Al anunciar los sindicatos una huelga general para el 14 de noviembre, pienso que podría publicar unas notas que tengo por aquí con algunos pasajes de documentos de los papas sobre las huelgas y que podrían hacer bien a los ciudadanos y especialmente a los cristianos. Es por lo que escribo este artículo por si puede iluminar las conciencias de cara a la huelga. Las presento casi sin comentarios, limitándome a enunciarlas.

León XIII pide a la autoridad civil que se adelante removiendo las causas injustas que la provocan por los daños de todo tipo que genera.

El Concilio Vaticano II dice que la huelga puede seguir siendo un medio necesario, aunque de última instancia, para satisfacer las justas aspiraciones de los obreros".

Pablo VI dice que la huelga no sería legítima si impone "condiciones demasiado gravosas para el conjunto de la economía, o si pretendieran reivindicaciones de orden directamente político, advirtiendo que los servicios públicos, necesarios para la vida diaria, deben respetarse.

Juan Pablo II en la Laborem exercens dice que no puede abusarse de la huelga ni emplearla en función de juegos políticos; los servicios esenciales deberán asegurarse.

La ética teológica, en base al magisterio, mide la licitud de la huelga si se dan estas circunstancias:

1 Causa justa, habiendo agotado todos los medios, es decir, el diálogo entre partes, arbitraje de entidades intermedias como sindicatos, recurso a la magistratura de trabajo, etc. Que sea, en fin, el último recurso.

2 Que se ventilen cuestiones laborales, no políticas

3 Que se persigan mejoras en las condiciones laborales, no la desestabilización de una empresa o región. Que las ventajas que se persigan superen a los daños que se siguen. Siempre habría que salvaguardar los servicios públicos. Además, la licitud de la huelga no justifica el recurso a la fuerza.

Valoración ética de la huelga general.

Huelga general es la que afecta a todos los servicios generales del país. La doctrina clásica la permite aunque suele tener carácter político.

Juan Pablo II la reprueba L.E, 20.

Sólo si el bien común estuviera en peligro y fuera necesario un acto de fuerza para salvarlo, sería razonable una huelga general. Si estuviera en peligro la libertad política, de prensa, de enseñanza o de asociación sindical podría justificarse.

LA LUCHA DE CLASES

Merece la pena decir unas palabras sobre la lucha de clases como lucha dialéctica entre trabajo y propiedad. No es la lucha obrera como dice el materialismo dialéctico el motor del cambio histórico. Han hecho más bien a la humanidad la vida ejemplar de algunos líderes que las sangrientas revoluciones. Además los fines no justifican los medios.

La Rerum Novarum denuncia el empleo de la violencia

Pio XII recuerda los males de la violencia social

Juan XXIII advierte del peligro de la reforma revolucionaria y recuerda que la lucha de clases es contraria a la naturaleza humana y a la concepción cristiana de la vida.

Pablo VI dice que no se puede combatir el mal real al precio de un mal mayor. Que no se puede aceptar el análisis marxista prescindiendo de su doctrina filosófica.

Juan Pablo II advierte de la falta de eticidad de la lucha de clases

La Sagrada Congregación de la doctrina de la fe en el documento Libertatis nuntius prohíbe la violencia como camino para instaurar la justicia.

En el documento Libertatis Conscientia se condena todo tipo de violencia como medio para la liberación. No es la lucha de clases la causa de dinamismo de la vida social. La liberación, según el Evangelio, es incompatible con el odio al otro. Abolir una situación inicua no genera automáticamente otra mejor. Ante situaciones graves es mejor la "resistencia pasiva".

Juan Pablo II defiende la "solidaridad obrera" como valor para la lucha a favor de la justicia en el mundo obrero.

José Gea