Leyendo a la Sierva de Dios M. Ana María Gómez Campos F.Sp.S. (18941985), me di cuenta que en gran parte de sus cartas y demás escritos, cita a Sta. Teresa de Lisieux (18731897), atribuyéndole muchos favores. Aunque obviamente había escuchado hablar sobre la santa francesa, lo cierto es que, al principio, me había parecido un tanto cursi su lenguaje, lo que me llevó a olvidarme de ella. ¡Qué lejos estaba de la verdadera Teresa! En realidad, fue la M. Ana Ma., quien me ayudó a releerla, quedándome muy sorprendido, no nada más por su historia, sino porque se me ocurrió hacer la prueba de pedir que intercediera sobre varios asuntos complicados que traía, encontrándome con que se fueron resolviendo uno a uno. Yo hice mi parte y ella, a su vez, consiguió de Dios, la suya.

 Así las cosas, comencé a preguntarme, ¿por qué Teresa es tan querida y, según mi propia experiencia, escuchada por Dios, al punto de ser una intercesora de alto calibre?, ¿qué hay en ella que continua convenciendo a tantos a lo largo del mundo? Sin duda, la respuesta está en el itinerario o programa que ella hizo suyo, avanzando en el camino de la infancia espiritual con un gran sentido del humor. Es decir, confiar en Dios, al estilo del niño que cree en lo que su papá le dice y/o recomienda. El que confía en Jesús, sabe que no está solo y, por lo tanto, es audaz, decidido, alegre, lanzado…

Teresa es la santa de lo práctico. Nunca cayó en complicaciones. En vez de eso, sabía hacer de las dificultades, una serie de oportunidades para volver constantemente a Dios a lo largo del día. Pequeñas acciones que, en total, suman un aporte monumental a nivel personal y de Iglesia. A veces, el cristianismo puede parecer idealista, desconectado o imposible de vivir. Teresa lo aterrizó de otra manera, haciéndolo accesible. Por ejemplo, sonriendo o no enganchándose con las envidias que algunas de sus compañeras del convento le tenían. En otras palabras, lo acercó a las personas sin enredos o conceptos exagerados. Aprovechó el tiempo, se puso en camino y, no obstante los momentos de crisis, de duda, logró perseverar, sabiendo que solamente así podía crecer en la fe, pues el que nunca ha dudado, no puede estar seguro de lo que cree. Dudar, mueve a buscar respuestas y ella las encontró en Jesús, en la oración, en lo simple. Toda una lógica tan inversa como profunda.  

Santa Teresa se dejó llevar por Dios. Su motivación fue Jesús. Por eso rezaba tanto por los misioneros. Quería que así como ella había disfrutado conocer a Dios, otros lo pudieran hacer. Y es que cuando alguien se ha encontrado con lo más importante de su vida, lo normal es contarlo, platicarlo, decirlo. Teresa, desde el convento, supo ser una voz nueva, convincente, que logró presentar un cristianismo más práctico y accesible.