Miércoles, 24 de julio de 2024

Religión en Libertad

Según ellas, la adicción es «algo muy pequeño comparado a la gloria» de lo que Dios hizo en su vida

El porno, cada vez más común en mujeres: hablan tres víctimas que lo superaron gracias a la fe

Mujer sentada.
Los especialistas siguen advirtiendo de la "locura" que supone regalar móviles a los niños: "Nunca deberían dejar a sus hijos solos con Internet".

José María Carrera

No son pocos especialistas los que en los últimos tiempos han catalogado la pornografía como una epidemia sanitaria mundial. Cada vez se consume más cantidad, desde edades más tempranas y con contenidos más agresivos. El acceso o la mera existencia de la pornografía no es ninguna novedad, pero las costumbres de su consumo sí que ofrecen datos cada vez más cambiantes. Una de ellas, que las mujeres empiezan a suponer un porcentaje importante de sus consumidores

Hay quienes consideran que esta afirmación, cada vez más difundida en medios de comunicación, se debe más a un intento de normalizar su uso que a la propia realidad. Otros, que el motivo es sencillamente la facilidad de acceso y el carácter global de esta "pandemia" con efectos probadamente devastadores. 

Lo cierto es que, al menos desde el análisis católico, la lujuria, directamente relacionada al consumo de pornografía, es más acentuada en el hombre que en la mujer, algo sobradamente probado por informes vaticanos o destacados teólogos, como Horacio Bojorge o el teólogo de la Casa Pontificia Wojceich Giertych.

Una adicción global que ya no distingue entre hombres y mujeres

Al margen de la teología, informes de las grandes compañías dedicadas a estos contenidos, sociólogos o psicólogos han coincidido hasta hace unos años en que el acceso de mujeres a la pornografía existe pero es significativamente menor que el de los hombres: mientras que en torno a una de cada cuatromujeres la consumen -según datos del profesor de neurociencia Ogi Ogas en Psychology Today o el portal PornHub en 2014- ocho de cada diez hombres de entre 18 y 30 reconocían hacerlo en las mismas fechas. 

A partir de estos datos, leer titulares en grandes medios como que "las mujeres ven más porno que los hombres en sus teléfonos móviles" o que "las mujeres que ven pornografía tienden a ser más felices" podría interpretarse como un intento de normalizar el acceso de las mujeres a estos contenidos. 

La facilidad de acceso contribuye a que esta "pandemia" sea global y afecte tanto a hombres como a mujeres, pero ellas tienen motivos que son incluso opuestos a los de los hombres

Peter Kleponis, psicólogo especializado en terapia familiar y pornografía y fundador de la organización de prevención Integrity Restored, no es ajeno a la evidencia de que cada vez más mujeres consumen pornografía. Según sus datos, casi uno de cada tres de los consumidores de pornografía son mujeres. Kleponis observa una relación directa entre el consumo de pornografía por parte de mujeres con niveles más altos de insatisfacción corporal o baja autoestima, una mayor autoobjetivación o una mayor aceptación de las creencias sexistas, incluida la violencia sexual. 

Según Kleponis, los medios también difieren: mientras que a los hombres les atrae sobre todo la pornografía visual (imágenes y vídeos), a las mujeres les atraen también los chat, los blogs, las historias eróticas, las novelas románticas y las redes sociales de contenido pornográfico. 

Peter Kleponis.

“Me estremezco cuando veo que los padres le dan un teléfono inteligente a su hijo de 10 años. [Los padres] nunca deberían dejar a sus hijos solos con Internet", advierte el especialista Kleponis. 

Podría alegarse que los informes o datos mostrados son simples cifras, alejadas de la realidad personal de las mujeres que lo consumen o expuestos por hombres. ¿Son realmente las mujeres que ven porno más felices? ¿Acceden a ella por los mismos motivos que los hombres? 

¿La pornografía hace más feliz a las mujeres? Hablan ellas 

A comienzos del mes, el portal Angelus News decidió dejar que hablasen ellas mismas al margen de las estadísitcas impersonales, ofreciendo datos objetivos y representativos de lo que pueden ser consumidoras normales de pornografía, además de jóvenes y cristianas.  

Una de ellas es Rachael Killackey, una esposa y madre primeriza de 25 años criada en un hogar católico con "un código moral fuerte y una hermosa vida de fe". Como exadicta al porno, no duda en destacar como uno de los principales motivos una serie de sucesos no deseados con hombres durante su infancia que le generaron "una perspectiva confusa" sobre la sexualidad.  

