Patrick McGoohan (1928-2009) tiene un lugar muy importante en la historia del cine y de la televisión, pero nada comparable al que habría adquirido si hubiese aceptado ser James Bond en la primera película de la serie, Agente 007 contra el Dr. No (1962), un papel que le fue ofrecido antes que a Sean Connery.

En aquel momento empezaba a convertirse en el actor mejor pagado del Reino Unido como protagonista desde 1960 de una serie de televisión de gran éxito, Danger Man, en la que interpretaba a un agente secreto británico que en la intro de cada episodio se presentaba en una forma que hoy nos resulta universalmente familiar: "Mi nombre es Drake, John Drake". ¿Cómo no pensar en él para ser 007?

"Todos los gobiernos tienen un servicio secreto: la CIA, el Deuxième Boureau, el MI5... Cuando hay un trabajo sucio, me llaman a mí o a alguien como yo. ¡Ah, sí! Mi nombre es Drake, John Drake".

Pero uno de los productores de aquel film inaugural de la saga, Alberto R. Broccoli, y el propio novelista creador del personaje, Ian Fleming, se encontraron con la negativa de McGoohan por razones de principio: alegó que James Bond era un mujeriego y un amoral y sus convicciones católicas no le permitían convertirlo en modelo para millones de espectadores.

Elogios artísticos de mucho peso

McGoohan había nacido en 1928 en Nueva York, hijo de padres irlandeses, granjeros de profesión, que siendo él pequeño (ocho años) regresaron a su país. Siempre se tuvo también por irlandés. En 1938 la familia se trasladó a Sheffield, en Inglaterra, donde estudió y desempeñó sus primeros trabajos antes de empezar a brillar como actor.

Decir "brillar" no es exageración. De él opinó Orson Welles, con quien trabajó en 1955 en una versión de Moby Dick, que era "uno de los grandes actores de su generación, tremendo, con todos los atributos exigibles: presencia, intensidad, una incuestionable capacidad para actuar y un brillo especial en sus ojos".

Y ya en la madurez de su carrera, cuando ganó dos Emmys en 1975 y 1990 por su participación como director y actor en varios capítulos de la serie Colombo, Peter Falk (1927-2011), el inolvidable detective de la gabardina desaliñada, le calificó así: "Es el talento más infravalorado y subestimado sobre la faz de la tierra. Jamás he trabajado con un actor que atrajese tanto mi atención como Pat".

Pat McGoohan dirigió varios episodios de la serie Colombo y como actor fue quien más veces repitió como asesino, hasta cuatro. Dada la longevidad de esta producción, que abarca tres etapas (1971-78, 1989-90 y capítulos sueltos desde entonces a 2003), se le vio envejecer paralelamente a Peter Falk.

Mel Gibson no pensó en nadie más para encarnar, ya anciano, al canalla rey Eduardo I en Braveheart (1995), que sería su último gran trabajo en el cine.

En su crítica de la película en The Times, Peter Rainer se fijó en él sin ahorrar elogios: "Patrick McGoohan goza de la que tal vez sea la entonación más villana en la historia de la interpretación".

La responsabilidad de quienes hacen televisión

A lo largo de esa rica carrera cinematográfica, donde fue también productor y director, McGoohan demostró varias veces que le guiaban los principios más que el dinero.


La popularidad de Patrick McGoohan en su papel de Número 6 de la serie futurista "El prisionero"(1967-1968) le llevó a aparecer en un capítulo de "Los Simpson".

En Danger Man impuso que John Drake no llevaría armas ni seduciría a ninguna mujer. La serie británica estuvo en antena hasta 1968 (86 episodios), cuando fue adquirida por unos productores norteamericanos que quisieron introducir persecuciones de coches, tiroteos y escenas de sexo. Uno de los nuevos directores ejecutivos le invitó a comer para explicarle que querían rodearle de chicas glamurosas. La comida duró seis minutos porque él se negó "a un espectáculo sensiblero que pusiese a funcionar a tope la máquina de la publicidad".


Junto a Rock Hudson en "Estación Polar Cebra" (1968), de John Sturges, thriller de la Guerra Fría basado en una novela de Alistair McLean. Fue nominada a dos Oscar.

