El 17 de enero de 2023, el doctor e historiador Javier Paredes aterrizaba en el convento de Cristobaldegui (San Sebastián, Guipúzcoa), uno de los 19 fundados por Sor Patrocinio. Aquella visita se presentaba como una más "de archivo" para investigar y visitar así uno de los pocos lugares vinculados a la religiosa fallecida en 1891 a la que Paredes ha dedicado buena parte de su vida a investigar. Lo que no esperaba era que a su salida, las religiosas le cederían el mayor "banco" de reliquias de su fundadora, en torno a 44, todo un vestigio de las llagas, estigmas y heridas de la pasión de Cristo que acompañaron a la religiosa durante más de 60 años.

Lo que en un principio fue para el investigador una "gran ilusión y emoción", pronto se convirtió no solo en la posibilidad de contribuir a la causa de beatificación de la religiosa, sino también en la responsabilidad de desmentir decenas de mitos y falsedades atribuidos a Sor Patrocinio incesantemente hasta nuestros días.

Como historiador, Paredes ya tenía las "mil palabras", pero ahora disponía de algo que valía más, "una imagen". O más concretamente, 44, todas ellas plasmadas en la única monografía existente sobre las llagas de Sor Patrocinio publicada por la editorial San Román

La leyenda negra: "Farsante, teatrillo y masoquista"

La miríada de acusaciones y leyenda negra vertidos sobre Sor Patrocinio ha sido refutado anteriormente con argumentos propiamente históricos. El mayor de ellos habla de la religiosa como una impostora, "la mayor farsante del reino" según autoridades y gobernantes del XXI, que afirman que las llagas, estigmas y heridas de la monja eran solo "teatrillo", falsas, provocadas y en ningún caso sobrenaturales. En todo caso, serían fruto del supuesto "masoquismo" de la religiosa con la intención de obtener influencia religiosa en la corte.

Pero lo que vio Paredes al encontrar las reliquias excluía esta visión por completo: o eran irremediablemente inventadas o todos ellos mentían.

Según las fuentes que maneja el historiador, la primera llaga que se imprimió en el cuerpo de la religiosa fue el 30 de julio de 1829, en el costado. "El resto" tuvo lugar un año después, entre el 18 y el 19 de mayo de 1830, cuando tenía 18 años de edad y aún era novicia. Le acompañarían hasta el mismo día de su muerte, el 27 de enero de 1891, durante más de 60 años.

Puedes conseguir aquí "Las llagas de Sor Patrocinio" (San Román). 

La leyenda negra de Sor Patrocinio también dice de ella que aprovechó estas llagas para aumentar la notoriedad e influencia que ya tenía en la Corte así como en otros entornos. Lo cierto es que, según confirmó Paredes tras consultar miles de documentos, la religiosa apenas habló en vida de sus llagas ni se lamentó o jactó de las mismas.

Isabel II, su "mejor amiga": "Nunca me enseñó las llagas"

Cuando aparecieron, su superiora se enteró únicamente debido a su expresión de dolor al chocarse con ella. Otras religiosas directamente vieron aparecer otras llagas antes que la misma Patrocinio, mientras dormía, como dejó por escrito una hermana, la madre Pilar, en 1829. Incluso la misma reina Isabel II,  "mejor amiga" de la religiosa, afirmó en su lecho de muerte: "Juro ante la imagen de Dios que me ha de juzgar que sor Patrocinio no solo no me enseñó las llagas nunca, sino que nunca me habló de ellas".

Patrocinio, escribe Paredes, "sabía que esos dones no eran suyos sino recibidos, y que por eso no tenía que hacer ningún alarde". Por ello, buscó siempre llevarlos de forma oculta, bajo decenas y decenas de mitones que le tapaban los lugares donde estaban impresas, cabeza, costado, manos y pies.

Pero pese a esta humildad y fortalezas "heróicas", el secreto acabó haciéndose público. Especialmente desde que corrió el secreto entre los madrileños y estos acudían al convento para ver de primera mano el episodio.

En plena guerra carlista, con unos mandos liberales que pretendían hostigar todo lo posible a la Iglesia, las autoridades no podían permitir que Patrocinio se convirtiese en una referencia o esperanza, pero tampoco en una mártir.

