El exorcismo es un sacramental que constituye una antigua y particular forma de oración que la Iglesia emplea contra el poder del diablo. Es por tanto una gran ayuda para los creyentes y está presente de forma simple, por ejemplo, en el rito del Bautismo. El exorcismo solemne llamado “el gran exorcismo” sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo para casos muy concretos en la que la acción del demonio sobre la persona lo requiera. Durante décadas, el cine ha representado, en gran medida, de manera errónea y desviada, lo qué es un exorcismo, generando gran confusión y dudas entre muchas personas.

Índice para saber todo lo que necesitas sobre el exorcismo.

¿Qué es un exorcismo?

¿Por qué es necesario el exorcismo?

¿Qué es la posesión diabólica?

¿Qué diferencia a un exorcismo del sacramento de la confesión?

¿Cuántas clases de exorcismos hay?

¿Quién puede realizar los distintos tipos de exorcismos?

¿Pueden los laicos participar en un exorcismo?

¿Dónde debería realizarse un exorcismo?

¿Qué símbolos rituales se usan en los exorcismos mayores?

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¿Qué es un exorcismo?

Tal y como recoge el Catecismo de la Iglesia Católica, el exorcismo es un sacramental. Los sacramentales son signos sagrados con lo que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con a ella.

Teniendo esto claro, la Iglesia explica que “cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó, de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar. En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne llamado ‘el gran exorcismo’ sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia”.

¿Por qué es necesario el exorcismo?

En la presentación del nuevo ritual exorcismos, en 1999, el entonces prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Medina Estévez afirmaba que “el exorcismo constituye una antigua y particular forma de oración que la Iglesia emplea contra el poder del diablo”. Así, agregaba que “el exorcismo tiene como punto de partida la fe de la Iglesia, según la cual existen Satanás y los otros espíritus malignos, y que su actividad consiste en alejar a los hombres del camino de la salvación”. Y del mismo modo, el purpurado aclaraba que “el influjo nefasto del demonio y de sus secuaces es habitualmente ejercitado a través del engaño, la mentira y la confusión. Así como Jesús es la Verdad, el diablo es el mentiroso por excelencia. Desde siempre, desde el inicio, la mentira ha sido su estrategia preferida. No hay lugar a dudas de que el diablo tiene la capacidad de atrapar a muchas personas en las redes de las mentiras, pequeñas o grandes”.

El padre Amorth, fallecido en 2016, el exorcista más conocido e importante del último medio siglo.

¿Qué es la posesión diabólica?

En la presentación oficial que hizo en 1999 del Nuevo Rito de los Exorcismos, el cardenal Medina Estévez, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, indicó: “La sagrada Escritura nos enseña que los espíritus malignos, enemigos de Dios y del hombre, realizan su acción de modos diversos; entre éstos se señala la obsesión diabólica, llamada también posesión diabólica. Sin embargo, la obsesión diabólica no constituye la manera más frecuente como el espíritu de las tinieblas ejerce su influjo. La obsesión tiene características de espectacularidad; en ella el demonio se apropia, en cierto modo, de las fuerzas y de la actividad física de la persona que sufre la posesión. No obstante esto, el demonio no puede adueñarse de la libre voluntad del sujeto, lo que impide el compromiso de la libre voluntad del poseído, hasta el punto de hacerlo pecar. Sin embargo, la violencia física que el diablo ejerce sobre el obseso constituye un incentivo al pecado, que es lo que él quisiera obtener. El ritual del exorcismo señala diversos criterios e indicios que permiten llegar, con prudente certeza, a la convicción de que se está ante una posesión diabólica. Es solamente entonces cuando el exorcista autorizado puede realizar el solemne rito del exorcismo. Entre estos criterios indicados se encuentran: el hablar con muchas palabras de lenguas desconocidas o entenderlas; desvelar cosas escondidas o distantes; demostrar fuerzas superiores a la propia condición física, y todo ello juntamente con una aversión vehemente hacia Dios, la santísima Virgen, los santos, la cruz y las sagradas imágenes”.

¿Qué diferencia a un exorcismo del sacramento de la confesión?

El exorcismo es una oración que es parte de la categoría de los sacramentales, uno de los signos sagrados instituidos por la Iglesia para santificar diferentes circunstancias de la vida y, por tanto, no pertenecen a los siete sacramentos que instituyó Jesucristo. De este modo, el sacramento de la Penitencia perdona los pecados y reconcilia con la Iglesia, renovando así el Bautismo y concediendo la gracia para luchar contra el mal y crecer en la virtud. Siendo, pues, un sacramental el exorcismo prepara a la persona para recibir la gracia del sacramento.

