Junto al logro impresionante de España estableciéndose en América desde el primer momento de su llegada, -algo en lo que nunca pensamos, como dando por hecho que, una vez descubierto el continente, la ocupación y colonización del mismo tenía que caer como fruta madura y sin la menor dificultad-, se producen en el mismo escenario continental multitud de intentos que cabe definir a todos -unos más y otros menos-, como los imperios americanos fracasados, demostrando fehacientemente que instalarse en América no era algo al alcance de cualquiera, por muy rudimentarios que fueran los indígenas que poblaban entonces aquellas tierras.

            De todas esas tentativas es la menos conocida la sueca, el llamado Nya Sverige (Nueva Suecia). Porque sí, hubo también, efectivamente, un proyecto sueco de establecerse en América, el cual se desarrollará durante diecisiete cortos años, los que van desde el 1638 hasta el 1655. Forma parte del intento de Suecia, -una Suecia que se extiende entonces también por Finlandia y por partes de Noruega-, de auparse al concierto de las grandes potencias europeas, ocurrido durante los reinados de Gustavo II Adolfo (1611-1632) y de su hija Cristina (1632-1654), curioso personaje que puede Vd. conocer mejor, si lo desea, pinchando aquí. Y todo ello con una participación no excesivamente afortunada en la Guerra de los Treinta Años, de la que es apeada con la gran derrota de Nordlingen (1635) ante los ejércitos hispano-imperiales, y también con la efímera y minúscula intentona americana que relatamos en las siguientes líneas

            Para poner el proyecto sueco de colonizar una parte de América en su adecuado contexto americano, valga decir que para cuando se produce, España ha completado ya la colonización de todo lo que hoy denominaríamos Iberoamérica, todo el centro y sur de América incluído Brasil -que le pertenece por la unión de las coronas española y portuguesa, conseguida en 1580-, pero no ha iniciado todavía su progresión en América del Norte -salvo Florida, donde está desde 1513-, que completará en s. XVIII. Francia por su parte, ha fundado en 1608 la ciudad de Quebec, hito fundacional de la exploración y colonización francesa del territorio americano. Inglaterra apenas ha conseguido establecer una primera punta de lanza en 1620, con la llegada a Plymouth del Mayflower y sus ciento dos peregrinos. Y en 1626, el holandés Pierre Minuit ha negociado con los indios lenapes la compra de la isla de Manhattan, con la que nacen los Nuevos Países Bajos.

            Las expediciones suecas serán hasta once, promovidas todas ellas por la llamada Södersjökompaniet (Compañía del Mar del Sur), fundada por Willem Usselincx, mediante carta otorgada por Gustavo II Adolfo de Suecia. Sorprende el nombre de la compañía ("del mar del sur”), tratándose de tierras y de mares bien septentrionales, aunque claro, mirado desde Suecia... ¡parece que todo estuviera al sur!.

            Tendrá lugar el proyecto en las tierras de lo que hoy son los estados norteamericanos de Delaware, Pennsylvania y Nueva Jersey, en un territorio muy pequeño que no excederá nunca de los tres mil kilómetros cuadrados, en el entorno de ambas riveras del río Delawere, en la parte sur del mismo, de unos cien kilómetros de longitud, en la que se halla su desembocadura, con algunas pequeñas fundaciones, entre las cuales, Nuevo Estocolmo, la actual Bridgeport; Sveaborg, todavía llamada Swedesboro, que no significa otra cosa que “ciudad sueca” precisamente; o Christina, en honor de la reina, la actual Wilmington.

            En términos demográficos, la aventura sueca apenas representará el traslado de un millar de colonos mal contados, buena parte de ellos, por cierto, provenientes de Finlandia, parte entonces, como hemos dicho, de la corona sueca.

            El final de la aventura sueca se producirá por los ataques recibidos de las colonias holandesas existentes al norte de la Nueva Suecia, los llamados Nuevos Países Bajos, en las riberas del río Hudson, básicamente en el actual estado de Nueva York.

            A este intento de establecer una colonia significadamente sueca en América del Norte, se han de añadir otros experimentos menores, como el habido lugar en la isla caribeña francesa de Saint Barthelemy, de 24 kilómetros cuadrados, que los suecos arrebatarán a los franceses durante casi un siglo, desde 1785 hasta 1877, y cuya capital, aún hoy, se llama Gustavia, en honor al rey Gustavo III de Suecia.

            Argumentos como éste y otros no menos novedosos, puede encontrar Vd. en mi último libro “Historia desconocida del Descubrimiento de América. En busca de la Nueva Ruta de la Seda”.

            Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

 

 

            ©L.A.