He leído en la revista MISION, un interesante trabajo de la Dra. López Moratalla, de la Universidad de Navarra, en la que demuestra la relación tan íntima que existe entre la natalidad y el cerebro de los padres. Por su interés comento traigo algunas de sus afirmaciones  al blog, y sugiero que lo lean con atención.

***

La doctora López Moratalla ha descubierto que el cerebro social del padre varón madura con la paternidad. El contacto físico habitual con el hijo aumenta en él la empatía cognitiva, elimina el estrés, incrementa la memoria emocional y mejora, incluso, su flexibilidad cognitiva.

Además, en su cerebro se crean y refuerzan nuevos circuitos cerebrales y se generan nuevas neuronas. Y, por si fuera poco, gracias a ese contacto físico, se genera oxitocina –conocida, también, como la hormona de la confianza–, la cual potencia los circuitos del cerebro social que le ayudarán a trabajar la memoria más intensamente para reconocer las necesidades de su hijo.

El estudio concluye que el cerebro de un varón que ha ejercido activamente su paternidad no tiene nada que ver con el de otro que no ha tenido esta experiencia. Tras la paternidad, la perspectiva vital del padre cambia por completo: “Centra su atención en el hijo, de modo que las decisiones familiares que tomará en adelante estarán enfocadas a la protección de su retoño”.

En cuanto a la madre, la Dra. Moratalla afirma que  el vínculo materno es de un “amor ciego” e indulgente, asegura la catedrática. Esto significa que con el nacimiento del hijo se silencian, en el cerebro de la madre, los mecanismos del enjuiciamiento negativo, hasta el punto de que no se ven los defectos del hijo.

La madre siente euforia al contemplar a su bebé porque en su cerebro se elevan la oxitocina –hormona de la confianza– y la dopamina –hormona de la felicidad–, lo que la conduce a un estado mental de deseo de unión a su pequeño.

López Moratalla ha encontrado, también, que “la madre está lista para captar los estados emocionales del bebé a través de señales como la sonrisa o el llanto”: la sonrisa de su bebé incrementa su propia alegría y hace que libere una gran cantidad de dopamina, lo que la impulsa a acariciar a su hijo o a jugar con él. Y, si el niño llora, el cerebro de la madre se “enciende” e intenta interpretar de inmediato el estado de angustia de su hijo; su propia pena se reduce con el fin de identificar qué reclama el bebé.

El estudio, publicado en síntesis por la revista MISIÓN,  demuestra, además, que: “A lo largo de los primeros años, el hemisferio derecho del hijo se alinea con el de la madre y, el izquierdo, con el del padre. Es esta sintonía la que permite que el cerebro del niño se active y se desarrolle… Por eso, recibir el cuidado de ambos padres mejora la génesis neuronal del hijo; de ahí la importancia, insiste la catedrática, de que los niños dispongan, en sus primeros años, de la cercanía de una figura femenina y otra masculina, ya se trate de padres biológicos o adoptivos, o de otros familiares. Durante la infancia, la dependencia de los vínculos de apego seguros son tan serios que es difícil que no queden secuelas cuando faltan los progenitores, afirma López Moratalla".
¿Qué pasa si los padres llegaran a faltar? En ese caso “otras personas tendrán que ganarse la confianza del niño y brindándole mucho afecto para suplir esa carencia”. Sin embargo, cuando falta uno de los padres, no todo está perdido, pues, “en el entorno familiar, puede contar con quien haga las veces del progenitor que le falta”, sentencia López Moratalla.
Continúa el interesante reportaje de MISIÓN afirmando que la catedrática Natalia López Moratalla asegura que hoy en día, gracias al deseo de los padres de llevar a cabo la conciliación familia-trabajo, las madres se incorporan con frecuencia a la vida laboral y los padres participan mucho más en el cuidado de sus hijos desde que son pequeños. En este proceso, “el cerebro paterno se ha enriquecido y el cerebro de la madre se ha vuelto ‘multitarea’”, lo que no implica“hacer muchas cosas; significa que se desarrollan áreas del cerebro en la mujer que permiten algo tan poco habitual como atender más de una cosa sin dejar de priorizar la atención del hijo”, afirma la experta.
Finalmente se habla del  EL CEREBRO MULTITAREA, y la profesora afirma que “El hemisferio derecho del hijo se alinea con el de la madre y, el izquierdo, con el del padre. Es esta sintonía la que permite que el cerebro del niño se active y se desarrolle” Una ventaja de la maternidad, según la catedrática López Moratalla, es que retarda en la mujer el proceso de envejecimiento de su cerebro. En realidad, todo su cuerpo se beneficia de un rejuvenecimiento con cada hijo que gesta, pues, en cada embarazo, pasan a su sangre –y se mantendrán en la médula de sus huesos– células jovencísimas de cada hijo. Esto aumenta, en la mujer, la reserva natural de células madre pluripotenciales, las cuales regeneran sus células desgastadas o destruidas”. “Por su origen fetal, las células asociadas al embarazo tienen una gran capacidad de autorrenovación, persisten durante decenios y pueden colaborar con las células troncales adultas en la función regenerativa del cuerpo de la mujer. Es un regalo de la naturaleza que, lógicamente, cuida especialmente el cuerpo de la madre porque en ello le va la supervivencia”, asegura López Moratalla.
Felicito a la Dra. Natalia López Moratalla por su importantísima aportación sobre las ventajas de la maternidad-paternidad, y a la revista MISIÓN por haberse hecho eco de las  mismas. La maternidad y la paternidad tienen muchas ventajas, que son como premios de la misma naturaleza, y en última instancia de Dios.
Juan García Inza