La virtud de llegar a todos junto con la capilaridad y el realizar su labor de manera efectiva son las características que mejor definen a la acción pastoral que lleva a cabo la Iglesia.

Sólo en los cuatro países afectados por el ébola –Guinea, Nigeria, Sierra Leona y Liberia–, el número de clérigos católicos asciende a 11.835.

Es un número bastante elevado si tenemos en cuenta que la población católica en estos cuatro estados es el 12% del total gracias a Nigeria, en el que el 13,3 por ciento de los ciudadanos son católicos.

Ni en Liberia, ni en Sierra Leona, ni en Guinea el número de católicos supera el 6%. En Guinea son apenas el 2,6%. 


Estos misioneros no hacen sino seguir las palabras del propio Jesucristo: «Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19).

Y conforme a este dictado actúan todos estos «Migueles» en el África occidental poniendo en riesgo su propia vida, como queda patente con el ejemplo del religioso de La Iglesuela.


En el total de África, el 23,14% son católicos, lo que en datos totales se traduce en más de 205 millones de católicos, cifras que aumentaron un 29% entre 2005 y 2012, según refleja el último Anuario Pontificio publicado por el Vaticano. Lo que los datos reflejan es que en África el cristianismo es acogido con entusiasmo gracias a la labor de estos religiosos.

Agradecen los habitantes de África la ayuda prestada por todos los religiosos que llegan allí donde no llegan ni los gobiernos ni las ONG. Un continente marcado por la pobreza, sacudido continuamente por guerras, la mayoría de ellas civiles, donde abundan los abusos a niños y mujeres, no se respetan los derechos humanos y la esperanza de vida no llega ni a los 50 años.

La Iglesia ha abierto en África, gracias a la labor de sus enviados, miles de escuelas para paliar los altos grados de analfabetismo existentes en el continente, también hospitales, imprescindibles debido al precario estado higiénico-sanitario de muchos países africanos, centros de formación agrícola y nuevas parroquias, con las que gracias a su gran capilaridad llegar a toda la población.

También, los «Migueles» ayudan a canalizar las ayudas en forma de alimentos que cada año llegan desde proyectos como los de Manos Unidas.

El padre Miguel Pajares, dentro de los 11.835 clérigos del África azotada por el ébola, forma parte de los 1.065 sacerdotes religiosos.

En Liberia son 21 los que tienen su misma misión, 66 en Sierra Leona y 22 en Guinea. El país que alberga más sacerdotes religiosos no diocesanos dentro de estos países en los que el ébola es una epidemia es Nigeria, con 956, el país de estos cuatro en el que más influencia tiene la religión católica.