El título del ensayo no se refiere a los segundos fatídicos de una erupción o terremoto, sino a la infidelidad. Sí, esa que nos venden bajo slogans tan absurdos como “lo que pasa en el bar se queda en el bar”, “somos jóvenes todavía”, “mientras no se entere ya la hiciste”, etcétera. Todo suena arriesgadamente interesante, pero ¿qué pasará cuando veas las consecuencias de esos instantes de doble vida en el mediano o largo plazo?, ¿acaso no valen más cuarenta años que diez minutos?

 ¿Te importa la vida eterna? Porque, mientras estamos en el mundo, con salud y prosperidad, parece una cuestión lejana, abstracta, de “viejitos”, pero al llegar el momento, ¿qué harás? Dudo que algún slogan de moral distraída te salve.

 El problema de fondo parte de vivir volcados hacia la inmediatez. En algunos sentidos es buena. Por ejemplo, cuando pides una ambulancia y llega rápido, pero si se trata de cosas efímeras, superficiales, hace daño. Es más fácil vivir entre desconocidas que aceptar el compromiso del matrimonio, pero ¿quién te dijo que casarse implica acabar con los buenos momentos? Esto viene de situaciones particulares que han salido mal o de películas, porque se puede ser fiel hasta el último día y, al mismo tiempo, alcanzar la felicidad, esa que cuesta trabajo, que implica dialogar, entenderse, pero que termina ganando la partida cuando hay amor. Sí, ¡solo el amor puede dar sentido a la fidelidad! De ahí la importancia de amar a la otra persona. Y esto no es un cuento cursi, sino la verdad. “Oye pero es que cuesta trabajo, hay momentos duros de soledad…” Sí, claro, pero para eso es el amor. Un motor en toda regla.

  Cuando sientas que estás a punto de tirar por la borda a tus seres queridos, trata de imaginarte cómo serás en treinta años. ¿Quieres verte mendigando amor o, en su caso, viviendo plenamente? Y es que la felicidad implica pensar en los demás, quererlos, porque de otra manera no se dan las cosas. Si te dejas destruir por la infidelidad o por el hecho de haberla sufrido, acabarás amargado y eso no es lo que quiere Dios para ti. Al final, solo se logra permanecer verdaderamente vivo, pleno, en la medida en que uno se va dando cuenta de lo que significa la fidelidad. No te dejes engañar. Lo inmediato, cansa, aparenta, pero lo definitivo, bien vale la vida. Prueba y lo verás.