Dimensión sacrificial y comunión en la Iglesia: sobre estos dos ejes giró la homilía de José Ignacio Munilla del pasado domingo, primera ocasión en la que el obispo acudía a una misa celebrada por rito tradicional, también conocida como tridentina o Vetus Ordo.

Celebrada en la Basílica de Santa María y presidida por el sacerdote Ramón Belda, la misa tuvo lugar un año después de que el obispo arropase a esta comunidad de fieles acogiendo de forma mensual la celebración por el rito extraordinario. Una decisión que se enmarca en el contexto de Traditionis Custodes, documento vaticano a partir del cual la posibilidad de celebrar mediante este rito quedaba restringida y supeditada a la decisión de cada obispo.

La homilía, dedicada a compartir sus consideraciones en torno a la misa tradicional, comenzó con unas palabras de agradecimiento especial al celebrante Ramón Belda porque, dijo, "no es fácil que un sacerdote esté debidamente preparado" para ello, en referencia a aspectos como el conocimiento del latín, presente en toda la celebración.

También agradeció la "acogida" del párroco de Santa María, Manuel Martínez Miravete, así como el "espíritu de comunión eclesial" mostrado por los fieles de este rito durante el año de integración de la misa tradicional en la diócesis.

"Subrayar la continuidad y la dimensión sacrificial"

Munilla comenzó refiriéndose a las aportaciones de la misa tradicional, así como a Benedicto XVI y su motu proprio Summorum pontificum, publicado en 2007 para remarcar la licitud y condiciones de este rito.

Tratando de responder a las motivaciones que llevaron a Benedicto XVI a su publicación, consideró en primer lugar la intención del pontífice de "subrayar la continuidad", en contraposición a la "interpretación equivocada" en "clave de ruptura" del Concilio Vaticano II con la tradición de la Iglesia.  

"Subrayar la dimensión sacrificial de la Santa Misa" fue, a juicio del obispo, otra de las intenciones de Benedicto frente a una forma de celebrar que "quizá no se cuidó especialmente tras el Concilio Vaticano II", primando la "dimensión convivencial" en detrimento de la "clave y central que es la del ofrecimiento del sacrificio de Cristo".

"La esencia de la Santa Misa es que cada vez que celebramos la Eucaristía vuelve de nuevo a renovarse, aunque de forma incruenta, el sacrificio de Cristo. Y hay que reconocer que, en determinadas facultades de Teología en el posconcilio, esa dimensión sacrificial fue olvidada, cuando no negada explícitamente", explicó.

A los fieles del rito tradicional: un "riesgo" y un "llamado"

Tras remarcar el "empobrecimiento de la celebración" que conlleva "reducirla a un mero encuentro convivencial", Munilla valoró posibles "riesgos" de celebrar el rito tradicional al margen "de la mente de la Iglesia" y explicó por qué considera "prudente" introducirla de forma mensual, como se viene haciendo.

Dado que "la celebración litúrgica es fuente y expresión de la comunión de la Iglesia", considera que celebrar este rito cada domingo "no facilitaría la integración de las comunidades parroquiales", lo que según el obispo, es "la gran aportación" que los fieles que acuden al rito tradicional "están llamados" a poner en práctica.

Por este motivo, considera óptimo "celebrarla no todos los domingos, sino intercalándola", siendo su intención preservar de "errores" como "pensar que un rito tuviese más valor que otro". "Obviamente en todos los ritos acontece el misterio de la salvación de Jesucristo", subrayó.

"Faro para ayudar a entender y celebrar el rito ordinario"

Por ello, invitó a contemplar el rito tradicional "no tanto como una alternativa" al ordinario, sino como "una ayuda, un faro para ayudarnos a entender bien y celebrar" este último.

No obstante, se dirigió a quienes han solicitado "celebrarla con mayor asiduidad", respondiendo que se trata de algo que "podemos considerar".

En este sentido, destacó que el rito tradicional "no tiene que ser beneficioso solo para esta celebración, sino para el conjunto de la liturgia celebrada en toda la diócesis".

"Esta es la gran aportación. Que exista esta celebración no es cuestión de sensibilidades, nos debe ayudar a todos. Tenéis una vocación recibida para que esta liturgia sirva de faro para subrayar la recepción del Concilio en clave de continuidad y que la liturgia tiene en su centro la dimensión sacrificial", puntualizó.

En este sentido, el obispo felicitó a los presentes por "el buen espíritu" de "caminar en la comunión de la Iglesia" mostrado durante la celebración de la feria diocesana Lux Mundi entre los pasados 19 y 21 de enero. "Os felicito por haber participado y mostrado con transparencia y humildad ese don que Dios nos ha dado", agregó.

Concluyó animando a "poner el acento no en lo accidental", sino "en lo esencial", lo que "no quiere decir que despreciemos las formas, pero el acento debe estar puesto en la vivencia de que aquí estamos en el Calvario y somos testigos de la ofrenda de Cristo al Padre".