Será una de las batallas más importantes por lo que representa a la que se enfrentará la Iglesia en los próximos años. Y curiosamente para esta lucha se está encontrando a su lado a viejos enemigos que durante décadas han perseguido y atacado a los católicos.

Es la lucha por el domingo. Cada vez más gobiernos se están planteando que este día deje de ser de descanso para que sea un laborable más. Lo hacen en nombre de una libertad económica y empresarial que socava un derecho concedido al hombre hace siglos. Incluso en el Génesis ya se habla de que al séptimo día Dios descansó y la antigua tradición judía ya tenía la costumbre de descansar un día del trabajo para honrar a Dios.


En el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia aparece que “los creyentes, durante el domingo y en los demás días festivos de precepto, deben abstenerse de ‘trabajos o actividades que impidan el culto debido a Dios, la alegría propia del día del Señor, la práctica de las obras de misericordia y el descanso necesario del espíritu y del cuerpo”.

Además, añade este importante texto que “los cristianos deben esforzarse, respetando la libertad religiosa y el bien común de todos, para que las leyes reconozcan el domingo y las demás solemnidades litúrgicas como días festivos”.


Esta tradición puede tener fin y en numerosos países la batalla está servida. En Alemania, por ejemplo, donde los empresarios están pidiendo que se abra los domingos, el descanso está blindado constitucionalmente. En el artículo 139 se dice textualmente: “El domingo y los días reconocidos oficialmente quedarán protegidos por ley como días de descanso laboral y de recogimiento espiritual”. Y se cumple a rajatabla.



Sin embargo, hay en otros países donde esta protección no está tan clara y donde el domingo como día de descanso corre verdadero peligro. Es el caso de Francia, donde el nuevo presidente, el liberal Macron, pretende impulsar una reforma que desemboque en el fin del domingo tal y como lo hemos conocido.

Ante esta situación, el sindicato CGT, el más grande del país, y tradicionalmente vinculado al Partido Comunista, ha realizado una campaña publicitaria para concienciar en contra del trabajo dominical. Miles de carteles han sido puestos en marquesinas y otros lugares por todo el país. Seis tipos fueron distribuidos: unos padres, un joven, estudiantes…y un sacerdote.


Particularmente llamativa ha sido la del sacerdote en un cartel del sindicato procomunista. En él, aparece un joven vestido supuestamente de sacerdote y un texto que dice: “él tiene que trabajar en domingo, tú no”. Con esto querían hacer un guiño a los católicos y su defensa del carácter sagrado del domingo.

La imagen fue muy compartida en las redes sociales en los ámbitos católicos, en general con muy buena acogida, destacando que en este asunto pueden ir de la mano comunistas y cristianos.

En declaraciones a Le Figaro, los creadores de esta campaña revelaron por qué incluyeron un sacerdote. Varios jóvenes les habían hecho llegar que preferían ir a misa en domingo a trabajar. Lo consideraron como un argumento representativo para una parte de la sociedad. Desde la dirección de la CGT aseguraron que este sindicato “asume plenamente la visión de la Iglesia sobre este tema”.


Además, agregaban que el domingo debe ser un tiempo para la familia y la sociedad por lo que "el domingo dominical es sagrado” y debe ser respetado “por razones religiosas y no religiosas”.



Este guiño ha sido bien recibido por los católicos franceses aunque varios sacerdotes han querido matizar el contenido del anuncio del sindicato. Es el caso del Padre Grosjean, de la diócesis de Versalles, que ve buena voluntad pero que destaca que la vestimenta del joven que hace de sacerdote no es la que se utiliza. Pero sobre todo, hace una matización: los sacerdotes no están obligados a trabajar, sino que libremente deciden servir. Y bromeando, se dirigió al sindicato por las redes sociales ofreciéndoles su asesoramiento en materia de vestimenta para la próxima ocasión.


Este debate sobre el domingo también ha estado presente en los últimos años en España e incluso varios obispos se han manifestado al respecto tras las iniciativas de diferentes gobiernos autonómicos.

Durante una Eucaristía retransmitida en La 2 de Televisión Española en 2012, el obispo de Alcalá, monseñor Reig Plá, defendía que los domingos “son días de fiesta y de liberación, son para el Señor, para la familia, para visitar a los enfermos, para el descanso”. Y por ello, recordaba que “todos los horarios de trabajo tienen que ser compatibles con la vida familiar y y con la santificación de los días festivos y el domingo”.

En 2014, el actual arzobispo de Zaragoza, entonces en Santander, monseñor Vicente Jiménez, dedicaba una carta pastoral entera a este asunto. A pesar de las “presiones económicas, políticas y de la liberación de horarios comerciales”, los poderes públicos “deben asegurar a los ciudadanos” un tiempo destinado al descanso, porque el hombre no está hecho “sólo para trabajar, sino también para descansar”, aseguraba.

Este obispo consideraba que una mentalidad que “reduce al hombre a pura “economía” se puede preguntar: “¿Cuánto nos cuesta el domingo?” Esta pregunta -agrega- es ya, en sí misma, “un ataque decisivo” a esta jornada de descanso, pues el domingo es precisamente, domingo, porque “no cuesta nada y no aporta nada en sentido económico”. Tiene el “valor de la gratuidad”, que es “fundamental” en la vida; ya que “lo que más vale siempre es gratuito”, precisa.