El millón de peregrinos que están concentrados en las calles de Roma y la Plaza de San Pedro y los millones que en el mundo entero siguen a través de los medios de comunicación la ceremonia que convierte a Juan Pablo II en el décimo papa beato proclamado por la Iglesia Católica han estallado en júbilo al ver y escuchar de boca del Papa Benedicto XVI la proclamación del papa polaco como nuevo beato.

El cardenal Agostino Vallini, vicario del obispo de la diócesis de Roma, solicitó de manera solemne en latín al Santo Padre la inclusión de Karol Wojtyla en el libro de los beatos de la Iglesia católica. Tras la lectura de una breve y emotiva biografía de Karol Wojtyla, el Papa Benedicto XVI manifestó en nombre de toda la Iglesia, la aceptación de tal solicitud. Las vivas, aplausos y lágrimas de los peregrinos se desataron en la plaza de San Pedro
 
Inmediatamente se descubrió el tapiz con una imagen del nuevo beato mientras se cantaba el himno del beato en latín, inspirado en las primeras palabras de Juan Pablo II en la homilía de inicio de su Pontificado: "No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo". Así ha comenzado el culto público. Los peregrinos exaltan de júbilo en la Plaza de San Pedro, en el Circo Máximo y en todas las plazas de Roma, donde hay pantallas gigantes para la beatificación más multitudinaria de la historia.

Posteriormente la hermana Marie Simon-Pierre, religiosa francesa de las Maternidades Católicas, sanada milagrosamente de la enfermedad de parkinson por intercesión de Juan Pablo II, y sor Tobiana Sobotka, la religiosa y enfermera que atendió al Papa durante tres décadas y dirigió la administración de su apartamento en el Vaticano, llevaron la reliquia de Juan Pablo II al Papa Benedicto XVI, que la bendijo, y después al altar. Sor Tobiana fue la persona que escuchó sus últimas palabras el 2 de abril de 2005: "Dejadme ir a la casa del Padre".

El relicario tiene forma de ramas de olivo y contiene un frasco con sangre de Juan Pablo II -una probeta de hospital- extraida pocos días antes de su muerte para estudiar la posibilidad de una transfusión que nunca llegó a realizarse. Se mantiene líquida debido al anticoagulante usado en el momento de la extracción.

Después de que dos niñas depositaran flores blancas y amarillas ante la reliquia de Juan Pablo II, el cardenal vicario de Roma agradeció a Benedicto XVI la beatificación.

Después de la ceremonia de beatificación los peregrinos podrán venerar los restos de Juan Pablo II y no se cerrará la basílica de San Pedro "hasta que no haya pasado el último peregrino", según confirmó el padre Federico Lombardi.