La brevedad del encuentro no sorprendió a quienes conocían su carácter puntilloso y algo irascible, y su respuesta tampoco a quienes sabían de su elevado concepto de la fidelidad matrimonial. Su biógrafo, Roger Langley, destaca que siempre fue leal a su esposa y antepuso sus obligaciones como marido y padre a las exigencias del trabajo.


A gusto en papeles de héroe pero también de 'malo', McGoohan hizo de alcaide de Clint Eastwood en 'La fuga de Alcatraz' (1979), de Don Siegel.

Tuvo claro desde los inicios lo que no quería hacer en su profesión: "Cuando comenzamos con Danger Man, el productor quería que llevase pistola y tuviese un lío con una chica distinta cada semana. Lo rechacé. No estoy contra el romance en la televisión, pero el sexo es la antítesis del romance".

Y añadió una frase que expresa un sentido de la responsabilidad poco frecuente en su ámbito: "La televisión es una enorme maestra que todo tipo de personas ve a todas las horas del día, y tiene una obligación moral hacia su audiencia".

Enamorado de su mujer

Aunque Patrick consideró ser sacerdote cuando tenía 16 años, en 1951 contrajo matrimonio, tras año y medio de noviazgo, con la actriz Jean Drummond, a quien escribía notas de amor diarias.

Pat y Jean contrajeron matrimonio el 19 de mayo de 1951 en la iglesia de San Guillermo de Sheffield (Inglaterra). Vivieron 58 años juntos.

Tuvieron tres hijas, cinco nietos y un bisnieto. McGoohan protegió con fiereza la intimidad familiar, no permitiendo ninguna intromisión mediática en su intimidad. Vivieron en Suiza y México antes de instalarse definitivamente en California, donde tuvo en Richard Burton a uno de sus buenos y bebedores amigos.

La opinión de L´Osservatore Romano

Mantuvo siempre una fe roqueña. Cuando a mediados de los noventa una operación de colon le tuvo al borde de la muerte durante varias semanas, llegando al coma, pidió dos veces la extremaunción.

Así que no tuvo que pensárselo mucho cuando James Bond llamó a su puerta. Hoy, a medio siglo de distancia, las películas de 007 son vistas sobre todo como muestras de cine de acción espectacular e intrascendente. Pero a principios de los sesenta, a las puertas de la revolución sexual y del desfondamiento religioso de la sociedad occidental, Patrick intuyó que la amoralidad del personaje era signo de una nueva época.

No se trataba sólo de libertinaje sexual: también del triunfo de una ética utilitaria y la exposición como señuelo de un modelo de vida basado en lujos imposibles y en una completa falta de compromiso con los demás, en particular del hombre hacia la mujer.


McGoohan sí tuvo algo en común con James Bond: el esmoquin. Sean Connery para sus películas como 007 y Pat para 'Danger man' acudían al mismo sastre, Anthony Sinclair.

Lo vio asimismo de esta manera L´Osservatore Romano, en un tiempo en el que era menos frecuente que consagrase espacio a un estreno cinematográfico. El 7 de octubre de 1962 se publicó en sus páginas un artículo titulado "El caso James Bond", donde un colaborador del diario de la Santa Sede definía la película como "una peligrosa mezcla de violencia, vulgaridad, sadismo y sexo".

¡Bond enamorado!

El tiempo le ha dado parte de razón a McGoohan: lo que él rechazó como católico y padre de familia -la banalización de lo femenino mediante su mera sexualización- ha transformado al James Bond del siglo XXI, superando el estereotipo machista, en un hombre capaz de enamorarse, para justificado escándalo de quienes consideran que con Daniel Craig empezó la desnaturalización de 007, si no por un regreso a la moral, sí en aras de una corrección política feminista.

Patrick McGoohan llegó a ver ese momento, pues falleció, a los ochenta años de edad, en 2009. Fue una enfermedad rápida de la que hablaba poco porque, según su agente, Sharif Ali, prefería hacerlo sobre los dos proyectos que quedaron sobre su mesa: "Estaba deseando volver a trabajar. Tenía aún mucho que dar".

Mucho que dar... y poca envidia que sentir del gran Sean Connery en el que quizá pudo convertirse, pues su talento era comparable al del escocés, el único de los 007 con vitola de estrella eterna del cine. McGoohan, simplemente, tuvo otras prioridades: ser agente, nada secreto pero sin alardes, "al servicio de Su (Divina) Majestad".

Publicado en ReL el 18 de febrero de 2016 y actualizado.