La fama de esta novedad, escribía La Revista Española en 1835 en referencia a la aparición de estas llagas, "apenas salió nunca de las paredes del convento. Pero de tres o cuatro meses a esta parte, las continuas funciones que en él se han hecho, la notable concurrencia o la importancia política ha obligado al Gobierno a dar el paso que todo el mundo sabe": Sor Patrocinio fue detenida, pero no enviada a prisión, sino a una casa particular.

Detenida por conspiración... ¿y enviada a un picadero?

En este sentido, un aspecto fundamental para la comprensión de la leyenda negra vertida sobre la religiosa fueron "las bajas pasiones" de algunos gobernantes y cargos liberales. Concretamente de Salustiano Olózaga, gobernador civil de Madrid, ministro de Estado y pretendiente despechado de una Patrocinio que no quería más vida que la religiosa.

Tras su detención, se inició un proceso contra la religiosa por haber participado supuestamente en conspiraciones y tramas carlistas contra el gobierno, lo que sin embargo ni se probó ni recibió el ejemplar castigo que suponía la traición entonces.

Y es que "para conseguir a la mujer, tenía que destruir a la monja", explica el libro: tras su detención, en lugar de ser llevada a prisión, fue dirigida a una "casa particular". Concretamente a la residencia de Manuela Peirote, una "casa de mala fama" que hacía las veces de picadero de los cargos liberales en la que el mismo Olózaga trató de violentar a la religiosa.

La exposición hiper realista de Jesús y las heridas de la pasión realizada en base a la Sábana Santa, The Mistery Man (a la izquierda, la herida del costado), muestra un parecido casi idéntico a la que habría sufrido en el mismo lugar Sor Patrocinio, según queda plasmado en su mitón (derecha). 

"La jugada era perfecta. Los intereses de Olózaga no eran desmontar una imponente trama carlista que de sobra sabían que no existía", sino "separar a Sor Patrocinio de su comunidad", logrando con suerte "dar el golpe definitivo y forzarla a casarse con él", detalla. Ante el rechazo y firmeza de la religiosa, fue golpeada por los guardias y forzada a un primer exilio que se repetiría hasta en cinco ocasiones y en un total de 20 años.

El análisis forense: la sangre, de 8 años después de "la curación"

Fue precisamente durante este periodo, en 1836, cuando Patrocinio fue acusada de impostora y para ello el gobierno de Mendizabal contrató a tres médicos para que afirmasen que como muestra le curarían las llagas, firmando posteriormente un certificado que  anunciaba su curación el mismo año.

Y aquí entran en juego los mitones obtenidos por el historiador en enero de este año. El documento, al estar firmado por autoridades médicas y secundado por el gobierno, solo podía desmentirse con evidencias históricas de las que ya se carecían por el paso del tiempo... hasta la aparición de las reliquias.

Fue entonces cuando Paredes solicitó el análisis de uno de los mitones con restos de sangre a Eurofins Megalab, la mayor organización sanitaria privada existente a nivel nacional en el análisis clínico. El resultado del análisis fue revelador: se trataba de una reliquia de 1844, con la sangre "de una mujer que tiene nombre y apellidos", según concluyeron, ocho años después de que hubiese sido supuestamente "curada" según el gobierno en 1836. Las llagas eran ciertas, y ahora se tenía la evidencia.

"En nombre de la libertad"

Las llagas de sor Patrocinio no pretende ser más que un tomo con una cifra ingente de pruebas, datos y aportaciones en torno a la veracidad de las llagas y estigmas de una religiosa en proceso de beatificación, cuyo hostigamiento se mantiene vivo más de un siglo después de su muerte.

Como entonces, a muchos "les molestan" también hoy "los signos externos de santidad", máxime si son cruentos o dolosos y el caso de sor Patrocinio no es una excepción. Por ello, Paredes se ha comprometido a contribuir a que ese "nombre y apellidos" que busca Eurofins Megalab sea oficialmente atribuido a Sor Patrocinio, lo que solo puede ocurrir con la religiosa en los altares.

Y, por qué no, también a aclarar que la persecución sufrida por la religiosa no fue un casi aislado: si en la España de principios del siglo XIX había 145.628 sacerdotes, religiosos y monjas, tras la firma del Concordato y "la paz" religiosa en 1851, solo quedaban 63.361, según sus datos. Se "perdieron" más de 82.267 vocaciones, y todas ellas concluye, "en nombre de la libertad".