Centenares de miles de personas, miles de ellas polacas, asistirán el 1 de mayo en el Vaticano a la beatificación del Papa polaco Juan Pablo II, cuyos restos mortales serán expuestos a la veneración de los fieles en la basílica de San Pedro ese mismo día.

Serán tres días de celebraciones, que comenzaran el 30 abril con una vigilia en el Circo Massimo de Roma, dividida en dos partes. La primera, "Celebración de la Memoria", comenzará con una procesión de la imagen de Maria Salus Populi Romani, la patrona de Roma.

Después intervendrán el que fuera secretario particular de Juan Pablo II y actual cardenal de Cracovia, Stanislaw Dziwisz; su antiguo portavoz durante 22 años, el español Joaquín Navarro Valls, y la monja francesa Marie Simon Pierre, cuya curación, de manera inexplicable para la ciencia, de la enfermedad de parkinson ha abierto las puertas a la beatificación de Karol Wojtyla.

Los Coros de la Diócesis de Roma y la Orquesta del Conservatorio de Santa Cecilia cantarán en la vigilia.

La segunda parte será la "Celebración de los Misterios Luminosos del Santo Rosario", que fueron introducidos por Juan Pablo II durante su papado.

El rosario se recitará en conexión directa con cinco santuarios marianos de todo el mundo: el de la Virgen de Guadalupe, en México; Fátima en Portugal, Lagniewniki en Polonia, Kawekamo-Bugando en Tanzania y Notre Dame del Líbano, a los que estaba muy ligado el Papa Wojtyla.

Al final el Papa Benedicto XVI, que regresará de la residencia de Castel Gandolfo, donde ha pasado unos días de reposo, impartirá la bendición apostólica desde el Vaticano.

Una vez concluida, las personas que lo deseen podrán acudir a ocho céntricas iglesias de Roma que estarán abiertas toda la noche en la llamada "Notte bianca di preghiera" (la noche blanca de los rezos).

A las cinco de la mañana del 1 de mayo se permitirá el acceso a la basílica de San Pedro del Vaticano, donde a las nueve de la mañana y durante una hora los fieles se prepararán para la ceremonia de beatificación, que comenzará a las 10.00 hora local (08.00 GMT) presidida por Benedicto XVI y concelebrada por numerosos cardenales.

Ochocientos sacerdotes repartirán la comunión en la plaza de San Pedro y la Vía de la Conciliazione, donde serán colocadas 14 pantallas gigantes de televisión para que los miles de fieles puedan ver el momento en que el Papa Ratzinger eleva a la gloria de los altares a su antecesor, el primer Papa polaco de la historia de la Iglesia.

Concluida la misa, el Papa y los cardenales entrarán en la basílica de San Pedro para venerar a Wojtyla, cuyo féretro será sacado de la actual tumba el día 29 y colocado delante del altar mayor.

Después todos los fieles podrán venerarlo. La basílica permanecerá abierta mientras haya fieles. Sólo se cerrará el lunes 2 durante la Misa de Acción de Gracias que oficiará en la plaza de San Pedro el cardenal secretario de estado, Tarcisio Bertone.

Después, todos los fieles que quieran podrán acercarse hasta el féretro para rendir homenaje al Papa que guió a la iglesia durante casi 27 años (1978-2005) y la introdujo en el tercer milenio.

Miles de botellas de agua y alimentos básicos serán distribuidos entre los fieles, informó la diócesis de Roma.

Paralelamente, los fieles podrán visitar las numerosas exposiciones sobre el Pontificado de Wojtyla y su persona instaladas en Roma.


Las librerías exponen decenas de libros escritos para la ocasión y discos, entre ellos un cd con composiciones inéditas que acompañan plegarias, homilías, salmos y discursos de Juan Pablo II en seis idiomas, titulado "Tu es Christus".

El álbum tiene trece temas, nueve con la voz del Papa Wojtyla. Otros son interpretados por el tenor español Plácido Domingo, el italiano Andrea Bocelli y el grupo irlandés The Priets.

Calendarios, pañuelos con la imagen de Juan Pablo II, etc... se prodigan en estos días en la Ciudad Eterna, donde también se han proyectado películas sobre Wojtyla, la última "Peregrino vestido de blanco", del polaco Jarsolaw Szmidt.

El filme fue proyectado en el Vaticano con la presencia de Benedicto XVI, quien al final de la misma dijo que Juan Pablo II fue un gran contemplativo y un gran apóstol de Cristo.

"Dios lo eligió para la sede de Pedro y lo conservó durante largos años para introducir a la Iglesia en el tercer milenio. Con su ejemplo nos guió en la peregrinación por el mundo y ahora nos acompaña desde el cielo", dice Ratzinger.