Dom Fernando M. Solá, monje benedictino, en su obra “Gloria nuestra” (Oda a los mártires de Montserrat en el XXV aniversario de su gloriosa muerte) titula “La voz de las piedras” a uno de sus capítulos, el cual comienza de esta manera:
Desde cuando, el 18 de septiembre de 1939, llegaron a Montserrat, los restos gloriosos de nuestros mártires, el Monasterio sintió la necesidad de dejar esculpida en la piedra su gesta.
Hoy las piedras del Monasterio hablan de ellos en distintos lugares. Damos en las páginas que siguen, una fiel recensión de este homenaje lapidario, que es como un nostálgico lamento, un suspiro de esperanza y un himno de victoria”.

1939. Antigua aula capitular
En el mismo año 1939, la antigua aula capitular fue totalmente renovada. Fue dedicada íntegramente como homenaje a los monjes mártires. Tres de los bajorrelieves de los capiteles de las gruesas columnas que sostienen la bóveda, representan escenas relacionadas con los mártires: su sacrificio, el retorno de sus restos y su glorificación.
A la entrada del Capítulo, dos lápidas, en latín, hacen constar el hecho de la dedicación en los siguientes términos:
“La solícita devoción de los monjes montserratenses que salieron incólumes de la reciente tormenta, recordando amorosamente a los hermanos arrebatados por el torbellino de la persecución, les dedica esta vieja aula, totalmente renovada, como monumento de amor y hermandad eterna. Año primero de la nueva era de los mártires; MCMXXXIX de la salvación recobrada.
Llaman la atención esas dos últimas afirmaciones: “la nueva era de los mártires” y “año 1939 de la salvación recobrada”.
 
1951. La cripta
            El uno de septiembre de 1951, La Vanguardia, titula en la página 7 “Inauguración y bendición de la nueva cripta en la Basílica de Montserrat. Fueron inhumados en ella los restos mortales del abad Antonio Mª Marcet y de once monjes que fueron asesinados por los marxistas”.
            Al final de la noticia se nos dice que los restos del anterior abad, Dom Antoni Mª Marcet, también fueron trasladados a dicha cripta y que “a ambos lados del sarcófago (del P. Marcet) fueron depositados, en sepultura definitiva, los restos de los mártires de Montserrat, cumpliendo así el deseo expresado en vida por el abad Marcet, de ser inhumado junto a ellos”.
 
Dom Antoni Maria Marcet i Poal había nacido en Tarrasa, el 5 de julio de 1878. Monje de la Abadía de Montserrat, fue elegido en 1913 abad coadjutor de Dom Josep Dèas i Vilar. En 1921, al morir Dèas, Marcet le sucedió automáticamente. Dom Marcet murió en la madrugada del 13 de mayo de 1946 y dom Aureli M. Escarré fue elegido como nuevo Abad. El entierro de dom Marcet estuvo presidido por el capitán general de Cataluña, general Solchaga, en representación de Franco. El biógrafo del abad Marcet, Josep Tarín-Iglesias (L´abat Marcet. Mig segle de vida montserratina, Barcelona 1955) recuerda que en los primeros momentos de la revolución fueron asesinados un hermano del abad Marcet, junto con sus tres hijos y su yerno, y transcribe unas palabras casis literales del abad: “Fou durant aquells tres anys –escrivia l’ abat Marcet- més terribles i gloriosos de la Historia d’Espanya, en els quals tota una civilització mil·lenària estigué en perill d’enfonsar-se en la barbàrie mes desenfrenada (Fue durante aquellos tres años -escribía el Abat Marcet- los más terribles y gloriosos de la Historia de España, en los cuales toda una civilización milenaria estuvo en peligro de hundirse en la barbarie más desenfrenada)” (pág. 189).
Un barco italiano –el Principessa Maria- sacó al abad Marcet de España, acompañado por tres de sus monjes. El domingo 19 de julio había sido el último día en que una peregrinación subió a Montserrat. Al final del día se retiró el Santísimo, mientras ya las iglesias ardían en la llanura al pie de la montaña. El miércoles 22, la Generalitat se incautó del Monasterio para salvarlo. Los monjes huyeron esa misma noche. La situación era muy peligrosa pues en Barcelona la prensa revolucionaria animaba a la destrucción de Montserrat. Durante la Guerra Civil fueron asesinados 23 benedictinos.
Una vez fuera de España, Dom Marcet indicó a todos sus monjes en edad militar que se trasladasen a la zona nacional y se incorporaran al Ejército. Tras unos meses en Alemania, el Abad de Montserrat, a mediados de julio de 1937, entró en la España nacional y, acompañado por el cardenal Gomá, visitó a Franco en Salamanca. Luego fijó su residencia en el balneario de Belascoain, cerca de Pamplona, en donde permaneció con sus monjes hasta que el 25 de enero de 1939 Montserrat fue liberado. Entre los tres primeros benedictinos que volvieron al monasterio estaba el prior Dom Aureli M. Escarré.”
GONZALO REDONDO, páginas 22-23 del Tomo II “Historia de la Iglesia en España 1931-1939” (Rialp, 1983).
 
