privado», apuntó, para explicar que «por eso veo la necesidad de que la JMJ se celebre en nuestro país para acercar la Iglesia a la sociedad y mostrar que sí tiene respuestas y que a los jóvenes no les interesa sólo la comodidad ni buscan sólo el camino fácil.