Un hombre que dice ser una mujer no es una mujer sino que es un hombre que dice ser una mujer. Esto parece una obviedad, sin embargo decirlo es ir contra el dogma ideológico trans y hace que muchos pongan el grito en el cielo. Pero, ¿qué hay detrás de una persona que dice que quiere hacer un cambio en su género? Lo que yo me he encontrado es que siempre hay heridas profundas que le han llevado a la no aceptación de su realidad biológica.

La solución que se les da es la de la huída hacia adelante. Se crea toda una ideologia que dice que la realidad biológica no define lo que una persona es sino que lo definitivo es cómo esta persona se autopercibe. La ideología de género defiende que uno puede tener órganos genitales masculinos pero si se percibe como mujer es mujer. A partir de aquí se hace toda una construcción antropológica, moral y jurídica nueva que justifique la ideología. Se introduce la enseñanza a los niños en los colegios de los treinta y siete géneros distintos que se dice existen. Esto es grave porque ellos son los más vulnerables.

No pretendo juzgar ni dar moralina a nadie, hablo de mi experiencia. ¿Qué heridas me he encontrado? Por un lado abusos sexuales, físicos y psicológicos por parte de algún familiar que les lleva al rechazo de quienes son ellos mismos. También casos de ausencia de la figura paterna en casa, agravados por el bullying en el colegio, un doloroso rechazo de los amigos por ser más tímidos, sensibles o retraídos. Me llama la atención que siempre hay algo de esto: chicos rotos por experiencias de vida muy duras en el entorno más íntimo. La familia es lugar donde la persona encuentra seguridad y afecto. Si esto no se da tenemos la semilla de un daño que causará dolor en el futuro.

¿Y qué solución se da a esos jóvenes? ¿Una bandera y unas hormonas? La bandera les hace identificarse con un grupo. Al principio se sienten bien, aceptados y queridos, pero empiezan a entrar en todo el mundo ideológico que les va enseñando que todos les odian. Quien no piensa exactamente igual que los maestros de la ideología es un homófobo. Todo esto a muchos les va empujando y condicionando para que pidan hormonarse, como si fuera una decisión libre suya. Lo que es claro es que es una decisión que puede llegar a traer consecuencias irreversibles. Se habla de visibilidad trans, pero no se da visibilidad a aquellos que se arrepienten del proceso. Una búsqueda rápida en Google os hará encontrar muchos casos. Todo hace pensar que vendrán muchos más.

La realidad es que muchos descubren que cuando han hecho todo el proceso siguen sintiéndose mal. Porque las heridas siguen ahí. Los hay que caen en drogas para paliar el dolor emocional, también en sexo desenfrenado, en prostitución, para así sentirse queridos. Es duro. El corazón está roto y las banderas y las hormonas no lo reparan.

¿Qué sana de verdad las heridas? Afecto y seguridad. Amor verdadero. Lo que faltó podérselo dar. Sin huidas ni ideologías. Enseñar a través del verdadero amor humano lo que es el amor incondicional que Dios nos tiene. Mostrar que el corazón no es de quien se lo ha roto sino de quien se lo quiere arreglar. Me parece una tarea muy grande y fundamental. Gracias por leer. La paz.