Que este mundo es para sufrir es una mentalidad fácil de encontrar. Y si no, veamos un ejemplo: unos jóvenes (conocidos míos) participaban en un programa vespertino de una emisora católica de radio. Como colofón a los asuntos que estaban tratando acabaron con la frase “pero ya sabemos que este Mundo es para sufrir”.

Y es que, efectivamente, hay una espiritualidad, mal entendida, según la cual este mundo es para sufrir y que la recompensa la tendremos en el Cielo. Y, bueno, vale, la recompensa la tendremos en el Cielo, pero… ¿y aquí y ahora, qué? ¿Es este mundo realmente para sufrir? ¿Es eso lo que quiere Dios? La respuesta es no. Seremos felices Allí… pero Dios quiere que también lo seamos aquí.

Veamos tres pruebas de que es así:

1ª.- El Evangelio: Jesús dijo: Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna (Mc 10, 29-30).

Ya lo ven, la recompensa no sólo será amor, sino casas, dinero...


2ª.- El Antiguo Testamento: Dios promete toda clase de bienes a los que sigan sus mandatos. Los ejemplos bíblicos son numerosísimos: Génesis 13, 1417; Salmo 112 (1-4), etc. Miren lo que dice el Deuteronomio:

 

“El Señor enviará su bendición sobre tus graneros y sobre todo lo que hagas... Además, todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te alcanzarán por haber obedecido al Señor tu Dios (...)  Serán benditos tus hijos y tus cosechas, y las crías de tus vacas, de tus ovejas y de todos tus animales (…) Te mostrará su bondad dándote muchos hijos, muchas crías de tus ganados y abundantes cosechas…”. (De 28, 211) 

Como ven, la recompensa prometida incluye muchos bienes aquí, en la tierra. Digo yo que será para disfrutarlos, ¿no?

3ª.- El sentido común: ¿para qué va a haber hecho Dios tantas cosas bellas y apetecibles, con tanta variedad y abundancia, sino para disfrutarlas? Dios quiere que disfrutemos de todo (salvo lo que sea pecado).

No faltará quien al leer todo esto piense: “Este está diciendo la vieja idea de que a mayor virtud mayor prosperidad, y esa idea no es católica”. Naturalmente que no es así. Dios quiere que seamos felices, aquí, en la tierra, y que trabajemos por ello. Pero no nos da garantías de que siempre será así. Debemos disfrutar y buscar la felicidad, pero con tres condiciones:

1ª. Siempre hemos de buscar ante todo la gloria de Dios.
2ª. Tener en cuenta que Dios quiere que disfrutemos, pero no sólo nosotros, sino todos los hombres.

3ª. No desesperarnos, ni siquiera desalentarnos, si los bienes no nos llegan.

Con condiciones (y sin garantías), pero la tesis es cierta: Dios quiere que también seamos felices aquí, en la tierra. Y buscar esa felicidad, y disfrutar de lo que nos ofrece, también es cumplir la voluntad de Dios.

Así que, amigos lectores, no tenemos excusas, si amamos de verdad a Dios, para no intentarlo.

Athos