En el mundo miles de cristianos sufren persecución y son asesinados por su fe. El reciente ataque a una iglesia en Nigeria durante la misa de Pentecostés que dejó decenas de muertos muestra el martirio que padecen una parte de los creyentes.

Pero en varias ocasiones Francisco ha hablado de otro martirio distinto al de sangre. Lo ha denominado “martirio blanco”. En este caso los cristianos no son asesinados por su fe, pero sufren otro tipo de persecución, sin heridas físicas aparentes. En una audiencia a la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, el Papa se refería a él asegurando que se produce “en los países democráticos, cuando la libertad religiosa se ve limitada”. Y recalcó que “este es el martirio blanco cotidiano de la Iglesia en estos momentos".

¿En qué se traduce? En ataques a las expresiones públicas de fe, a la marginación, a la ridiculización de las creencias o devociones populares, la censura a su libertad de expresión. Y todo acaba llevando al silenciamiento y ahora con la cultura woke, a la cancelación de la vida pública.

Todos estos ataques, unos más sibilinos, otros más directos e incluso algunos a través de leyes tienen una consecuencia más: el miedo de muchos cristianos y la “autocensura” que se imponen para no ser expulsados socialmente.

A esta conclusión ha llegado un exhaustivo estudio realizado por el Observatory on Intolerance and discrimination against christians in Europe (OIDAC Europe), el Observatorio de la Libertad Religiosa en América Latina (OLIRE) y el Instituto Internacional para la Libertad Religiosa (IIRF).

El estudio se ha centrado en las entrevistas a un nutrido grupo de cristianos de dos países europeos, Francia y Alemania; y dos hispanoamericanos, Colombia y México.

El informe se titula Percepciones sobre la autocensura: confirmación y comprensión del ‘efecto intimidatorio' e intenta responder a una clara pregunta: “¿qué es la autocensura y cómo afecta a los cristianos en su vida diaria?”.

España ha modificado el Código Penal para facilitar a las clínicas abortistas el denunciar a los grupos provida que se acerquen a ellas, aunque se limiten a rezar en silencio a cierta distancia. En realidad, se castigan los "actos molestos, ofensivos, intimidatorios o coactivos que menoscaben la libertad". Es difícil -aunque no imposible- que un juez considere así una oración en la calle, pero muchos cristianos pueden asustarse y autocensurarse.

Tras entrevistar a cristianos practicantes de estos países llegan a la conclusión de que el “efecto intimidatorio” y como consecuencia, la autocensura, es algo muy real entre los creyentes poniendo de manifiesto los efectos negativos que la intolerancia tiene sobre la libertad de expresión de los cristianos que viven su fe activamente.

El coste social a pagar por ser cristiano

Madeleine Enzlberger, directora Ejecutiva de OIDAC Europe, explicó en la presentación del informe que “uno de los hallazgos más preocupantes y trágicos de este informe es que si los costes sociales de seguir tu creencia y expresarla se vuelven demasiado altos, la gente finalmente abandonará su creencia. Y son especialmente las personas más jóvenes y sin educación cuya fe está en riesgo aquí”.

Por su parte, Friederike Boellmann, una de las tres autoras de este estudio recalcó que las opiniones recabadas no trataban de casos judiciales ni de persecución directa, pero alertaba de lo siguiente: “cada persona que entrevisté había notado un cambio en el clima de opinión. También fue sorprendente encontrar que el caso alemán revela que las universidades son el entorno más hostil. Y el mayor grado de autocensura lo encontré en mi investigación en el ámbito académico”.

En muchos aspectos estos hechos se producen también en países como España. Para el informe Francia y Alemania fueron elegidos como ejemplos de estados europeos con un grado avanzado de secularización. España, por su parte, no aparece pero avanza rápidamente hacia ellos. Por su parte, también explicaron que México y Colombia se enfrentan a desafíos muy similares a los de los países europeos.

En el caso de Francia y Alemania, los autores señalaron que el "efecto intimidatorio" fue causado principalmente por la mentalidad cultural, más que por el panorama legal actual.

Teresa Flores, directora del Observatorio para la Libertad Religiosa en América Latina (OLIRE) indicó en la presentación centrándose en los dos países americanos: “podemos decir que el fenómeno de la autocensura no solo se configura cuando un cristiano no manifiesta abiertamente su fe y sus convicciones religiosas, sino que también se refiere a situaciones en las que los cristianos no pueden expresar sus puntos de vista basados ​​en la fe sobre temas controvertidos. La investigación revela que la presión social también es un factor muy influyente de autocensura”.

Flores añadió: "conocemos los casos judiciales, las amenazas, etc. Sabemos de dónde viene la intolerancia secular, sabemos cómo se manifiesta, pero no sabemos su intensidad. Nos cuesta abordar su alcance y tratar de determinar cómo afecta a la Iglesia ya la vida cristiana. El problema con la intolerancia secular y con la autocensura es que ocurre con mucha frecuencia pero en pequeña escala. Pero todos esos pequeños incidentes se suman. Y ahí es cuando podemos usar esta analogía de ‘muerte por mil cortes’. Un pequeño corte no te mata, pero mil cortes sí. Puede dañar la libertad religiosa”.

“Una de las preguntas más comunes que nos hacen es del tipo ‘¿Puedo decir X?’; ‘¿Es legal para mí expresar un punto de vista cristiano sobre el aborto o la sexualidad y el género?’. Y los cristianos informados se preguntan esto con bastante seriedad: ‘¿Existen leyes que nos impidan expresar una opinión cristiana sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo o sobre el género?’. Ese es el nivel de autocensura que hemos alcanzado, donde la gente piensa que de alguna manera debe estar contra la ley expresar estos puntos de vista, y por supuesto que no lo es”, expresó Simon Calvert, del Christian Institute (Reino Unido) hablando sobre su experiencia.

En realidad esta deriva se está produciendo en mayor o menor medida en todo Occidente. Paul Rowe, profesor de Estudios Políticos e Internacionales en la  Trinity Western University, en Canadá, confirmó que su país no es una excepción.

De este modo, llegó a la conclusión de que “la libertad de religión y de creencia no son un complot político de ningún tipo, asociado con un solo tipo de creencia o religión, pero es un valor que debe ser sostenido por todos sin importar su religión o creencia, o la falta de ella”.

Sin embargo, Madeleine Enzlberger hizo un llamamiento a no desanimarse: “estos hallazgos no deberían conducir al miedo, la división o el resentimiento, sino más bien a una mejor comprensión de cuánto necesitamos una sociedad plural”.

Puedes leer aquí íntegro (en inglés) el informe realizado sobre la "autocensura" de los cristianos.