La ermita de San Telmo, junto al Mar Cantábrico en Zumaia, Guipúzcoa, con unas vistas privilegiadas, se ha hecho más famosa que nunca gracias a la taquillerísima película “8 apellidos vascos”, un film que costó 3 millones de euros, ha recaudado 42 millones y supera cualquier otra película española desde que se llevan registros modernos (desde 1996).

Los turistas se dejan caer cada vez más por esta ermita a raíz de la popular película, y con el buen tiempo el fenómeno crecerá. Si un sevillano y una vasca abertzale pueden allí casarse –o al menos escenificar una boda- ¿por qué no visitarla y hacerse unas fotos con la familia? ¡Y sus paisajes!

Por otra parte, en la película se muestra como allí se confiesan los novios con un sacerdote, quizá la confesión más vista en el cine español (aunque en la película no les sirve de mucho para su vida de gracia, ni siquiera para su vida emocional; aunque es una confesión válida no es una confesión modélica).



La película no trata mal del todo al cura, aunque los protagonistas no tienen nada clara la moral sexual católica


El caso es que la ermita real no tiene cura (la usan para bodas los de las parroquias del pueblo), la cuidan unos voluntarios laicos, tiene desperfectos que se agravan, el gobierno municipal (8 años de Bildu ya) la desatiende y sus ediles, laicistas radicales, no acuden ni a la procesión ni a la misa del día de San Telmo.

De hecho, no se sabe ni a quién pertenece el templo: era de una cofradía de marineros, pero ésta desapareció.

El obispado nunca la ha reclamado o financiado... y eso que a partir de ahora podría ser un polo de evangelización. "Nos vamos de retiro a la ermita de 8 apellidos vascos" sería una frase con gancho.

Y mucho menos se encargaba de ella el municipio regido por Bildu… aunque ahora que se ha hecho famosa el alcalde Iñaki Agirrezabalaga ha anunciado que va a “registrarla” o “inscribirla” (es decir, apropiarse de ella).

”Próximamente daremos inicio a un proceso administrativo para inmatricular la ermita”, anunció hace poco. Y la oposición, del PNV, se queja de que no lo haya hecho antes.

Pero quizá no lo haga, porque al contrario que la catedral-mezquita de Córdoba, que atrae a la izquierda andaluza y la presentan como una cosa muy mora y poco cristiana, San Telmo no tiene ocho apellidos vascos.



Devoción real en la ermita a San Telmo... 
guardan una reliquia del santo castellano,
patrón de marineros


De hecho, San Telmo en realidad se llamaba Pedro González, y no sólo era castellano, sino capellán militar, compañero en las campañas del rey Fernando III de Castilla en el s.XIII. Después hizo muchos milagros y predicaciones entre marineros, sobre todo en Galicia, y su devoción como protector de los marineros se extendió por todo el Cantábrico y luego por el mundo hispano.


Hace ya años que los cuidadores de la ermita denuncian el abandono de este lugar especialísimo.

Por ejemplo, hace apenas 5 años aparecía en RTVE con el titular "Nadie se acuerda de San Telmo" (el vídeo que incorporamos bajo estas líneas). ¿Quién les iba a decir que se populizaría con una película española de taquilla espectacular?

"Si nadie la cuida quedaría abandonada", decía su cuidador, José Miguel Irigoien, que llevaba 15 años entonces (y 20 hoy) haciéndole arreglos porque "entra mucho polvo, y mucha lluvia". A veces le ayuda alguna otra señora.

Y si se le pregunta de quién es la ermita, responde: "Eso digo yo, ¿de quién es?, porque mía no es", decía José Miguel. "Antes era de la cofradía de pescadores pero ahora no es de nadie, ni de la Iglesia, ni de la parroquia..."

Luego estaba la señora Juanita que durante 35 años era la responsable de guardar la llave, especialmente para abrirla a las parejas que quisieran casarse dentro (pagando un donativo a José Miguel para ayudar en el mantenimiento). La señora Juanita, que había conocido la ermita durante 72 años, decía que con el cuidado de José Miguel está mejor que nunca porque "antes solo se limpiaba cuando la fiesta de San Telmo".


El día de San Telmo en Zumaia se suelen hacer dos procesiones: la primera, a la mañana temprano para dar la comunión a los enfermos y la segunda, en la que desde el convento del pueblo se sube a la ermita de San Telmo, con el Santo en andas entre remos.

Tras la misa, y desde su escenario natural privilegiado, el sacerdote procede a la bendición del mar.



Procesión del día de San Telmo, con remos

La primera mención histórica de la ermita es de 1540. La construcción parece ser simplemente de estilo popular, quizá con una reforma en el siglo XVII cuando se fundó la Cofradía de Mareantes (marineros).

La web oficial de Turismo de Zumaia (www.zumaia.net/turismoa) no es realmente muy buena ni fácil de manejar, no hace alusión aún a la popularidad de la película (que molesta bastante a la izquierda abertzale) y de hecho da muy poca información sobre las 3 ermitas y las 3 iglesias históricas de esta población de 9.500 habitantes donde Bildu se llevó en 2009 el 43% de los votos, el PNV el 26%, Aralar casi el 11% y los no-nacionalistas consiguieron sólo 1 concejal, del Partido Socialista, con un 10% de los votos.

Mucho más trabajada está la web de www.geoparkea.com que presenta Zumaia como destino para el turismo de paisajes, ecológico y científico, ya que sus acantilados son un paraíso para los geólogos, algo que señalaba incluso el actor protagonista, Dani Rovira, en el blog "Trivago", antes incluso del estreno.

