Religión en Libertad

León XIV en el Lluís Companys: un lugar lógico... pero su nombre homenajea a quien permitió mártires

Será uno de los momentos clave de la visita pontificia a Barcelona, porque congregará a decenas de miles de catalanes.

Un momento histórico en el estadio donde estará León XIV el 9 de junio: la inauguración de los Juegos Olímpicos en 1992.Efe

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C.L.

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Siete días (del 6 al 12 de junio) durará el recorrido de León XIV por los cuatro puntos de España que componen su visita: Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife. Y en la capital catalana tendrá lugar uno de los actos masivos, pues el martes 9 presidirá una vigilia de oración en el estadio olímpico Lluís Companys.

Un estadio con denominación cambiante

Será uno de los momentos masivos de la visita del Papa, con una capacidad que supera las 50.000 personas para un acto que tendrá asimismo repercusión fuera del recinto.

El centro fue inaugurado en 1929 por el Rey Alfonso XIII como centro de la Exposición Internacional celebrada ese año en la Ciudad Condal, y llevó siempre el nombre de la montaña a cuyos pies está: Montjuich o Montjuïc. Con motivo de las Olimpiadas celebradas en Barcelona en 1992 fue totalmente reformado y añadió a su designación el calificativo de "olímpico".

Pero en 2001 el Ayuntamiento de Barcelona -pues se trata de propiedad municipal- optó por cambiarle el nombre de Montjuïc por el de Lluís Companys

Lluís Companys, presidente de la Generalitat de Cataluña durante la intensa persecución religiosa en dicha zona durante la Guerra Civil.

La iniciativa fue del sindicato comunista Comisiones Obreras y la propuesta contó con el apoyo de los grupos municipales socialista (PSC), convergente (CiU), la izquierda nacionalista de ERC e Iniciativa per Catalunya y la única oposición del PP, que propuso como alternativa el nombre de Juan Antonio Samaranch, quien ese año acababa de abandonar, tras veintiún años de ejercicio, el cargo de presidente del Comité Olímpico Internacional.

La persecución anticatólica bajo Lluís Companys

Que un acto pontificio vaya a tener lugar en un estadio que lleva el nombre de Lluís Companys no deja de ser un llamativo contraste histórico. Contraste que no reside en el lugar -pues dicho estadio es absolutamente característico de Barcelona e histórico en ella y entorno razonable para un acto de esta entidad en la urbe- sino por su denominación, no solo de gran carga ideológica, sino de clara significación antirreligiosa.

Lluís Companys (1882-1940) fue un hombre de izquierdas e ideología nacionalista que fue designado presidente de la Generalitat de Cataluña en 1933 y participó en 1934 en el golpe de Estado contra la Segunda República, por lo que fue detenido y condenado a pena de cárcel. 

Lluís Companys proclamando en 1934 el 'Estat Catalá' contra la legalidad de la Segunda República.

Fue amnistiado en 1936 por el nuevo gobierno del Frente Popular. Continuó como presidente de la Generalitat hasta el final de la guerra, huyó a Francia, fue allí detenido por los alemanes y entregado al gobierno español, y tras un juicio sumarísimo fue fusilado bajo la acusación de haber permitido él mismo el fusilamiento de decenas de militares en Cataluña después del 18 de julio de 1936.

Pero, independientemente del controvertido debate político, histórico y moral en torno a la figura de Companys, sus actuaciones y su final, lo que destaca cuando bajo su nombre se celebra un acto pontificio es lo que vivió la Iglesia bajo su mandato en Cataluña. Ahí existen pocas dudas.

Mártires en Cataluña

Por no retrasarnos mucho en el tiempo, el pasado 27 de abril la Santa Sede reconoció el martirio de un sacerdote diocesano y de 49 religiosos del Instituto de los Hermanos de la Instrucción Cristiana, que perdieron la vida entre julio y noviembre de 1936 en Cataluña cuando ejercía el poder Lluís Companys.

Pero no es un caso aislado. Hay que tener en cuenta que la Generalitat ejerció el poder en la comunidad catalana durante prácticamente toda la Guerra Civil, pues la ofensiva de las tropas del bando nacional comenzó en diciembre de 1938 y Barcelona fue conquistada a finales de enero de 1939.

En ese periodo de más de dos años y medio, se contabilizan los siguientes asesinados, solamente entre obispos y clero, cuando el gran responsable de su seguridad y del poder en Cataluña era Lluís Companys, quien ejerció el poder de represión cuidadosamente, aunque se le ha atribuido un intento de evitar algunas matanzas de religiosos:

  • 3 obispos asesinados;
  • 270 sacerdotes de la diócesis de Lérida (65% del total);
  • 316 sacerdotes de la diócesis de Tortosa (62% del total);
  • 136 sacerdotes de la diócesis de Tarragona (32% del total);
  • 177 sacerdotes de la diócesis de Vich (27% del total);
  • 279 sacerdotes de la diócesis de Barcelona (22% del total);
  • 194 sacerdotes de la diócesis de Gerona (20% del total);
  • 109 sacerdotes de la diócesis de Urgell (20% del total);
  • 60 sacerdotes de la diócesis de Solsona (13% del total).

Prácticamente todos los obispos, sacerdotes y religiosos que no figuran como asesinados fueron encarcelados o lo evitaron escondiéndose o huyendo de Cataluña. Aunque aquí se contabilizan, además de los tres obispos, 1.541 sacerdotes asesinados, hay que añadir en torno a un millar de religiosos y miles de seglares muertos con la fe como razón principal.

Percibida desde los inicios como "única en el mundo"

Así describió la situación, y solo el 4 de agosto de 1936 (es decir, cuando la persecución martirial solo acababa de empezar), el profesor Antonio Rubió Lluch, catedrático de Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, en una carta al cardenal Giovanni Mercati:

  • “Se hallaba Barcelona en aquel día en plena revolución e iban ardiendo uno a uno todos los templos de la ciudad. El culto católico, de hecho, ha sido abolido pues no queda una sola iglesia para celebrar los oficios divinos. Tengo en mi casa una hermana mía religiosa del Buen Pastor y no tengo noticia alguna de una hija mía superiora de las Religiosas Reparadoras en Sevilla. Mi casa ha sido sujeta ya a dos distintos registros y de milagro ha salvado su vida el único hijo que vive conmigo. En los 70 años de mi experiencia política no he presenciado crisis tan horrenda como la que estamos pasando y que desde el punto de vista religioso es única en el mundo por su crueldad, extensión e intolerancia”.

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