Ya en la adolescencia, Killackey fue una víctima más del "contenido relacionado" de una red social que le ofreció literatura erótica, quedando "enganchada al instante".  

Mirando hacia atrás, piensa que ver pornografía le dio una sensación de control sobre una parte de su vida que otros habían violado. 

Desde entonces, desarrolló una adicción que la acosó durante casi diez años, sintiéndose "engañada y confundida" mientras luchaba por tener una vida acorde a su fe. Según sus mismas declaraciones, se desprende su frustración por dar a entender que no solo los hombres consumen pornografía, pero que tampoco ella lo hacía por los mismos motivos. Y desde luego, no le hizo feliz.  

Rachael Killackey.

Rachael Killackey comenzó su adicción por motivos distintos a los masculinos, pero es el vivo ejemplo de que el porno no hace más feliz a las mujeres. 

Semejante caso es el de Annie Heyen, de 24 años, que padecía trastornos alimentarios diagnosticados durante su adolescencia. Entonces, reconoce que tenía una "hiperfijación" en su propio cuerpo, buscando "seguir el ritmo" de sus compañeras y "ser deseada", para lo que empezó a buscar en internet cómo lograrlo.  

"Mis amigos de la escuela católica hablábamos de pornografía como de Los Magos de Waverly Place", recuerda antes de afirmar que la adicción a la pornografía afecta también a las mujeres. Aquella búsqueda de ser deseada por sus compañeros le llevaría a enviar fotos inapropiadas a sus compañeros a través de redes como Instagram, SnapChat e incluso OnlyFans, llegando a estar "en lo más profundo" de la adicción. "Pasaba horas y horas al día. Era como estar vacía", recuerda. Tampoco ella fue más feliz mientras duró su consumo.   

El caso de Casey Allison derriba otro tópico también enfrentado por Kleponis, el de que el consumo de pornografía por uno de los cónyuges no solo no empeora, sino que puede resultar incluso beneficioso para el matrimonio.  

Pronto empezó a experimentar síntomas frecuentes en las mujeres de hombres adictos, como el insomnio, la sensación de traición, la ira, la evasión o el retraimiento.  

Dejarlo es posible: la virtud, la gracia y la ayuda son imprescindibles

Killackey, Heyen o Allison son solo tres de las casi 10.000 mujeres que ven pornografía online cada segundo, según Kleponis. Una tendencia al alza que llega al grado de la adicción o el consumo frecuente en el 16% de las mujeres de entre 31 y 49 año y en el 4% de las mujeres de los 50 a los 68% que admiten consumir pornografía al menos una vez al mes. Entre jóvenes de 18 a 30 años, el porcentaje aumenta al 76%.

Actualmente las tres han sanado sus heridas y su adicción gracias a la fe, la familia y programas de ayuda cristianos.

En el caso de Allison, actualmente colabora en la Asociación de Especialistas en Trauma de Adicción al Sexo, brindando asesoramiento especializado a sus clientes y dirige algunos grupos de apoyo católicos. Por su experiencia familiar y conyugal, dirige un consejo a las mujeres que descubren la adicción de sus maridos: "Si tu casa se está incendiando, no debes ponerte a lavar la ropa. Es algo serio, es necesaria ayuda y los hijos se lo merecen".

Heyen atribuye su recuperación directamente a la gracia de Dios y su conversión. "Una vez que me di cuenta de que Jesús hizo todo por mí, supe que yo tenía que hacer lo mismo por Él", admitió. Después de su conversión y de superar su adicción, decidió convertir sus heridas en un propósito, acompañar a mujeres jóvenes que intentan liberarse de la pornografía, convencida de que "Dios puede sanar incluso a las personas más rotas".  

Annie Heyen.

Annie Heyen sufrió esta adicción, y la superó gracias a la fe.

Por su parte,  Killackey afirma que el matrimonio y la maternidad la han ayudado a liberarse de la culpa y la vergüenza, y a día de hoy contempla su antigua adicción como algo muy pequeño "comparado a la gloria de lo que Dios ha hecho" en ella. En respuesta, ha fundado el Ministerio Magdala, un programa católico de ayuda a mujeres adictas que ya ha llegado a más de 1000 en 25 países de todo el mundo.

Coinciden por último en el papel crucial de los sacramentos y los sacerdotes, especialmente de la confesión.

"He visto reacciones variadas por parte de los sacerdotes. Un sacerdote me preguntó si estaba maldita, `porque las mujeres de mi edad no se meten en esas cosas´, pero también tuve sacerdotes que me hablaron al corazón y me dijeron cómo soy de como hija de Dios", concluyen Killackey y Heyen.

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