 
La descripción actual de la Cripta
 
En la página web de la Abadía () puede leerse:
 
Una pequeña escalera descendente, situada en la parte derecha del presbiterio, al lado de la del Camarín, lleva a la Cripta, sobria y armoniosa, inagurada en 1951. El espacio arquitectónico, en bóveda de cañón, fue construido como lugar de sepultura del abad Antoni M. Marcet y de los monjes que dieron la vida por Cristo en la guerra civil 1936-1939.
 
Los sepulcros están colocados en dos arcosolios abiertos en el muro; cada uno tiene grabados en una lápida de mármol de Carrara, los datos de los restos que contiene. Hay una lápida en la parte del fondo en conmemoración de los monjes cuyos restos no pudieron ser recuperados. El cuerpo del Abad Marcet reposa en un sarcófago, en el centro de la cámara, detrás del altar, esculpido por Joan Rebull.
 
Las tres lápidas en latín nos narran cuales son los monjes que reposan en la Cripta de los mártires:
 
·         Inscripción presidida por la imagen de San Benito
 
SISTE PARUMPER VIATOR… Detente un instante, viandante: He aquí los monjes más preclaros formados en nuestra Abadía, los cuales sufrieron una muerte gloriosa por Cristo y por la vida monástica que profesaron. Aparta ahora tu espíritu de las preocupaciones mundanales y venera devotamente sus nombres, porque el espíritu de Dios vivificará un día sus huesos. Son: José, Domingo, Ambrosio, Ángel, Eugenio. Los preside en la muerte, como durante su vida, el Padre y Pontífice que aquí descansa junto a ellos. Ahora, habiendo sufrido todos la muerte por Cristo, esperan, invictos, la Gloria de la resurrección. San Benito contempla plácidamente a sus hijos, y apruebe su obediencia practicada hasta la muerte.
 
 
·         Inscripción presidida por la imagen de la Madre de Dios.
 
ADHUC SISTE GRADUM PIE QUI LEGIS… Detente un poco todavía, tú que piadosamente lees. Yacen en este túmulo los que fueron semejantes a los otros en la gloria del martirio. Porque no dudaron en entregar también su vida por Cristo. He aquí sus nombres: Fulgencio, Pedro, Juan, Plácido, Bernardo, Emiliano. Algunos de ellos, testimonio del Sacerdocio de Cristo, mezclaron su sangre con la de Él. Armados verdaderamente con la palabra de Cristo, que es espada de dos filos, adquirieron amigos y adversarios. Ahora el odio se ha convertido en amor, la debilidad de la carne, en mérito, y esperan plácidamente la resurrección. Tú contempla su admirable gesta, muéstrate imitador suyo y sigue el camino con Cristo, para que merezcas entrar por la puerta por donde ellos entraron. La Virgen Madre los reconoce como a hijos, y con sus grandes ojos los contempla. Después de verlos, más benignamente nos mira.
 
 
·         Inscripción central de la Cripta, detrás del sepulcro del Abad Marcet:
 
El Abad, los monjes y los amigos han edificado y adornado esta Cripta y su sepulcro, para que el Abad Antonio, Padre piadoso y señor amable, tuviese plácido reposo junto a sus hijos, en este lugar que tanto amaba, hasta que suene la trompeta y puedan resucitar triunfantes en Cristo. Se unirán a ellos los otros monjes que alcanzaron la palma del martirio, pero cuyos despojos se perdieron por la crueldad de los enemigos. Están, no obstante, junto a sus compañeros. Son: Roberto, Ramón, León, Luis, Odilón, Sebastián, Veremundo, Francisco, Narciso, Hildebrando, José, Ildefonso. La majestad del Señor llena este lugar, en el cual está presente el calor de una sangre derramada en prenda de amor. En donde también una vida no extinguida con la efusión de la sangre, actuando por la fe, difunde suavemente el buen olor de Cristo. Nuestro Señor habita en este lugar. El padre y los hijos nos esperan como compañeros para que nos sentemos con ellos, reinando el Señor Jesús y su Iglesia. ¡Venid, Señor Jesús!
 
Días después, el 3 de septiembre de 1951, quedaba consagrado el altar de la Cripta dedicada a los monjes mártires de Montserrat. En ella se pueden venerar los restos de:
 
 
JOSEP MARIA FONTSERÉ MASDEÚ
CIPRIANO GONZÁLEZ MILLÁN (DOMINGO)
AGUSTÍ BUSQUETS CREIXELL (AMBROSI MARIA)
ÀNGEL MARIA RODAMILANS CANALS
JOSÉ ERAUSQUIN ARAMBURU (EUGENIO MARÍA)
 
JOSEP ALBAREDA RAMONEDA (FULGENCI)
PERE VALLMITJANA ABARCA
JOAN ROCA BOSCH
CÀNDID FELIU SOLER (PLACID MARIA)
JAUME VENDRELL OLIVELLA (BERNAT)
IGNASI GUILÀ XIMENES (EMILIÀ MARIA)

Bajo estas líneas, dibujo a la pluma, de Adolfo del Rey de la Maz, que obtuvo una mención honorífica en el Concurso Montserratino "Regina Martyrum" del año 1951.