Uno de nuestros lectores, en un comentario a un artículo anterior (ver aquí), decía que los hombres no caminan sobre las aguas porque no pueden, ya que, quieran o no, han de someterse a las leyes de la naturaleza. El problema es que lo decía respecto de Jesucristo al que, según él, le habría ocurrido como a todo el mundo: se habría hundido en el agua. Y, sin negar la posibilidad de la divinidad de Cristo (menos mal), exigía otras evidencias puesto que el que anduviera por las aguas y demás milagros, no le parece una evidencia, sino un bulo.

Lo que este lector parece que ignora es que si alguien quiere razonar acerca de los milagros no puede rechazar lo sobrenatural de forma dogmática –porque eso es lo que hacen– con argumentos tan “caseros” como que es imposible, que un hombre no puede hacer eso, que va contra las leyes de la naturaleza, o cosas similares. Rechazar por decreto lo sobrenatural es adulterar interesadamente la cuestión porque no estamos estudiando algo del mundo natural. Estamos estudiando ¡si Cristo es Dios! Y si Cristo es Dios ¿no habrá hecho, o puede que haya hecho, cosas sobrenaturales?

¿Puede el Dios creador de la naturaleza, romper sus propias leyes y caminar si lo desea por el agua? ¿Puede curar a un ciego, a un paralítico o, lo que es más grande todavía, resucitar de entre los muertos?

“Pero si era hombre ¡cómo va a ser Dios!”, dirán otros. Y yo respondo: ¿Acaso no puede Dios, si así lo desea, ser hombre y Dios a la vez?

Por tanto, si hablamos sobre la Divinidad, no es honrado negar la posibilidad de los milagros “por ser algo que está fuera de la naturaleza”. Porque, precisamente, la prueba de que Cristo es Dios es que hizo cosas sobrenaturales, o sea, milagros. 

Un último apunte para los lectores católicos: antes de que salga alguno diciendo alguna tontería, recordaré lo que dice nuestra Santa Madre Iglesia al respecto: la Iglesia, sin ningún lugar a dudas, mantiene que Jesús hizo milagros, muchos milagros; es decir, los ciegos vieron, los cojos anduvieron, los leprosos se curaron… y, sobre todo, Cristó resucito. Y, además, anduvo sobre las aguas.

Aramis

PD: un problema de negar los milagros de antemano es que lleva a muchos a obsurdos lamentables. Es típico el caso de los que afirman sin miramientos que Cristo en relalidad estaba de pie encima de una madera y a los apóstoles, pescadores que eran, les pareció que andaba sobre el agua. ¿Alguno ha probado a mantenerse de pie en una madera en medio del mar?