CARTAS DE DESPEDIDA 

Escritas a lápiz, con poca luz, la noche del 10 de agosto de 1938, víspera de su inmolación, en una de las cuatro celdas-capilla para los condenados a muerte, en la Cárcel Modelo de Barcelona. Se las entregó a su padre al despedirse el día 11 de agosto de 1938 a las 5 de la madrugada. 

Carta a su padre

Querido padre: no sufras. Estaré en el cielo y te veré. Piensa que tienes un hijo que muere por Cristo. Él me fortalece, le siento, le veo y me llama a Él. ¡Perdón! Sufres mucho por mi culpa, mas eres mi padre y sabrás comprenderme. ¡Llorad, pero con semblante alegre! Un beso eterno es el que te doy. ¡Viva Cristo Rey! Ignacio.

Carta a su madre

Querida madre. Me voy al cielo a reunirme con Miguel y los demás hermanos que están esperándome. No me llore, sé que le pido un imposible. Llóreme, mas con alegría. Piense que me voy tranquilo y que Dios me acompaña. Perdóneme. ¡Sí, perdóneme! En estos momentos veo lo que es una madre y que no la he amado como merece.

Usted, en su Rosario de cada día, pondrá un Padrenuestro para mí. El Vicario General, P. José María Torrent, me ha dicho que no nos hará falta. Dice que iremos al Cielo, sin pasar por el purgatorio. ¿Qué más quiero? Es tanto lo que quiero decirle, que no hallo la manera. Usted me ve y me sigue. Tengo una gran satisfacción. No he negado ningún favor a nadie y perdono de todo corazón al causante de mi muerte. Un beso eterno de su hijo que tanto le ama. ¡Viva Cristo Rey! Ignacio.

Carta a sus hermanos y cuñadas

Queridos hermanos y cuñadas: Me voy. Consolad a mis padres y estar tranquilos por mi suerte, como yo lo estoy. Me he portado muy mal con vosotros. Perdonadme, pues que no ha sido por mala voluntad. Yo os acompañaré y velaré por vosotros, junto con Miguel y los demás que me esperan. Quisiera deciros muchas cosas, pero ¿cómo? Un fuerte abrazo y un beso de vuestro hermano que os ama. Ignacio.

Carta a su amiga María

Muy apreciada amiga María: Momentos sensacionales son estos y no me olvido de ti, que has sido tan amable conmigo al recordarme durante mi cautiverio. María, tenías razón: no somos insensibles, sino que Dios nos ha dado una heroicidad de que no tenemos nosotros conciencia y dentro de breves momentos estaré en el cielo, lejos de este mundo y cerca de todos vosotros. De todos prometo recordarme; mas a ti, María, te prometo que el recuerdo tuyo será eterno. Aun he releído las cartas y entre ellas las tuyas. ¡Qué consuelo! ¡Cuánto te las agradezco!... Pero Dios quiere que me vaya: ruega por mí, como yo también lo haré por ti. Recibe el afectuoso recuerdo de un amigo que se va al lado de Dios. Ignacio.

Carta a la señora que confiaba en su indulto

Querida señora: ¡Volverás a vivir y disfrutar! Me decía. Ahora más optimista y contento que nunca. ¡Ya ha llegado el momento próximo a la felicidad eterna!

Agradecido a las pruebas de estima que su familia me ha demostrado. Abrace a su marido de mi parte. La Virgen le ayudará. Ahora seré yo el que rogaré por ustedes. ¡Viva Cristo Rey! Reciba el beso de un amigo y servidor contento. Ignacio.