Lunes, 22 de abril de 2019

Religión en Libertad

Un benedictino lo propone en un libro reciente... y no es muy difícil

¿Y si aplicáramos la Regla de San Benito a nuestra vida familiar? Habría que cambiar estas 6 cosas

Comer en familia es una de las reglas benedictinas básicas, que los sociólogos confirman que es muy beneficiosa
Comer en familia es una de las reglas benedictinas básicas, que los sociólogos confirman que es muy beneficiosa

P.J.G./ReL

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La Regla de San Benito (www.sbenito.org/regla/rb.htm) es la normativa que el santo patrono de Europa estableció para vivir en sus comunidades monásticas, unas comunidades que debían preservar la civilización, la cultura y en general la paz y el amor, en un contexto de violencia, corrupción y saqueo, con el Imperio Romano hundido y los ostrogodos y otros bárbaros aposentándose entre las ruinas.

Sus 73 capítulos durante quince siglos han guiado la vida de decenas de miles de hombres y mujeres en cientos de comunidades de todo el mundo. Podríamos considerarla una "fórmula probada" para vivir como cristianos en comunidad. 

¿Y si se intentara aplicar a la vida familiar en el siglo XXI? También las familias cristianas del siglo XXI intentan ser como los monasterios del siglo V, islas de paz, amor y respeto a Dios, rodeadas de un ambiente hostil, bárbaro e impío, que vive de crear ruinas y saquearlas. 

Esta es la tesis de un libro de 2014 del sacerdote benedictino Massimo Lapponi publicado en Italia y titulado "San Benito y la vida familiar" (Libreria Editrice Fiorentina, versión en español en eBook y WordPress aquí). 



Él señala que la Regla Benedictina aplicada a la vida familiar produciría cambios en estos 6 ámbitos: 

1) Cambios en el trabajo
Como en un monasterio (con su "ora et labora"), todos ayudarían en las labores domésticas, se aceptaría e inculcaría el sacrificio de uno mismo en el servicio a los demás. Además, quedaría claro que la vida laboral no se debería privilegiar sobre la vida familiar.

2) Cambios en el descanso
Las películas y los juegos se compartirían juntos, no en solitario. Habría ratos de recreo y juego en común tras la cena familiar, parando el ritmo para encontrarnos y descansar. «El reposo es un tiempo de comunión con Dios y con las almas y de alegría por esta comunión», escribe el autor.

3) Cambios en las comidas
Se rezaría antes de las comidas. Y comerían juntos los miembros de la familia, no a horas distintas en habitaciones distintas. Sería un momento de conversación, de compartir ideas, experiencias, tiempo. Estar juntos para comer ayuda a las familias, y no solo no porque lo digan los benedictinos, sino que también lo han demostrado numerosos estudios sociológicos. Pero para eso la televisión debe estar apagada.

4) Cambios en hábitos de consumo
Una familia "al estilo benedictino" evitará el lujo y la superficialidad. No llenará las habitaciones de los niños de cosas y juguetes. Se establecerá una gran sobriedad en el uso de elementos electrónicos, tanto entre padres como entre niños (horarios de pantallas apagadas, limitar uso de pantallas, etc...). Se buscará que el uso de los objetos electrónicos sea comunitario: mejor ver juntos una película que ir cada uno a jugar un juego distinto en su dispositivo particular. En cualquier caso, reduciendo al mínimo las pantallas, se fomentaría la lectura y la conversación

5) Cambios en la vida de oración
Habrá un lugar para rezar y un tiempo para rezar, a ser posible con un pequeño altar familiar para la oración en común. Se bloqueará la "invasión mundana" creando un clima en el que padres e hijos puedan encontrarse con Dios cada día.

6) Cambios en la caridad y solidaridad 
La familia buscará evitar el centrarse o cerrarse en sí misma: será acogedora, buscará aliviar en lo posible los sufrimientos ajenos, pondrá a  los hijos en contacto con los más desfavorecidos.



Así Massimo Lapponi anima a poner en marcha estas medidas: "las familias de hoy están llamadas a ser islas luminosas de fe, educación y cultura en medio del barrio, del colegio, en el supermercado, en el parque, con los amigos… Se trata de construir el futuro como hicieron los hijos de san Benito, buscando a Dios". 

El autor presenta el libro con una cita de san Cipriano: «No hablamos de cosas grandes; las vivimos». 
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