Érase una vez una gente que estaba dispuesta a morir antes que renunciar a su religión…

Y otra gente que estaba dispuesta a renunciar a cualquier cosa, religión incluida, con tal de conservar su poder.

No es una metáfora de la España contemporánea (¿o quizá sí?), sino una novela histórica: “El reino del norte”, donde José Javier Esparza narra un crucial episodio de la Reconquista de España del poder islámico. Tan crucial como que allí la Reconquista pudo morir para siempre.


-En aquel momento, año 842, la Reconquista sólo era el oscuro anhelo de un pequeño reino cristiano enfrentado a uno de los mayores poderes de su tiempo, el emirato de Córdoba. Si las cosas hubieran corrido de otro modo, seguramente hoy España sería como Turquía, dicho sea con todos los respetos.


-En la primavera de 842 muere Alfonso II el Casto, un rey que había gobernado medio siglo, que había peleado sin descanso contra el Islam, que había creado la conciencia de Reconquista y bajo cuyo cetro empieza a adquirir verdadera consistencia política el Reino de Asturias. Alfonso no tiene descendencia –era el Casto- y designa heredero a Ramiro, hijo de un rey anterior. Pero una buena parte de la nobleza local no está de acuerdo ni con la designación –la corona aún no era formalmente hereditaria- ni con la guerra contra el Islam, que estaba costando mucha sangre. Y esa facción aprovecha el interregno para dar un golpe de Estado y nombrar otro rey.


-Sabemos muy poco de ellos porque las Crónicas de la época son extremadamente escuetas. Su líder se llamaba Nepociano y era “cognatus” –es decir, cuñado- del propio rey. La nobleza de palacio le secundará, al menos en un primer momento, y ahí aparecen personajes decisivos como los condes Sonna y Escipio. El conflicto se resolverá en una gran batalla en Cornellana, sobre el río Narcea.



-Todo indica que sí. En la trayectoria anterior del Reino de Asturias aparece con bastante claridad, junto con la voluntad de resistencia, otra tendencia a pactar, a someterse al poder de Córdoba, que hay que recordar que era el mayor poder de su tiempo. Otros lo habían hecho: los Casio del Valle del Ebro, por ejemplo, que se habían islamizado como BanuQasi para conservar su poder territorial.

»En realidad la dominación islámica sobre la vieja Hispania funcionó así desde el principio: sométete, préstame vasallaje, dame los esclavos y los recursos que necesito, y seguirás mandando en tus tierras. Y si no, sufrirás año tras año una atroz cadena de incursiones de saqueo y me llevaré los esclavos y los recursos de cualquier manera. Es fácil entender que muchos nobles prefirieran la primera opción.


-Exactamente, porque la religión cristiana, en aquella época, era el elemento básico de la identidad colectiva. Apenas medio siglo atrás la Iglesia de Asturias se había rebelado contra la sede de Toledo porque ésta, para conllevarse con los musulmanes, había incurrido en herejía. Después había aparecido el sepulcro de Santiago en Compostela, lo cual vino a ser como un espaldarazo –celestial- a la determinación de resistir. Alfonso II se convirtió en decidido protector de la fe a lo largo de todo el reino, y los grandes centros religiosos como Samos en Lugo o la propia Oviedo actuaron como pivotes del proyecto político astur. Si algo impedía realmente que se pactara con los musulmanes, era precisamente la cuestión religiosa.

-…No es verdad. En Al-Ándalus había muchos cristianos, sí: probablemente en torno al 75% de la población, al menos hasta el siglo XI. Pero eso obedecía a razones esencialmente políticas y económicas: los cristianos eran la base del sistema económico porque eran el único sector social que podía ser gravado con multitud de impuestos, en función de la letra del Corán. El estatuto de los cristianos era de sumisión, súbditos de segunda, y, como es sabido, se les prohibía hacer proselitismo e incluso reparar sus iglesias. Por eso desde el siglo IX hay un lento pero constante goteo de mozárabes –cristianos andalusíes- que huyen a refugiarse al norte.


-Es que El reino del norte no es una historia de buenos y malos. Trato de ponerme en el contexto de la época e intento entender por qué pasó lo que pasó, rellenando con imaginación los huecos que nos deja la Historia.


Toda la que haga falta, pero dentro de un orden. Sobre esto no hay normas, pero yo soy de la opinión de que una novela histórica debe atenerse a la Historia incluso para aquellos hechos que la Historia silencia. A la hora de reconstruir una boda, o una coronación o una batalla, incluso en las reflexiones y decisiones de los personajes…

-Todo indica que sí. Los trabajos de reconstrucción arqueológica nos han dejado una imagen fastuosa: una capital llena de templos y palacios, una ciudad episcopal elevada con la clara voluntad de manifestar que allí estaba la auténtica sede de la España cristiana. En el libro he añadido incluso mapas para orientar al lector en ese paisaje, que debió de ser fascinante.

-Yo soy católico, la España del siglo IX era una España cristiana, nada de lo que sucedió entonces puede entenderse sin el factor religioso y lo que sería inexplicable es que se omitiera ese hecho fundamental. Y sí, claro que es una declaración de principios: fuimos lo que fuimos y somos lo que somos porque pertenecemos a un ámbito cristiano de civilización. Olvidarlo es mutilar nuestra identidad colectiva.


FICHA TÉCNICA  COMPRA ONLINE
Título: El reino del norte Ocio Hispano
Autor: José Javier Esparza  
Editorial: La Esfera de los Libros  
Páginas: 660 páginas  
Precio 21,90 €