El sacerdote Matthew Keller ha conseguido que la que había sido su pasión desde niño y que tuvo que dejar al ingresar en el Seminario sería años más tardes un regalo del cielo para su diócesis, ayudando a los seminaristas y propiciando el encuentro con los alejados.

En estos momentos, este sacerdote es vicario general y rector de la catedral de la Diócesis de Gallup, en Nuevo México, definida como la más pobre de Estados Unidos y que comprende varias reservas indias.

Desde niño,  el padre Keller ayudó a su padre a restaurar coches antiguos, lo que acabó convirtiéndose en su gran pasión. A los 15 años compró él mismo su primer coche antiguo y lo restauró. Pero a los 30 dejó todo para ser sacerdote y ahora muchos años después la ha recuperado para ayudar a la iglesia local.


La diócesis de Gallup es muy grande geográficamente pero la comunidad católica apenas llega a 63.000 personas.
En total, 52 parroquias y 22misiones para un total de 34 sacerdotes diocesanos. Muchos de estos católicos viven en la gran reserva Navaja. Pero es que además la diócesis está en bancarrota debido a las indemnizaciones que ha tenido que pagar a víctimas de abusos sexuales de algunos clérigos durante el pasado.



Esta situación ha provocado que no haya dinero para poder pagar la formación y sostenimiento de los seminaristas. Y así fue como al padre Keller se le ocurrió la idea de restaurar un Chevrolet Chevelle de 1972 y rifarlo.


La rifa “V8 for Vocations” destinaría el dinero recaudado a pagar los gastos de formación de los cinco seminaristas. Fue un auténtico éxito. Se vendieron miles de boletos y se recaudaron 140.000 dólares.

El éxito le llevó a restaurar otro automóvil, un Pontiac Firebird de 1969, y se rifó consiguiendo recaudar 100.000 dólares. El plan es ahora intentar restaurar y rifar un coche clásico por año y así seguir ayudando al Seminario.


“Pensé que había dejado el hobby de los automóviles atrás y que conduciría un Honda Civic el resto de mi vida pero ahora puedo ver que fue Dios el que me dio habilidades con los automóviles. Nada se desperdicia y Dios siempre tiene un plan”, asegura este sacerdote al semanario Our Sunday Visitor.



Pero además, el “V8 for Vocations” ha tenido unas consecuencias inesperadas pues los hechos han demostrado que se ha convertido en un programa de evangelización. “Los hombres que no habrían entrado por la puerta de una iglesia lo hacen por la puerta de atrás”, afirma, pues “van a trabajar en un automóvil y empezamos a hablar de cosas espirituales. Es algo que nunca hubiera esperado”.


Para las restauraciones, el padre Keller sabía que necesitaba voluntarios y se han ido sumando personas católicas y no religiosas, que además no conocía. Uno de ellos es Ted Gonzales, dueño de una tienda de recambios, que recordó que la primera vez que vio entrar al sacerdote en la tienda vestido con sotana pensó que no tenía ni idea de coches.  Ahora es su más fiel colaborador.

De hecho, Gonzales se ofreció a conseguir más voluntarios. “Me soprendió lo que ha resultado ser un proyecto que ha llevado a hacer una comunidad. Los chicos hablamos, interactuamos, nos conocemos y pasamos un buen rato”.




Uno de los miembros de este grupo es Brandon, al que padre Keller conoció cuando acudió junto a su novia para preparar los papeles para casarse por la Iglesia. Hablaron y pronto vieron que compartían afición por los coches.

“Cuando le dije que construía motores, me pidió que le ayudara”, cuenta este joven. Y la experiencia ha sido “fantástica. Me alegra poder usar un talento que Dios me dio y hacer algo bueno con eso”.

Además, negocios locales están ofreciendo su ayuda e incluso un taller de carrocería se ha ofrecido a pintar gratis el coche. El sacerdote confiesa que ha aprendido mucho de este proyecto, sobre todo lo generosa que puede ser la gente para apoyar una causa digna. Además, afirma que esta generosidad será una fuente de inspiración para los seminaristas. Y la gran lección que ha aprendido es que “Dios puede usar todos nuestros dones, sean los que sean, para el reino de Dios”.