Hace ya algunos años aprendí de un excelente maestro esta frase:

 Ser cristiano no es sólo creer en Cristo… sino CREER A Cristo.

Si lo que dice Cristo en el Evangelio no te lo crees; ¿de qué eres creyente?

Lo digo porque yo sé de “uno” con cuernos y tridente (valga la infantil referencia al personaje) que cree, y mucho, en ÉL, pero que no está dispuesto a CREERLE. Y a mí, precisamente, creerle es lo que más me interesa.


Para que nos entendamos, les brindo unas frases escuchadas en boca de ¿despistados? “creyentes”:

I) Yo soy creyente pero… todas las religiones son iguales; lo que importa es vivirla sinceramente…

Dice Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (1)

II) Yo creo pero… eso de ser perfectos, santos… es una exageración.

Dice Cristo: "Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (2)

III) Yo  no tengo que ir hablando a nadie sobre lo que debe creer o dejar de creer, allá cada cual…

Y Cristo les dijo: "Id por todo el mundo y proclamad  la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará" (3)

IV) Yo… no creo que exista el infierno.

 

               Cristo dijo: “Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles” (4)

V) Yo creo en Dios… pero NO en la Iglesia, el Papa...

Él dijo “ Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia” (5)

¿Crees esto que te dice Cristo o prefieres tus opiniones?. Porque si es así, y por tanto lo que practicas es fruto de tu particular opinión, ya puedes imaginar el interés, valor y crédito de tu praxis.

Para concluir, si en el post anterior – ¡más caletre!– veíamos lo absurdo que es decir creer, para luego afirmar no practicar (caso del “creyente no practicante”), no menos absurdo es  dedicarte (como este “practicante no creyente”) a practicar algo que no está acreditado por Cristo.

En definitiva; creyente sin crédito, practicante sin práxis.
¿No les parece?

Porthos

(1).-  Juan  14, 5-6.
(2).-  Mateo  5,  48.
(3).-  Marcos  16, 15-16.
(4).-  Mateo 25, 41.           
(5).-  Mateo 16, 18.