¿Se han dado cuenta del creciente número de adolescentes que sortean el tedio de la eucaristía dominical con un smartphone en la mano?

Para mi es una gran paradoja de la comunicación, pues mientras el sufrido sacerdote se afana por hacerse entender en un idioma que los jóvenes no comprenden, ellos no cesan de comunicarse mediante un lenguaje que sí les es familiar.

Incomunicación vs. comunicación…y la pregunta que surge es, ¿se trata de una cuestión de medios o de contenidos? Porque el contenido sabemos que está bien, pero el hecho es que no llega a los receptores, y eso es la preocupación de cualquier comunicador.

Si viajamos un poco podemos ver casos como los que la revista Time describía en un artículo de  2009 en el que comentaba la noticia de una iglesia protestante que había celebrado una docena de “Domingos Twitter” en los que la congregación podría interactuar con el sermón.

En aquel “lejano” 2009 (ha llovido mucho desde entonces) no eran los únicos; Iglesias como la famosa Mars Hill de Rob Bell, o la emblematica Trinity Church junto a Wall Street hace ya tiempo que adoptaron técnicas de comunicación contemporáneas y se abrieron al uso de las redes sociales.

Hoy en día es frecuente encontrar sermones retransmitidos online, con notas para el oyente, y la posibilidad de interactuar mediante alguna red social.

Estoy convencido de que en nuestra Iglesia no estamos preparados para algo así, pero si uno se para a pensarlo, no debiera haber problema alguno en retransmitir charlas, reuniones e incluso sermones por algún medio electrónico.

Al fin y al cabo es lo que hacen los medios de comunicación todo el tiempo. Por ejemplo, cualquier aficionado al fútbol o a la Fórmula 1, además de ver el evento por la televisión, puede seguirlo y hacer comentarios en tiempo real por Facebook y después del partido, puede acudir a Twitter a ver qué tiene que decir el protagonista de la jornada.

Al final la revolución estriba en la
bidireccionalidad por oposición a la unidireccionalidad en la comunicación.


Hoy en día no se estilan las charlas magistrales ni los grandes discursos. Como se dice en Twitter, la vida transcurre en 140 caracteres, los que permite cada Twitt o comentario que uno puede colgar en la red.

Quizás debiéramos sacar conclusiones de todo esto, aunque no podamos utilizarlo 100% en determinados ámbitos como el litúrgico,  lo que no excluye que se pueda aplicar en otros como la catequesis, la predicación del primer anuncio, o la simple comunicación en la Iglesia.

La primera de todas es que aquello que no se pueda decir en 140 caracteres no se va  a entender. Esto es todo un desafío a nuestra capacidad de elaborar largos discursos. Cualquiera que trabaje con jóvenes ya se ha dado cuenta de esto.

La segunda es que la atención de los jóvenes hay que ganársela. Un orador experto lo sabe y comienza un discurso con una referencia al  público, un chiste o una anécdota personal. La labor primera antes de llegar al discurso es establecer la comunicación con la audiencia. La genialidad de las redes sociales es que la comunicación sólo está a un click de distancia, Facebook, Twitter, Twenty ya la han establecido por nosotros.

La tercera es que la juventud atiende, aunque nos creamos que no, pero lo hace en las coordenadas que le son culturalmente familiares, no en las nuestras. Un ejemplo es el caso citado de la pasión de Jesucristo.

Un primer fenómeno curioso es que la película de Mel Gibson ha sido vista por millones de personas. Hace tiempo ilustraba un post con una caricatura de una iglesia vacía al lado de un cine con una enorme cola. En ambos casos la “función” que echaban era la pasión de Cristo.

En una vuelta de tuerca cultural, el Evangelio ha sido convertido a estilo Twitter y pueden ver el resultado en este video de Youtube. Es alucinante lo que puede llegar a enganchar y comunicar un video.

Si comparamos esto con la lectura del Evangelio de la Pasión que por ejemplo se podría hacer en un aula de catequesis, o la misma lectura de la Biblia que se ha hecho en Barcelona por gente famosa y reconocida con motivo de la Misión Metrópolis, vemos que el contenido es el mismo, pero por alguna razón una cosa llega más que la otra.

Seguro que muchos estarán pensando, pues a mi me encanta la belleza del evangelio tal cual se ha leído siempre en la Iglesia. Pero el problema no son ellos, el problema son los jóvenes que tienen que oírlo y asimilarlo. Y mientras no entendamos esto, seguiremos haciendo una iglesia muy acertada y correcta, pero absolutamente incomprendida.

Si de Evangelización se trata habrá que hablar los lenguajes de los receptores de la misma. Es lo mismo que hicieron los misioneros católicos en medio mundo, cuando se dedicaron a aprender las lenguas vernáculas para predicar el evangelio.

Aquellos misioneros dieron alfabetos a esos idiomas, escribieron diccionarios, y tradujeron los Evangelios.

No se inventaron nada, simplemente tradujeron.

Lo mismo que hizo San Jerónimo con la Vulgata cuando tradujo del hebreo, arameo y griego a la lengua número uno de comunicación del momento, el latín.

En el fondo nada nos diferencia de aquellos cristianos que nos precedieron y quisieron comunicar el Evangelio de Jesucristo a todas las naciones.

Confieso eso si, tras llenarme la boca de este discurso de ser culturalmente relevante, que apenas me acabo de hacer una cuenta de Twitter hace tres semanas: @BarreraTote

Hasta ahora me resistía pensando que al fin y al cabo entre Facebook, el email y el blog tenía más que suficientes cosas que atender, pero la fuerza de los hechos se ha impuesto por lo que tímidamente comienzo a poner algún que otro Twitt.

Este desfase (no tener Twitter) lo experimenta  alguien de 36 años que a los 7 años recibió de regalo su primer ordenador personal, y que por lo tanto no le es tan extraño esto del mundo de la tecnología, por más que haya sido educado en otro modelo, más parecido al de nuestros padres y abuelos en muchas cosas. No quiero ni pensar en el desfase que tiene gente más mayor en la Iglesia.

Menos mal que el papa Benedicto XVI es consciente de esto, y hace nada retransmitió su primer mensaje de Twitter por Ipad (¿o era una tableta Android, dicen algunos?)

Si el Papa, a sus 87 años, puede actualizarse, aunque sea con un gesto así, ¿no debemos hacerlo también el resto de los cristianos?

Seguro que nos iría mucho mejor y nos comprenderían mucho más….

PD Estamos viendo el video que hemos citado conmovidos con un mensaje que llevamos oyendo 18 años, y que tiene 2000..¿quien dijo que los medios de hoy no tienen fuerza para comunicar? La tienen y mucho más que los medios de antes...