Hace unas semanas, el arzobispado de Oviedo, que pastorea a un millón de católicos en Asturias, decidió no autorizar unas jornadas pastorales organizadas por la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza y Escuelas Católicas (FERE-CECA) que iban a tener lugar en el auditorio de Oviedo los días 25 y 26 de enero. 

Las razones las explicó en una nota oficial: que muchos profesores católicos dudaban de "la funcionalidad de las mismas, así como en base a algunos de los
contenidos enunciados en el programa y de varios de los ponentes
que figuran en el mismo".

Y es que, efectivamente, algunos de los ponentes invitados destacaban por su reconocida heterodoxia doctrinal.

El arzobispo, Jesús Sanz Montes, que además de ser franciscano ha trabajado varios años en la delegación sobre religiosos de la Conferencia Episcopal, recordaba en la nota que "las jornadas, al tener un carácter pastoral, están sometidas a la autorización del titular de las Iglesia en Asturias que no ve conveniente su celebración". Y la FERE suprimió el encuentro.


Unos días después, el arzobispo recibió a las autoridades de los religiosos de la enseñanza en la región y "en un ámbito de cordialidad y de comunión eclesial" les explicó la "improcedencia de algunos de los temas del programa, así como de los ponentes que lo integraban" y les animó a realizar unas jornadas en este mismo curso académico "pero con un temario e intervinientes establecidos de mutuo acuerdo y no manera unilateral". Los religiosos asturianos explicaron que habían recibido el programa ya cerrado desde la central nacional de FERE-CECA.

El caso se ha visto en España como un ejemplo de obispo que "supervisa", y es que "epískopos" en griego significa "supervisor, el que observa a su alrededor". En ReL hemos querido hablar con el arzobispo Sans Montes sobre lo que significa ser obispo, "supervisor", en el siglo XXI.


- El Concilio Vaticanos II en sus textos insiste en que todos los obispos somos corresponsables y pastores, juntos, de toda la Iglesia universal. Y el Papa, más, como pastor universal. Es cierto que, además, cada uno tiene encomendada una diócesis concreta. Pero en nuestra época globalizada lo que hacemos, bueno o malo, puede tener repercusión en todo el mundo. Por ejemplo, si no intervienes a tiempo. Las herramientas de comunicación pueden ayudar a un obispo a saber lo que sucede: nos permiten observar... y también ser observados.


- Yo hace tiempo que soy "tuitero" y también estoy en Facebook. Antes un obispo se expresaba básiacmente con homilias y cartas pastorales, largas. Hoy eso sigue existiendo, pero también hemos de saber hacer un "tuit", ser breves, inmediatos.. y decir algo que valga la pena.


- Claro, nos pasa a todos. Sabes que te verán, te escucharán... pero también te arriesgas a ser insultado, y lo asumes. Sí, hay quien usa esa vulnerabilidad para intentar hacerte daño. Pero creo que vale la pena soportar ese 20% grosero por el 80% restante que no es agresivo.


- Bueno, ¡hay ovejas de todos los colores! En realidad, el obispo tiene que apoyarse en sus colaboradores, no por comodidad sino para compensar las propias limitaciones. Con tus ayudantes rezas, disciernes, analizas... A través de ellos llegas a la gente. Son el báculo fraterno del obispo; aportan sus ojos, te dan eco desde su vicaría, que a lo mejor está lejos, en la montaña. Es la única forma.


- No hay protocolos rígidos, pero el Evangelio establece una actitud. Para empezar, un cristiano no debe ser "acusica", no ha de tener esa mentalidad del "pues ahora me chivo", como dicen los niños. Pero el Evangelio sí pide que se practique la corrección fraterna. Si un hermano te escandaliza, dice Jesús, háblalo primero con él a solas. Si no te hace caso, háblalo otra vez con él y con un testigo.

Lo más noble es ir a la persona y decirle: "esto me ha escandalizado, pido una clarificación". Si no te atiende y te llama retrogrado (¡o demasiado avanzando!), insiste con un testigo. Y si no basta, la Palabra pide "ir a la comunidad". Que no es un plebicito, sino el obispo.


- Yo recibo cartas y, a veces, mi secretario recibe llamadas. Por lo general, si alguien va directo al obispo, aunque no es lo mejor, lo comentamos con colaboradores y lo valoramos. Ojo, las denuncias anónimas en los episcopados suelen ir a la papelera, excepto si tratan temas potencialmente serios, que lo guardas en "asuntos reservados" por si luego llegasen más datos que le fuesen dando confirmación. Pero no es recomendable escribir anónimos: ¿cómo vamos a contestar a un anónimo? Pero si nos indican los datos de contacto, y si es importante, les llamamos. Si dicen: "El otro día en la misa se omitió tal cosa...", bueno, eso lo comentamos con el párroco o el vicario, tiene cierta importancia, pero no es un escándalo público grave.


- Propiamente, no. El obispo "episcopea", supervisa, a todo el pueblo de Dios. Es verdad que con el cura diocesano y las parroquias hay más relación y trato. Mi experiencia es que cuando he tenido que intervenir ha sido con la misma claridad en unos que en otros.


- ¿Hay más heterodoxia entre los religiosos que entre curas y laicos en España?
- Yo no lo veo así. Cuando hay un desencuentro, claro, salta a los medios. Pero cuando no hay resistencia, no es noticiable, y no salta. En España hemos hecho un recorrido de serenamiento y comunión filial los últimos años, pero aún tenemos algunas escenas tristes. Algunos quieren escenificar que los obispos somos como una patronal frente a la central sindical. Esa vision no es justa ni eclesial. El ambiente en España, en conjunto, en la vida religiosa, ha hecho un camino positivo de sensatez y de estar centrados, de vivir una relación de comunión sabiendo que los obispos, sucesores de apóstoles, tienen esta responsabilidad de supervisar. No somos unos gendarmes, sino unos padres y pastores. Acompañamos, vigilamos, a veces corregimos; y, otras veces, alabamos y agradecemos.


- Pues que ese "obispo de al lado" tiene un problema. El Señor nos pedirá cuentas de nuestros pensamientos, palabras, acciones y omisiones, también a ese obispo. Cuando Dios llama a través del sucesor de Pedro para ser obispo, se adquiere una responsabilidad. Un obispo así daría un mensaje confuso, crearía un agravio comparativo, habría peligro de que se etiquete a unos y a otros. Prudencia, caridad y responsabilidad. Ese obispo puede ser imprudente al no actuar.


- Puede que un obispo -en casos muy serios y difundidos- haga algún comentario suave: "oye, me ha sorprendido lo que hicisteis el otro día". En temas graves los arzobispos metropolitanos tenemos el deber de advertir a los obispos de nuestra región. Pero no sería para dar nuestra opinión, sino para defender una verdad o un derecho de la Iglesia. Sólo el Papa puede amonestar, pero es competencia del metropolitano comentar estas cosas graves a un obispo de su región. Esto es algo excepcional, que apenas se da. Lo que sí se da, lo normal, es que cuando nos juntamos los obispos de una región tratemos juntos de problemáticas comunes, que recemos juntos y nos ayudemos.