Sor Hortensia Perosanz, misionera de la Inmaculada Concepción de Castres, que tiene 76 años y lleva 53 de misión en Senegal, se indignaba cuando veía en África escenas lamentables, de mujeres que recorrían grandes distancias para buscar agua mientras sus hombres holgazaneaban o se emborrachaban tumbados bajo un árbol.

Cuando ella empezó a educar y formar a las mujeres, sus hombres se sintieron molestos. Pero ella respondió: "Vosotros, ¿por qué no os ponéis a trabajar? No tenéis agua para el campo: ¿por qué no hacemos un pozo?".

Los primeros 40 pozos

Comenzaron a recopilar donativos con los que fueron construyendo, uno a uno, hasta 40 pozos. «Cambió por completo la vida en el pueblo», explica la veterana misionera a José Calderero de Aldecoa, en Alfa y Omega.

«Todas las familias hicieron un huerto», lo que contribuyó a un aumento de su nivel económico: «antes no tenían casi ingresos y tenían que malvender el mijo para poder comprar un poco de petróleo para las lámparas. El agua aumentó considerablemente las cosechas, los ingresos por la venta de los productos y así las familias podían hacer frente a los gastos de la casa y del colegio más fácilmente».

Por otro lado, las mujeres ya no tenían que dedicar tiempo a la tediosa y extenuante tarea de ir a por el agua y los hombres abandonaron la sombra para entregarse al cultivo. «Ahora los niños ven a sus padres trabajar, eso también educa y les podemos exigir que ellos también trabajen en la escuela», afirma sor Hortensia.

Ya ha impulsado la construcción de 200 pozos por todo Senegal y algunos ya la llaman "la monja pocera". Pronto se sumarán otros 50 en la zona de Sangué, donde actualmente reside la religiosa. «Aquí cuesta más trabajo excavarlos. Hay muchas más rocas en el suelo y es una labor que hacen a mano. Ahora nos cobran 50.000 francos por metro cuando en M’bour pagábamos solo 6.000», asegura.

Una escuelas para cristianos y musulmanes

El programa al que más esfuerzo dedican en la actualidad las cuatro religiosas de la comunidad de Sangué es a la escuela, donde reciben diariamente a cerca de 160 niños. «En este pueblo faltaba la educación. Hay una escuela pública, con la que nos llevamos bien, pero están siempre de huelga y no tienen la misma seriedad. Nos ha dado muchas alegrías, sobre todo porque ha contribuido a normalizar las relaciones entre los musulmanes y los católicos», asegura Perosanz.

Pero si todos estos proyectos han podido salir adelante, así como el dispensario médico y la casa de acogida para voluntarios que también regentan las religiosas de la Inmaculada Concepción de Castres, ha sido por su propio esfuerzo, el de su congregación y la constante ayuda económica que «me ha brindado Manos Unidas en todas las misiones en las que he estado. Me han ayudado muchísimo».

Manos Unidas sigue ayudando a las misioneras

Ahora, desde la ONG católica han vuelto a responder a la petición de ayuda de la monja pocera. El objetivo es «construir las dos clases que nos faltan para completar el ciclo escolar y poder entregar a nuestros alumnos el certificado escolar», explica la religiosa. La construcción se financiará gracias al acuerdo de colaboración entre la radio española Cadena 100 y Manos Unidas, que decidieron destinar al proyecto parte de la recaudación obtenida de la venta de entradas del concierto solidario La noche de Cadena 100 2019, que se celebró el pasado 23 de marzo.