Alégrate hija de Sión, grita de gozo Israel;
regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén.
El Señor ha revocado tu sentencia,
ha expulsado a tu enemigo.
El rey de Israel, el Señor,
está en medio de ti.
(Sof 3,14-15)

«Hermanos: Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos.»

Queridos hermanos:

Estamos en el tercer domingo de Adviento ¿Qué nos dice el Señor? La primera Palabra es tomada del profeta Sofonías y nos invita a regocijarnos y gritar de júbilo porque el Señor ha cancelado la condena de nuestros pecados, a expulsado a nuestros enemigos. El enemigo más grande que existe en el corazón del hombre es el demonio que nos engaña para que no amemos. El Señor será Rey de Israel, será nuestro Rey, por eso nos invita a no temer, el Señor tu Dios está luchando como un guerrero para salvarnos, y nos ama y se alegra con júbilo creando un día de fiesta, esté es el día de fiesta, es el día del Señor. El Señor quiere que vivamos la vida como una fiesta, con una alegría perpetua, y para eso nos hace falta el Señor. Dios ha enviado a Jesús para eso.

Por eso respondemos juntos con el profeta Isaías: Gritad jubilosos, que grande es medio de ti, el Santo de Israel. Él es mi Dios y Salvador, confiaré y no temeré, porque mí fuerza y mi poder, es el Señor. ¡Qué grande es en medio de ti!  porque ha roto y destruido al enemigo que teníamos en el corazón, que es el no poder amar.

La segunda Palabra es de la carta de san Pablo a los Filipenses y dice: “estad siempre alegres”; lo repite dos veces porque Señor está cerca. ¿Dónde está el Señor? cuando se te anuncia que Jesucristo está dentro de ti. Lo que hacen los profetas es abrirte el oído para introducir la Palabra, quitan el polvo para que aparezca Jesucristo. Dios sobrepasa todo juicio y custodia nuestros corazones, por eso hermanos con esta pandemia estamos aprendiendo a no juzgar. Él es quien nos custodia, como San José, para no perder la fe.

Por eso cantamos en el Aleluya “el Espíritu del Señor está sobre mí, me ha enviado para anunciar una buena noticia a los pobres”. Este pobre somos tú y yo; y el Señor quiere vivir en nuestro corazón como una Buena Noticia.

El Evangelio de San Lucas dice: “En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «Entonces, ¿qué debemos hacer?» Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo» … Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer nosotros?» Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga» …” El pueblo estaba en expectación, porque estaba esperando que llegara Jesús. Y Juan les dice: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. Y ¿qué es el Espíritu Santo? es la gracia para poder amar. Así exhortaba a todo el pueblo y les anunciada la Buena Noticia, porque el enemigo que tenemos dentro nos dice que no podemos amar y nos pone delante nuestros pecados, por eso, como nos ha dicho la palabra, ha cancelado toda condena, Él es el Señor, es el rey. Ánimo hermanos, que el Señor que viene en forma pobre, quiere vivir en tu corazón y viene como un niño, sin violencia, cargado de misericordia, trayendo la Buena Noticia para los que no podemos amar. Esta Buena Noticia nos da la alegría de poder amar al otro como es, sin juzgarle; y esto te lo ofrece gratis el Señor.

+ Que la bendición de Dios esté en vuestro corazón y en vuestra familia.

Mons. José Luis del Palacio

Obispo E. del Palacio