¿Cuántas clases de exorcismos hay?

Los exorcismos están divididos en dos clases: el exorcismo menor y el exorcismo mayor. Los exorcismos menores son oraciones que se usan para acabar con la influencia del mal y del pecado en la vida de una persona, ya sea un catecúmeno que se prepara para el Bautismo o un miembro de la comunidad de creyentes que lucha por vencer la influencia del mal y del pecado en su vida. Mientras tanto, la segunda clase de exorcismo es la solemne o el "exorcismo mayor", cuyo rito sólo puede hacerlo un obispo o un sacerdote; este último ha de tener un permiso especial y expreso del ordinario local. Esta forma de exorcismo está dirigida a la expulsión de demonios o a liberar a una persona de la posesión demoníaca.

Aunque ambas formas de exorcismo están dirigidas contra el poder del demonio, el Rito de Exorcismo Mayor se emplea solamente cuando existe un caso genuino de posesión demoníaca, a saber, cuando se ha determinado la presencia del demonio en el cuerpo de la persona poseída y que el demonio es capaz de ejercer dominio sobre ese cuerpo.

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¿Quién puede realizar los distintos tipos de exorcismos?

La Conferencia Episcopal de Estados Unidos explica en un documento para los fieles que en el caso de un exorcismo menor es el ministro del sacramento (bautismo) o de la bendición que se celebra. De este modo, aclara que las oraciones que existen en el Apéndice II del Ritual de Exorcismos, Suplicaciones que pueden usar los creyentes en privado durante sus luchas contra los poderes de las tinieblas, pueden ofrecerse por cualquier miembro del clero o de la comunidad creyente.

Sin embargo, el rito de Exorcismo Mayor solamente puede ser realizado por un obispo o por un sacerdote que ha obtenido el permiso especial y expreso del obispo diocesano. En este sentido, un sacerdote puede ser nombrado por el obispo diocesano para el oficio de exorcista, bien de manera estable o para una ocasión en particular. Pero en ambos casos el exorcista debe trabajar bajo la dirección del obispo. El Código de Derecho Canónico establece que el sacerdote que ha sido designado para el ministerio de exorcista debe ser piadoso, conocedor y prudente, y llevar una vida íntegra. Además, debe ser preparado específicamente para este oficio.

¿Pueden los laicos participar en un exorcismo?

En el Rito se recomienda de manera enfática que el exorcista no trabaje de manera aislada, y es ahí donde los laicos pueden tener un papel. El Rito de Exorcismo Mayor debe ser administrado solamente por un sacerdote autorizado o por el obispo. Pero el exorcista lo estima oportuno, los miembros laicos de la comunidad pueden estar presentes en el rito, apoyando de esta manera el trabajo del exorcista con sus oraciones, ya sea orando en silencio o según lo instruya el rito. No obstante, el texto advierte que los fieles laicos no deben decir ninguna de las oraciones reservadas al exorcista, no sólo porque esas oraciones están reservadas a los ordenados que actúan en la persona de Cristo Cabeza, sino también a fin de proteger a los fieles contra un posible daño espiritual. Además, se recuerda que cuando la persona poseída es una mujer debe estar presente al menos otra mujer, por razón de decoro y discreción.

¿Dónde debería realizarse un exorcismo?

El Ritual establece que la norma pasa por celebrar el rito del exorcismo en un oratorio o un lugar apropiado para este tipo de actuación, como podría ser una pequeña capilla, y que además esté discretamente oculta a simple vista. Del mismo modo, considera como algo bueno que el exorcista utilice siempre que sea posible un lugar que se ha dedicado y consagrado para honrar a Dios y no el domicilio de la persona que está necesitada de ayuda espiritual en estos casos.

¿Qué símbolos rituales se usan en los exorcismos mayores?

Además de usar los salmos y las lecturas del Evangelio, y las oraciones exorcísticas, también se utiliza una serie de símbolos en el Rito de Exorcismo Mayor. Para comenzar, se bendice y se asperja el agua a fin de recordar la centralidad de la vida nueva que la persona afligida recibió en su Bautismo y la derrota definitiva del diablo mediante la obra salvadora de Jesucristo. La imposición de manos, así como el soplar sobre el rostro de la persona (insuflación) por parte del exorcista reafirma el poder del Espíritu Santo, que obra en la persona como resultado de su Bautismo y la confirma como templo de Dios. Finalmente, se le muestra la Cruz del Señor a la persona afligida y se hace sobre ella la Señal de la Cruz a fin de demostrar el poder de Cristo sobre el demonio.