Año del Señor 2018
2 de julio 
 
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                              
 
TRABAJO MOJADO
 
Durante esta semana estamos de limpieza general en el Noviciado. Altillos, cortinas, estanterías, cristales... estamos aprovechando para limpiar bien a fondo cada rincón. 
 
Ayer tocaba limpiar cristales. Y, como nos hemos repartido las salas, a mí me tocaban los cristales del Oratorio y de la sala grande de arriba. 
 
Quité los cristales, busqué los trapos y encontré un producto para añadir al final que me convenció para que quedaran impolutos. Así que me puse a ello. 
 
La verdad es que acabé agotada, tenía que dar cuatro pasadas por cada lado del cristal: una limpiando, otra secando, otra extendiendo el producto, y otra quitando el producto... 
 
No me cundió mucho, me llevó un par de horas hacer tan solo 8 cristales, mientras que Lety, que estaba en la galería (que es un pasillo con unas 20 ventanas), se hizo 16 en el mismo tiempo, teniendo que subirse a escaleras para hacer la parte de arriba, limpiando también la persiana... ¡y además le habían quedado genial! 
 
Ciertamente, la diferencia era considerable, pero creía que podía quedarme satisfecha de mi trabajo pensando que los había querido dejar “perfectos”. 
 
Sin embargo, el Señor, que no cesa de enseñarnos en el camino de la vida, me mostró con gran sentido del humor que Él se ríe de mis perfecciones. Al caer la tarde, un nubarrón inmenso se puso por encima del pueblo... y comenzó a llover. Estuvo lloviendo toda la noche. 
 
Cuando me di cuenta, pensé: “Oh, no, los cristales”. Me entró la risa, y se lo compartí a las demás, porque solo había caído agua sobre los que había limpiado yo, mientras que en la galería, como Lety había limpiado las persianas, se habían quedado bajadas, por lo que los cristales seguían completamente limpios. 
 
¡Qué sentido del humor tiene el Señor! Y me valió profundamente para darme cuenta de que, al final, de cada cosa que hagamos, lo único que queda después es el amor que hayamos puesto en ello, y lo que hayamos disfrutado haciéndolo. Cristo se ríe de nuestros perfeccionismos, porque Él no busca eso, sino que vivamos desde el amor. 
 
Y es que, encima, el querer hacerlo todo perfecto es un engaño, porque nunca será suficiente; esa idea de perfección dentro de nosotros se vuelve cada vez más y más exigente, y es lo que en definitiva nos impide disfrutar de cada cosa que hagamos. 
 
Hoy el reto del amor es reírte de tus perfeccionismos y disfrutar con lo que hagas. Hoy da tu mano a Cristo y deja que Él te muestre una nueva forma de llevar a cabo esas tareas en las que hasta ahora te desvives persiguiendo algo “perfecto”. ¡Cristo quiere que seas feliz!
 
VIVE DE CRISTO
 
 
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¡Feliz día!
 
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