“Me quedo con Zumaia, mi escenario favorito de la película. Hay una escena en la que estamos en una ermita real que es preciosa. Está en un acantilado, y existe una formación geológica llamada flysch, que son como unas capas de piedra a través de las que se puede estudiar el paleolítico. Por lo visto es el más importante de Europa. Es un lugar precioso, todo tan verde, el mar encrespado, el olor a salitre. La verdad es que te lo estoy vendiendo muy bien», decía el actor, aunque sin afinar mucho en geología…



Además, en 2010, un documental de 1 hora en El Cultural, en TVE, reunía a científicos (sobre todo geólogos) que alababan los acantilados de Zumaia por la muchísima información que dan sobre la historia geológica de la Tierra (y asustaban un poco con apocalipsis climáticos hipotéticos... y los que las rocas mostraban del pasado).

El 23 de marzo de 2014, cinco años después del reportaje de TVE, pero aún sin el “boom” taquillero de la película, El Diario Vasco volvía a recordar el abandono de la ermita.

«Yo ya le he dicho a Don Javier [Zubizarreta, vicario de Zumaia] que la ermita no está en condiciones y que por mí la misa se deberá oficiar en la parroquia», comentaba el cuidador voluntario, José Miguel Irigoien, “zumaiarra que se encarga de cuidar el pequeño templo enclavado en los acantilados que llevan a Algorri”. «¿Qué cuántas horas meto aquí? ¡Jesús! ¡Ni yo mismo lo sé! Si yo cobrara todas las horas que meto aquí...», exclamaba para el periódico vasco.

El diario continuaba describiendo así la situación:

»El oratorio muestra evidente señales de deterioro que aconsejan una rápida intervención. «Ahora mismo la ermita no está para acoger a una misa como la del día de San Telmo», recalca Irigoien. Actualmente la actividad en este templo regado por el salitre se limita al oficio religioso de las fiestas de San Telmo, a una misa por los difuntos de la Cofradía, «a los que acude bastante gente», y alguna que otra boda. «Con la crisis o por otros factores, su número se ha reducido considerablemente en los últimos años. El año pasado tuvimos unas diez bodas», recuerda José Miguel.

»Muestra del deterioro eran las tejas que destacaban entre la vegetación que crece entre las rocas sobre las que se sustenta el templo. «Ahora mismo el techado está movido y ya le he dicho al alcalde que en primavera hay que enviar a alguien para que coloque debidamente las tejas». Fruto de ese desgaste son las goteras y el polvo que entra por todos los resquicios. «Ya me he aburrido de pasar una y otra vez la aspiradora», se lamenta Jose Miguel.

»Los desperfectos saltan a la vista al entrar en la sacristía. Las tablillas del techo se asoman por un agujero, mientras que el suelo se hunde en una de las esquinas. «Esto se va para abajo. El suelo está completamente abombado y si en un sitio se hunde, en el otro se alza».



Así está el techo de la sacristía de la ermita

»Al mal aspecto de la sacristía («Me da vergüenza cuando vienen sacerdotes de otros pueblos tener que mostrarles esto») se une la falta de los mínimos servicios. «No hay ni aseos, ni agua corriente. Cuando el cura necesita lavarse las manos, le llevo el agua en una palangana. Me dijeron que hay una toma de agua cerca y que sería fácil alargarla hasta la sacristía, pero yo no voy a empezar a hacer esos trabajos. Estoy harto de esta ermita».

»No son estos los únicos males que aquejan a la vetusta pero preciosa ermita. Y es que en los últimos tres años ha sufrido varios robos. «El último ocurrió a comienzos de febrero. Rompió el cristal de la puerta y se llevó el cáliz y la corona de una virgen». En anteriores atracos se llevó dinero, dos juegos de vinajeras, dos micrófonos y un órgano eléctrico. «Siempre realiza sus robos en invierno y de noche. Yo por mí creo saber quien es, pero no tengo pruebas. ¡No voy a estar todas las noches vigilando!», se lamenta.



»Tras la desaparición de la Cofradía de Mareantes, la propiedad de la ermita de San Telmo quedó en una especia de limbo. «¡La ermita es mía!», replica Jose Miguel entre indignado y divertido. Lo cierto es que la ermita pasará a manos del Ayuntamiento una vez realice el debido registro. «La empresa que está realizando el inventariado de inmuebles y locales del Ayuntamiento está estudiando qué ocurre con la ermita», comenta el alcalde, Iñaki Agirrezabalaga. «Próximamente daremos inicio a un proceso administrativo para inmatricular la ermita. Es el Ayuntamiento quien se encarga de los trabajos mínimos y estamos en contacto con José Miguel. Veremos si mañana [por el viernes] vamos la aparejadora y yo para ver en qué estado se encuentra».


Siempre queda encomendarse al santo patrón de la ermita, el castellanísimo Fray Pedro González Telmo, San Telmo.

Nacido en Frómista (Palencia, ca. 1180/1190) y fallecido en Santiago de Compostela (el 15 de abril de 1246) fue primero canónigo de la catedral de Astorga, luego dominico predicador itinerante. Acompañó como capellán a Fernando III de Castilla en sus guerras. Benedicto XIV confirmó su culto en 1714. En Galicia es patrono de la ciudad de Tuy y de la diócesis de Tuy-Vigo, donde se celebra su fiesta el lunes de la segunda semana de Pascua.

En la iconografía se lo representa vestido con el hábito negro de la orden dominica, llevando en la mano un cirio azul que representa al fuego de San Telmo, o directamente una llama azul. Otras veces se lo representa alimentando a los pescadores.