Manuel Alfonseca es un popular autor de divulgación científica, catedrático de Sistemas Informáticos, y ha sido profesor en tres universidades de Madrid, la Politécnica, la Complutense y la Autónoma. Desde su blog Divulgación de la Ciencia (divulciencia.blogspot.com.es) aborda cuestiones apasionantes sobre el hombre y la ciencia con un lenguaje directo y asequible. Ha sido co-editor, además, del libro 60 preguntas sobre ciencia y fe respondidas por 26 profesores de universidad (Stella Maris, 2014, se puede adquirir aquí).


Manuel Alfonseca, responsable de
divulciencia.blogspot.com.es


En ReL hemos querido consultar a Manuel Alfonseca acerca de las ideas más interesantes sobre ciencia y fe del filósofo norteamericano Alvin Plantinga, que acaba de ser designado como ganador del premio Templeton, con el que gana 1,4 millones de dólares. Alfonseca ha seleccionado 4 ideas especialmente valiosas de Plantinga respecto al tema de Dios y las explica con sencillez.


por Manuel Alfonseca
Con ocasión de la concesión del Premio Templeton al filósofo estadounidense Alvin Plantinga, viene a cuento repasar algunos de sus pensamientos más importantes en el debate entre teísmo y materialismo. Como es imposible entrar con detalle en toda su obra, que es muy extensa, citaré únicamente cuatro de sus ideas:

 
¿Por qué somos capaces de apreciar la belleza? Según la hipótesis materialista, es inexplicable que la evolución nos haya llevado a esto, pues no se ve cómo podría resultar útil este rasgo para nuestra supervivencia. En vez de la buena música, deberíamos apreciar la cacofonía, que abunda más en la naturaleza.

Desde la hipótesis de la existencia de Dios, sin embargo, es fácil explicarlo, partiendo de que Dios aprecia la belleza (de hecho, Dios es la belleza). Este argumento, junto a otros muchos, se encuentra en este listado de "Dos docenas más o menos de argumentos teístas" de Plantinga (en inglés). 



 
Como el propio Plantinga reconoce, el único argumento ateo de cierto peso contra la existencia de Dios es el que plantea el problema del mal (un Dios bueno no permitiría que hubiese tanto mal en el mundo).

Tal como los ateos lo presentan, este argumento se apoya usualmente en la falacia del hombre de paja. Para refutarlo, la respuesta de Plantinga es parecida a la que utilicé yo en un artículo de mi blog que habla de falacias lógicas.

[En breve: que Dios es todopoderoso significa que si quiere puede hacer todas las cosas lógicamente posibles, pero no puede hacer cosas absurdas, lógicamente inexistentes, como triángulos cuadrados, por ejemplo. Un universo sin ningún mal en absoluto sería una de esas cosas lógicamente inexistentes. Nota de ReL]


Además de refutar el argumento ateo, Plantinga le da la vuelta y lo utiliza para justificar la existencia de Dios.

Afirma que en el mundo existen males aborrecibles, reconocidos por todos. Pensemos en la solución final para el exterminio del pueblo judío y los experimentos de los médicos nazis con seres humanos. Estos males aborrecibles no lo son como consecuencia de opiniones personales, sino porque el hecho en sí es horrible.

Pero en un universo materialista un mal aborrecible no podría existir: la hostilidad, el odio, incluso hacia las personas más allegadas, debe entenderse como el esfuerzo de los genes para asegurar su supervivencia (Dawkins dixit). No puede haber nada perverso ni antinatural en ello. Luego el materialismo lleva a la conclusión de que el mal no existe. En tal caso, no se puede utilizar el problema del mal para demostrar que Dios no existe.


  Si solo hay materia luchando por perpetuarse, nada es realmente "malo" y no tiene sentido hablar del "problema del mal"; pero la realidad es que casi todos vemos que hay males realmente aborrecibles...

En cambio, si partimos de que Dios sí existe, esos hechos son horrorosos, profundamente perversos, porque son un desafío contra Dios, la fuente de todo lo bueno y de todo lo justo (de hecho, Dios es el bien). Luego la existencia del mal se convierte en un indicio de la existencia de Dios. Este argumento desarrolla el que planteó inicialmente C.S.Lewis en su libro Mero Cristianismo.


Este argumento teísta es el más conocido de los que desarrolló Plantinga, y aunque es muy complejo, se puede resumir en la siguiente cadena de afirmaciones:
  1. El materialismo implica que nuestros razonamientos y creencias son resultado del funcionamiento de nuestras neuronas, y este, a su vez, de los movimientos de nuestros átomos. Luego el contenido mental de esos razonamientos y creencias es irrelevante.
     
  2. La teoría de la evolución, en su interpretación materialista, nos dice que todas nuestras características (incluidos los razonamientos y creencias) han sido favorecidos por la selección natural. Eso significa que tienen valor adaptativo para nuestra supervivencia, pero no tienen por qué ser verdaderos, porque verdad y adaptabilidad son criterios independientes.
     
  3. La teoría de la evolución es una creencia obtenida como resultado de razonamientos. Por lo tanto, si el materialismo es cierto, la teoría de la evolución no tiene por qué ser verdadera.
     
  4. Luego materialismo y teoría de la evolución son incompatibles.
 

Este argumento dio lugar a un interesante debate entre dos grandes filósofos de nuestro tiempo: Alvin Plantinga, que lo defendía, y Daniel Dennett, que intentó refutarlo.

Lamentablemente, Dennett cayó en la tentación de atacar el argumento de Plantinga mediante una falacia lógica: la apelación al ridículo. La misma que en 1860 permitió a Thomas Henry Huxley ganar el debate sobre la teoría de la evolución contra Samuel Wilberforce, que le interpeló preguntándole si descendía del mono por parte de padre o de madre.

En el debate entre Plantinga y Dennett, el segundo intentó ridiculizar a su oponente aduciendo que creer en Dios es lo mismo que creer en la existencia de Superman o del espagueti espacial. Un argumento ya plateado por Bertrand Russell, que precisamente ha sido refutado por Alvin Plantinga. (La famosa "tetera cósmica voladora" de Russell, refutada aquí).

Por cierto, es preciso mencionar que el argumento EAAN desarrolla otro anterior planteado por C.S.Lewis en el capítulo 2 de su libro Los milagros, y que después ha sido ampliado por el filósofo Victor Reppert en su libro C.S.Lewis’s Dangerous Idea: In Defense of the Argument from Reason.